Lo siguiente que se afirma en un reciente artículo publicado en Rambla Libre ("La izquierda, principal enemiga de la civilización", 28 de octubre, 2018) es precisamente lo que es la izquierda, o en lo que se ha convertido. El dictamen, una vez más se lo debemos al incombustible Enrique de Diego, alma máter de la citada bitácora. Veamos: 

 

 

La izquierda bracea y denuncia el ascenso creciente e imparable de lo que denomina la extremaderecha en toda Europa. Ese ascenso corre en paralelo con el hundimiento de la socialdemocracia, en proceso de extinción en Alemania y extinguida en Italia.

La opinión pública de las naciones europeas es cada vez más consciente de que la izquierda es enemiga de la civilización, que bajo su retórica vacua lo que se esconde es un proceso de demolición de nuestra sociedad y un proceso de sustitución demográfico, que es preciso parar para lograr la supervivencia de los autóctonos y de la civilización de la libertad. Para ello, la izquierda debe desaparecer.

La izquierda no es más que una colección de tópicos y un manojo de mentiras para que unos pocos se enriquezcan, como vemos en el caso de Podemos con Pablo Iglesias y Pablo Echenique, dos auténticas lacras políticas. Pedro Sánchez ha vendido a España al separatismo y también al globalismo. Es un claro enemigo de la libertad y de la civilización.

Los líderes de la izquierda viven tras muros, en urbanizaciones privadas, con escolta pagada por el contribuyente, adonde no llegan los problemas que ellos generan. Pablo Iglesias ha pedido y obtenido escolta para él y para su mansión durante las veinticuatro horas del día. Pedro Sánchez es partidario de abrir las fronteras pero vive detrás de los muros bien guardados de La Moncloa. Es todo un ejercicio de hipocresía.

 

 

La misma historia de siempre, sí, en ocasiones tan alucinada y descerebrada ya que acabamos de ver cómo recientemente grupúsculos de animalistas por Madrid (los animalistas consideran “innegociable” la muerte de los animales, están empeñados en acabar con la ganadería, la caza, el pastoreo, la tauromaquia, la apicultura y hasta con el paseo lúdico a lomos de dromedarios en Timanfaya y Maspalomas, pero sin embargo son abortistas, ultralaicistas, feministas radicales, globalistas, relativistas, ateos o agnósticos en su mayoría, homosexualistas…) se manifestaban contra el jamón serrano, esgrimiendo el muy eminente argumento de que comer carne animal es igual a asesinar. Entonces (así las cosas), consideremos el destino del voto católico: votar por PSOE, Izquierda Unida, Equo, Podemos (y resto de marcas izquierdistas y del naufragio comunista) es votar aborto sí, eutanasia sí, homosexualismo y movidas LGTBIQ sí, laicismo sí, feminismo radical o de la tercera ola sí, globalismo sí, ideología de género sí... Y es asimismo votar paro, precariedad laboral, subida de impuestos, desigualdad social, corrupción politiquera... De manera que así las cosas, ¿qué sentido, razón de ser, utilidad, prudencia o coherencia moral tiene que un católico vote por cualquiera de estas formaciones políticas antedichas?


O dicho con otras palabras: si votar por partidos de izquierda ni siquiera significa garantizar notables cotas de justicia social, solidaridad y reparto de la tarta de la riqueza -más bien, ya sabemos, suele significar justo lo contrario-, y considerando que en lo estrictamente moral y axiológico la izquierda representa la conculcación de los valores antropológicos y teológicos propios del Reinado Social de Cristo, ¿por qué y para qué dejarse convencer por las promesas, cantos de sirena y planes de revolución social urdidos por podemitas, sociatas y demás familia?


Con todo, pese a palmarias evidencias como las anteriores presentes y perfectamente rastreables en los cuatro  párrafos reproducidos, sigue habiendo izquierdistas, yo diría sin pestañear que muy sectarios y guerracivilistas, que porfían en la cantinela o mantra de calificar invariablemente a Francisco Franco de "dictador criminal y asesino, genocida y represor que perpetró un golpe de Estado contra las libertades democráticas de la Segunda República y el Frente Popular y bla bla bla..." 

 

Recuerdo que en uno de mis primeros relatos (como tantos otros míos, el citado duerme el sueño de los justos, a la espera de tiempos más oportunos y propicios para la labor de poda, pulido y corrección), rememoro un tiempo nebuloso y mítico de mi infancia en que la figura de Franco era para los niños como la de un semidiós: a Franco lo percibíamos desde nuestro imaginario de niños y en la recta final de su régimen autoritario o dictadura (a la muerte del aclamado como el Generalísimo iba a cumplir yo 9 años), como el dueño de las vidas de todos y el propietario de todas las cosas habidas o pensables.


