A pesar de que muchas personas se reafirman en el uso de aceites esenciales, la comunidad médica niega cualquier beneficio. Y lo cierto es que estos aceites están en boca de todos, pero.. ¿será verdad que realmente funcionan o son sólo perfumes caros?

¿Qué son los aceites esenciales?



Los aceites esenciales concentran las cualidades de la planta de los que están producidos en pequeñas cantidades. A pesar de las diferentes maneras de destilación, el aceite en sí se obtiene de las flores, hojas, brancas o raíces

Los componentes químicos más comunes encontrados en los aceites esenciales son:  terpenos, alcoholes, cetonas, aldehídos y fenoles. La gran mayoría de ellos son antibacterianos, antifúngicos, antivirales, antiinflamatorios, y antioxidantes, destacando este último en algunos de ellos, como en el aceite de clavo, que tiene el poder antioxidante de 450 lbs de zanahorias 120 quarts de arándanos y 48 galones de zumo de arándanos.

Los tres tipos de terpenos que encontramos en los aceites esenciales

FENILPROPANOIDES: Son estupendos para evitar bacterias, virus y hongos. Se encuentran en el clavo (90%), Cassia (80%), Basil (75%), Canela (73%), orégano (60%), anís (50%), menta (25%). Su labor más importante es la de mantener limpios los receptores de las células, ya que de lo contrario no pueden comunicarse, causando enfermedades.

MONOTERPENOS: Además de ofrecer una gran variedad de propiedades curativas, reprograman la información guardada en la memoria celular que ha sido incorrecta. Algo que, de no ser controlado puede dar lugar a diversas enfermedades.

SESQUITERPENOS: Se encuentra en la madera de cedro (98%), Vetiver (97%), Nardo (93%), madera de sándalo (Aloes)(90%), pimienta negra (74%), pachuli (71%), mirra (62%), Jengibre (59%), incienso (8%), proporcionan oxígeno a los tejidos. Los virus, así como las bacterias o el cáncer tienen dificultades para sobrevivir en ambientes oxigenados.

 

Los aceites esenciales no crean superbacterias.

Aunque muchos crean que las bacterias pueden mutar y hacerse más fuertes que los propios aceites, se ha comprobado que eso no es así, y que los aceites pueden llegar a combatir, incluso, ciertas superbacterias.

Los aceites han demostrado tener cualidades antisépticas para bacterias inmunes a los fármacos. Según la sociedad de microbiología general de Edimburgo, se descubrió que los aceites de tomillo y canela son precisamente buenos para luchar contra los estafilococos resistentes a los medicamentos.

Según la prestigiosa publicación “Science Daily”, en un estudio de investigación de la universidad de Georgetown, encontró que las propiedades germicidas del aceite de orégano son tan buenas como las de ciertos medicamentos, incluyendo la vancomicina, para el tratamiento de superbacterias como E. coli, Salmonella, MRSA, etc.
Los aceites esenciales consiguen acabar con las enfermedades a nivel  celular, penetrando en las paredes celulares y disipando los virus, mientras que los antibióticos no pueden entrar en las paredes. Una gota basta para cubrir todas las células de nuestro cuerpo, pudiendo comunicarse con el adn para alterar la función celular.

Los aceites esenciales pueden introducirse en el cuerpo de diferentes maneras

En una gota de un aceite esencial, hay 40 millones de billones de moléculas. Son tan pequeñas que pueden entrar en tu cuerpo a través de la piel, y especialmente por los pulmones, algo que ningún fármaco ha conseguido con tanta eficacia.

 

Se pueden añadir en la comida, en el baño o en la piel, funcionan en cualquier interfaz. Pueden ser útiles para alergias, acné, dolores de cabeza o indigestión.

Como ya hemos mencionado, son capaces de borrar la información errónea de nuestras células, así como cambiar la bioquímica del sistema nervioso. Un estudio japonés detectó que la inhalación de aceites esenciales puede equilibrar el sistema nervioso simpático.


Muchos aceites, deben ser diluidos en otro aceite portador, como el aceite de coco. Se aconseja usar otro aceite portador en los bebés y niños, ya que su piel es mucho más sensible.