Alfonso X El Sabio

El líder de Vox, Santiago Abascal, reaccionó abrupta y arriscadamente ante el reproche de Le Petit Napoleón, vulgo Le Gran Macron, por los pactos electorales de otros partidos con el suyo. España es de los españoles, impugnó. Falso, Santiago. ¿Entonces qué es España? Pero, sobre todo, ¿de quién es España? ¿De quién son sus tierras, sus ríos, sus ubérrimas zonas boscosas? ¿De quién todo el entorno que nos rodea, montes, aire, playas, ínsulas, escombros, senderos? ¿Pertenece todo ello a los españoles? Rotundamente, no.

Un ejemplo cruel. Las vías pecuarias son las arcaicas sendas por los que peregrinaba la vacada para efectuar su pastueña trashumancia. Se fechan desde el año 1273. El rey Alfonso X proporcionó un brioso auxilio a los pastores con la creación de la Mesta. Componen una hacienda única en el mundo. Son propiedades públicas muy significativas: magníficas vías de comunicación, bellísimos parajes y proteica variedad de especies, animales y vegetales, de todo tipo y pelaje.

Pechar maravedíes

En su día, el sabio monarca medieval decidió solucionar asuntos que comenzaban a agriarse. Acerbo conflicto. Querellas y pleitos aparentemente insolubles. Los pastores deben ser defendidos. La trashumancia posee sus riesgos. Aparecen pastores muertos en los tránsitos de las cañadas. Otros, avispados, construían nuevas dehesas sin permiso. Mueren carneros y ovejas súbitamente. Impresionantes asuntos. Se trataba de pedir un favor al monarca. La actividad pastoril deviene apetitoso negocio a la larga. Para muchos principales, Iglesia incluida. Sintetizado: “E pidieronme merçed, que yo les fisiere merçed”. Evitar o, cuanto menos, minimizar daños. Y, por supuesto, punición. El crimen y su consiguiente castigo. Idea regia “por bien de ordenar en commo se ponga escarmiento en todas estas cosas”. Multas económicas para defender la actividad lanar. Pechar maravedíes, obvio. Lo dicho, sanciones pecuniarias para atajar de raíz lo que se presumía irresoluble.

Manos muertas

Ocho siglos después, el asunto se antoja similar pero más árido. Ni vías pecuarias, calzadas, ríos, playas y espacio aéreo nos pertenecen. ¿De quién es España? Obviamente de los españoles, no. Desvalijados de cualquier tipo de soberanía y patrimonio. Compendiemos. El lacerante asunto del agro español. Se calcula que en España hay más de veinte fondos de inversión dedicados a la agricultura y alimentación. Por su difusa manera de maniobrar deviene dificultoso saber quién y dónde están invirtiendo, pero sí intuimos cuáles son sus anhelos primordiales: capacidad de inversión para acrecentar su capital, para la rapiña de tierras o el rejuvenecimiento de las explotaciones agrícolas. Pululan nombres vinculados no solo a la ininteligible nobleza, sino también a empresarios y financieros que comprenden la tierra como un activo de especulación, aparte de sus ocios, desparrames, cacerías y cierre de negocios varios. Piezas fetén del carpetovetónico Forbes, además de los mayores destinatarios de subvenciones agrícolas. Los regalitos de la PAC. Familias Botín y Samuel Flores, Nicolás Osuna, Juan Abelló, Casa de Alba, José María Aristrain, Mora-Figueroa Domecq. Demasiada tierra en tan pocas manos (muertas).

Fusilazos e hisopazos

Y luego los terrenos y usos militares. Otro pozo sin fondo. El Ministerio de Defensa posee y maneja unos desaforados peculios y hace (abracadabrante) negocio y carrera con la venta de terrenos. Los necesite o no. Ignominiosa apropiación militaresca del cielo y del suelo con despótico abuso y estremecedora arbitrariedad. Se define como uso público militar lo que les sale de la punta de los cojones. El avance de la militarización es un hecho demasiado verificable. Una pasmosa sumisión del poder civil al militar. O, peor, un infecto contubernio entre ambos.

Y luego, la Iglesia católica, claro. Delicadísimo asunto de inmatriculaciones, aparte de otros canonizados pasteleos inmobiliarios de incierta y titubeante honradez. Mucho patriota en todo este sutil (jejeje) latrocinio de algo que nos pertenece a todos los españoles. Rancios potentados, inmerecidos ricachos, pastueños militares, codiciosos eclesiásticos. Mucha banderita en Colón, mucho aguardentoso discurso patriotero, mucha loa a los caídos. Yo solo veo poco más que negocio. Toma el dinero y corre. Show me the money. Afloja la mosca.

Alfonso, instruido y magnánimo monarca, por favor, regresa de entre los muertos a echarnos un cable. Que no nos roben lo que nuestro es. En fin.