Con el paso de los días he llegado a la conclusión de la incompatibilidad de la libertad de expresión y el ejercicio de la política.

Si el Juez Serrano creyó en algún momento que podía opinar libremente, máxime en un tema capitalizado por el feminismo español de género como es el turbio asunto de “La Manada”, cabe decir que estaba equivocado, al menos por tres motivos: cualquier político está sujeto a un ideario de partido y debe decir sólo aquello que sea “políticamente correcto”, la libertad de opinión a día de hoy está acorralada frente al llamado “pensamiento único” y todo disidente o hereje a los dogmas feministas radicales será señalado y apartado de la sociedad, antes expuesto al escarnio público en los también subvencionados medios desinformativos.

Serrano acaudilla una corriente de pensamiento cuyo estandarte es la última bandera en reclamar una sociedad justa, en igualdad efectiva de derechos entre hombres y mujeres, y una jurisprudencia hecha para personas, no según el sexo de cada contribuyente.

Francisco Serrano es ave justa y libre que nunca ha caminado entre medias tintas, muchos menos ahora atado al yugo de un partido político minoritario que en gran medida necesitó del brillo que irradiaba su personalidad y que además se apropió de su ideario, un ideario de lucha al que él viene dedicando media vida. Partido político que bien no ha sabido o quizás no ha querido arropar a un líder natural, dejándolo solo, líder forjado al hierro candente del fanatismo feminista supremacista, fanatismo costeado por un Estado de Género a cambio de sus votos.

Los políticos, pues, a la política, y los hombres justos y libres a su verdad de cada día, esa que denuncia el maltrato a hombres, mujeres y niños frente a una coyuntura política responsable de un creciente descosido social.

Entre el Serrano sujeto a unas siglas políticas y envidiado por hombrecillos sin sustancia, temido por estas, esas y aquellas que con su inequívoco discurso ven peligrar su relajado modus vivendi, evidentemente me quedo con el Serrano libre, articulista, escritor, conferenciante y amigo de sus amigos.

Serrano sólo hay uno; políticos, demasiados.

José Riqueni Barrios