El Registro Central de Maltratadores está gestionado por el Ministerio de Justicia y consiste en una base de datos informatizada de ámbito nacional que contiene las penas y medidas de seguridad impuestas en sentencias por delito o faltas, medidas cautelares y órdenes de protección acordadas en procedimientos penales por violencia de género. Sirve para facilitar información a Juzgados Penales y de Género, Ministerio Fiscal, Policía Judicial, Comunidades Autónomas, Delegaciones y Subdelegaciones del Gobierno al objeto de tramitar las causas penales y civiles, adoptar, modificar, ejecutar y hacer seguimiento de medidas de protección y asistenciales. La consulta de la información puede hacerse con los datos del denunciado, de la víctima o del procedimiento.

Por su parte, se conoce como VIOGEN al Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género. En él se introducen todas las denuncias sobre violencia de género, para valorar el riesgo, y además se vuelca toda la información sobre el maltratador. Este potente sistema informático registra incluso las llamadas telefónicas de los distintos implicados en el seguimiento de cada caso concreto de violencia doméstica, ya sea desde una Comisaría de Policía, Juzgado, Servicios Sociales de un Ayuntamiento, organismos, institutos y entes del ramo, etc.

VIOGEN conecta bidireccionalmente la red de Juzgados de España con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de manera que cualquier maltratador, incluso antes de salir del juzgado, ya tiene en alerta a la policía nacional, guardia civil y policía local de su zona de residencia y limítrofes, dado que el sistema incluso se vuelcan los permisos penitenciarios. Cuando esto último ocurre, el sistema avisa al Jefe de la Policía Local quien a su vez avisa a la mujer afectada.

Con el Sistema VIOGEN, a golpe de clic, distintas instituciones tiene información de «grado 3» -información absolutamente confidencial de una persona- sobre cualquier maltratador y es que la realidad supera la ficción, de manera que “1984”, el magnífico libro de Orwell, va camino de quedarse muy corto con lo que aquí está ocurriendo: una Dictadura de Género.

Conviene hacer hincapié en que la Gran Teta de Género se alimenta de denuncias: sin denuncia, la Gran Teta de Género deja de producir leche y amamantar a los que viven de esta Industria de Género o negocio en nombre del feminismo.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los Jueces, Fiscales, Servicios Sociales de Ayuntamientos, Institutos de la Mujer, miles de Chiringuitos de Género o Consultorios de Guardia que aportan pruebas periféricas… todos, absolutamente todos, dependen de una denuncia. Así  se explica que las campañas publicitarias se vuelquen en las bondades de una denuncia.

Pero nadie repara en que una denuncia hace saltar por los aires a una familia; nadie avisa del dolor, la frustración, la impotencia y la gran injusticia que acarrea una denuncia interpuesta prematuramente, fruto de un acaloramiento, una discusión o incluso a raíz de una situación de despecho, como también desde una premeditación que ansía un paraíso de ventajas asistenciales, materiales y monetarias absolutamente desmerecidas.

 No, nadie advierte a la infeliz de turno que con una denuncia inicia un camino que no tiene vuelta atrás, sin retorno. Como tampoco hace falta advertirle nada de nada a aquella otra que sabe latín, griego e incluso jurisprudencia de género, una jurisprudencia hecha sólo para ella y las que son como ella.

 

José R. Barrios