De todas: Franco percibido como el dueño absoluto de todas las cosas y con poder sobre todas las personas.


Sí: percibíamos que el solo nombrarlo era motivo de miedo, y a mí ya a esa edad me parecía que Franco y comunismo eran conceptos completamente antagónicos, y hasta es posible que llegara a mis oídos infantes y escolares la noticia de que algún maestro algo "comunista" andaba por el colegio. Luego, con el correr de los años (lustros, décadas...), tras militancias de índole izquierdista, tras algunas lecturas y otras tantas experiencias vitales, y desde luego desde la toma de conciencia de mi identidad católica, he alcanzado una comprensión bien distinta de la figura de Francisco Franco Bahamonde.


Pero a lo que íbamos o en lo que estábamos: hoy día me parece que es del todo inútil pretender un diálogo con una mayoría de izquierdistas, tampoco afirmo que sean todos, toda vez que la verdad les importa un bledo; lo que sí parece importarles es el servilismo a la propaganda comunista, amparada siempre por la demagogia (Lenin dixit: "Los conceptos de verdad o mentira dependen de cuánto los citados convengan a los intereses del Partido, de la Revolución"). Lo que les importa es simular pasión por la justicia social, la solidaridad y el amor a los pobres, al tiempo que con la más descarada de las desvergüenzas van engordando sus cuentas corrientes y, con el correr del tiempo, más pronto que tarde acaban mudándose a vivir a zonas residenciales propias de las clases más pudientes de la sociedad, de las clases "burguesas" a las que se supone que odian (el marxista odio de clases).

 

La izquierda de inspiración marxista es especialista en crear sociedades que a las primeras de cambio acaban empantanadas en la miseria, la precariedad laboral, la falta de oportunidades de progreso e iniciativa personal, la falta de libertades, la opresión, la represión, el crimen... Pero les da igual, toda vez que siempre parecen dispuestos a echar mano del consabido chivo expiatorio: "Franco, la derecha, el fascismo (nombres, iniciativas o conceptos como Vox, el reconocimiento de los logros del franquismo, las loas al movimiento identitario y otras similares, son etiquetados ipso facto de ser realidades fascistas y de extrema derecha) vienen a ser causantes de todos los males de la sociedad actual... y de la venidera en España, Europa, todo Occidente...".

 

A decir verdad, si estos farsantes no vivieran a menudo a cuerpo de rey del erario público en las instituciones, a uno deberían importarle muy poco o nada los nombres de Pedro Sánchez, Pablo Echenique, Rita Maestre, Juan Carlos Monedero, Susana Díaz, Ada Colau, Manuela Carmena, Gerardo Pisarello o la mismísima monja cojonera argentina Lucía Caram, que es el perejil de todas las salsas progres... Pero es que están ahí, destrozando todo lo que tocan, esto es, pauperizando al país en tanto ellos prosperan y se enriquecen. Y esto, desde luego, no y no y mil veces no.

 

 

No y mil veces no. Dicho con fuerza reproduciendo una vez más dos párrafos de otro muy brillante artículo de Enrique de Diego, uno más y ya ni se sabe el número de tantos o de cuántos van salidos de la mente y de las luengas barbas de este controvertido periodista español que se permite llamar en sus escritos chulo puta al presidente Pedro Sánchez, quien si es chulo puta para el impulsor de Rambla Libre para mí es una plaga bíblica, un cáncer de Estado, un marrullero sin escrúpulos, un dinamitador de España, un oportunista que por seguir en el poder -adonde nunca debió llegar- es capaz de hacer las trampas, demagogias y pactos ruines que falta hagan. Son estos:

 

 

Con la mierda de historia que tiene ese partido de asesinos y psicópatas que es el PSOE, empezando por el terrorista de Pablo Iglesias que proclamó en sede parlamentaria su intención de atentar contra Antonio Maura, lo mejor es que, mentiroso compulsivo, tuvieras tu bocaza bien cerrada. Con esa fatuidad inconsistente que te caracteriza te has hecho la siguiente pregunta retórica: “¿cómo se puede permitir a la familia Franco sentirse orgullosa de esa herencia?. Mira, mentecato, la familia Franco puede sentirse orgullosísima de su abuelo. Francisco Franco no es letra menuda, ni una nota a pie de página de la historia, sino una de las figuras españoles y mundiales más decisivas y egregias del siglo XX, y eso no lo puede evitar vuestra infinita mediocridad chequista. El historiador Paul Johnson, autor de “Tiempos modernos, la mejor obra sobre el siglo XX, dice de Franco que “debe considerárselo una de las figuras públicas más eficaces del siglo, lo describe dotado “de una gran inteligencia y formidables reservas de coraje y voluntad. Y enfatiza que “los nacionalistas triunfaron principalmente gracias a la capacidad y el criterio de Franco. Y eso es lo que lo que os jode, que ganó la guerra, el único que venció al comunismo, y os jode porque querías asesinar a media España, en vuestra pulsión de psicópatas ideológicos, para luego asesinaros entre vosotros, aunque ya comenzasteis en la primavera de 1937 aniquilando a los del POUM y despellejando a Andreu Nin, curiosamente en el Palacio del Pardo, por el archiasesino Alexander Orlov. 


