El gran León Felipe, un poeta de Tábara (Zamora), perteneciente a la Generación del 27, en su poema «Sé todos los cuentos», tuvo el acierto y la capacidad de resumir con insuperable maestría la esencia de un trasfondo social que muy poco ha variado del ayer al hoy, aunque incluso más bien parece que ahora estamos rodeados, inmersos en un mundo de cuentos y cuentistas por todos lados. Leamos, pues, a este poetazo:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

Pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos

León Felipe     

De entrada, sirva este poema de recuerdo a uno de los grandes, como también adaptemos este magnífico legado a la España de nuestros días:

Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto:

Que la Memoria Histórica se la ha apropiado un partido político, cuando los muertos son de todos, que cualquier familia tiene el derecho a que se le ayude a encontrar a sus seres queridos desde la administración que tenga más cercana, Ayuntamiento, y con respaldo del Estado, sin que ello sea monopolio de ninguna sigla política.

Que el procés no es más que una cortina de humo para tapar una corruptela política de cobro de comisiones 3%, 4%, 5%... en el que ese trasfondo de soberanía e historia inventada es una trola con la que llevar a la gente engañada a una independencia que es inviable a las bravas, por una senda inconstitucional y unilateral.

Que la Ideología de Género es una industria clientelar, una corruptela del Poder Ejecutivo que trafica con votos a cambio de jurisprudencia según sexo, esto es, sobrederechos para las mujeres e infraderechos para los varones. El marido y el papá, ahora lo sustituyen por el Gran Macho Estado que protege y ampara con el dinero y bienes que antes ha birlado a sus ex maridos a un ejército de concubinas rendidas a lo material, siendo los hijos monedas de cambio con los que chantajear a miles de padres.

Que denuncias falsas e instrumentales –las que se ponen días antes del divorcio– son entre el 80%-90% de las denuncias por maltrato, porque aquí los únicos maltratados son los varones y los hijos, dos clases sociales de segunda división, mientras las mujeres juegan una Champions millonaria, eso sí, depositando su mercenario voto a ese partido que las quiere como a hijas, a ese gran macho, el Estado de Género, que las trata como lo que son, seres dependientes cuya independencia y progreso personal y profesional mantienen dormido, en un letargo de decenios.

Que la mujer nunca ha sido el tema prioritario del feminismos español, sino el procurar un modo de vida holgado a tanta feminista radical, tanta colocada servil a un régimen de Género que procura cada día un mayor descosido social y aviva la llama de una cruenta guerra entre sexos que ya ha costado 16.000 hombres suicidados y 1.000 mujeres asesinadas, 400 de ellas a manos de extranjeros, ojito al dato.

Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero ya está bien de tantos cuentos.

 

José R. Barrios