En cuanto al franquismo, bien orgullosa puede estar la familia Franco. Y orgullosos y agradecidos están la mayoría de los españoles. En la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, de junio, el 54,3% de los españoles consideran que no es el momento de exhumar el cadáver de Franco, entre ellos el 41,4% de los votantes socialistas. El impresionante balance de los datos concluyentes de la gestión de los gobiernos de Franco –cualquiera de sus ministros parecía un estadista al lado tuyo, Ábalos, y del chulo puta de tu jefe- la ha hecho con la magistral frialdad de los datos Roberto Centeno, artículo que está en Rambla Libre y al que remito a los lectores, que fue primero publicado en El Confidencial, para ser luego retirado y borrado y vetado su autor, porque en eso de perseguir al discrepante este sistema no tiene que recibir lecciones de nadie. Reseño algunos datos: la media de crecimiento del PIB fue del 6,6% entre 1950 y 1975, la clase media española representaba el 56% en 1975 y ahora ha caído al 43%, la clase baja había menguado hasta el 39% y ahora habéis conseguido hacerla crecer hasta el 54%; la renta per cápita del español estaba en el 83% de la europea y ahora en el 71%. No había paro (3%), no había deuda pública, no había impuestos directos (ni IVA, ni IBI, ni matriculación, ni donaciones y sucesiones, ni IRPF, ni Sociedades, ni cuernos en vinagre). Y como dice Roberto Centeno:  “Creación de la Sanidad Pública Universal ( todos los grandes hospitales públicos estaban construidos en 1.975, y Franco murió en uno de ellos). Creación de la Pensión de Jubilación, y también de la de Viudedad. Establecimiento de la edad obligatoria de Jubilación. Establecimiento del salario mínimo interprofesional. Creación del Auxilio Social, sembrando España de comedores gratuitos para los más necesitados. Creación de Escuelas de Formación Profesional. para el comienzo de la vida laboral, etc. Construcción de todos los pantanos posibles de España, etc.” Bebemos y regamos de los pantanos de Franco,porque si fuera por las desaladoras de Zapatero y los socialistas seríamos ya un desierto, especialmente la Comunidad Valenciana ("Carta abierta a José Luis Ábalos: Los Franco pueden estar muy orgullosos y tú debes pedir perdón": 2/11/2018).



Solo que en estos tiempos de radical apostasía, tiempos apocalípticos, el miedo, la contumaz costumbre, la lobotomización y la imbecilización generalizada de los espíritus (conozco perroflautas metidas hasta los tuétanos en el movimiento animalista que, desde el ateísmo, descreen del destino eterno de las almas de sus seres queridos humanos y a la vez sufren traumas, lutos y duelos por sus mascotas muertas, a las que por supuestísimo invocan como fallecidas), no es descartable en modo alguno que puedan frenar nuestro sueño común identitario.

 

A mi juicio -que me parece coincide plenamente con el de cada vez más cantidad de personas-, ahora que se acercan las elecciones autonómicas andaluzas, el Partido Popular, a pesar de la probable honradez de su nuevo líder Pablo Casado y del buen hacer de solo Dios conoce qué cantidad de sus militantes, allegados, votantes, simpatizantes todos -digoprobable, de seguro quién sabe si...-, por su alta traición a los ideales identitarios, cristianos y patriotas, se merece un descalabro electoral solo similar al que se merecen los sociatas de la PSOEZ con la ultracorrupta, demagoga y seudosocialista Susana Díaz, más la mugre podemita que no falte, neomarxista y bolivariana, enemiga de Dios y de España. Toda esta izquierda podrida y demagógica contraria a la verdad y a la justicia social, y cuyo único programa es hoy por hoy el alcanzar el poder para aplicar la mamandurria, el socialismo clientelar, lo que se merece es que se vaya diluyendo con más pena que gloria por el sumidero de la historia.

 

 

1  de noviembre, 2018. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.