Ramiro Grau Morancho es Graduado Social, Licenciado en Ciencias del Trabajo y Abogado. Profesor de Derecho en varias Universidades, Públicas y Privadas. Ha publicado más de veinte libros sobre temas jurídicos y sociales, y miles de artículos en prensa, diarios digitales y revistas jurídicas especializadas. Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

En esta entrevista analiza, desde sus conocimientos y experiencia, la ideología feminismo y sus consecuencias prácticas en la sociedad. El feminismo es sin duda una de las manifestaciones del marxismo cultural. Superada la lucha de clases, los ingenieros sociales e ideologos del sistema buscan el enfrentamiento de la mujer contra el hombre y del hombre contra la mujer.

La ideología comunista es una mercancía averiada, que está de capa caída, y con la cual es imposible conseguir adeptos y, en definitiva, influir en la sociedad.

Precisamente por eso el marxismo cultural ha ido extendiendo sus tentáculos a diversas fórmulas que les permiten llegar a la sociedad, basándose en una supuesta mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos: el feminismo, el ecologismo, los nacionalismos, etc.

Este es un fenómeno estudiado por numerosos autores, y hay abundante bibliografía sobre la materia. Cuestión distinta es que la mayoría de los medios de comunicación social la obvien, pues les interesa machacar a la población con el pensamiento dominante, ya que ellos, al fin y al cabo, no son más que esbirros del sistema.

Al final buscan abolir la ley natural, el derecho natural.

    Por supuesto que sí. Es propio de los comunistas: el individuo no es nada ni nadie, solo un número, y depende directamente del Estado. Para ello es fundamental cargarse el matrimonio, que es el germen de la futura familia, y hacer que las relaciones de ayuda, dependencia, educación, etc., entre padres e hijos se reduzcan al mínimo.

          Los hijos “son hijos del Estado” (bueno, en realidad del partido), y para eso hay que “educarlos” (más bien adoctrinarlos), desde la más tierna infancia.

          La reducción a edades cada vez más tempranas de la enseñanza, creo va por ese camino.

Es un gran engaño, dicen buscar la igualdad cuando quieres mejores condiciones que los hombres…

          Efectivamente, así es. Hace años se quiso favorecer la entrada de las mujeres en el Ejército… Resultó que la mayoría no aprobaban las duras pruebas físicas de ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza. ¿Solución…? Rebajar el nivel para las chicas, de forma que se les exige menos que a los hombres.

          Y lo mismo ha sucedido con la guardia civil, policía nacional, policías locales, etc.

            O establecer cupos en favor de la mujer, de forma que en los consejos de administración, por ejemplo, un determinado número de plazas deben reservarse para las señoras, y ello con independencia de si tienen la capacidad e idoneidad correspondiente…, o no.

          También las listas cremallera de candidatos a diputados, senadores, concejales, y cargos públicos, en general, asegurando la paridad entre hombres y mujeres, y ello con independencia de que haya el suficiente número de mujeres debidamente preparados…, o de hombres.

          (Aunque bien los resultados, en España cualquier imbécil puede ser diputado, senador y hasta ministro. Y lo mismo es predicable respecto al sexo femenino).

          O un “consejo de ministras” como el actual, casi formado exclusivamente por mujeres…

            En la fiscalía, por ejemplo, el 70% de sus miembros son del sexo femenino, y el 60% de los jueces son mujeres.

          Entonces, ¿qué hacemos los hombres…? ¿Debemos exigir una cuota del 50% de esas plazas, y ello con independencia de que las mujeres puedan ser más inteligentes que nosotros, tener más memoria, o más capacidad de aprobar las oposiciones correspondientes, etc.?

          En su día estuve trece meses realizando el servicio militar, y por consiguiente sirviendo a mi Patria, prácticamente gratis et amore. Pues bien, nunca oí a ninguna mujer, o representante del “sexo débil” pidiendo poder hacer la mili… En cambio sí pedían poder entrar en la academia general militar, en la de suboficiales, en la guardia civil, policía nacional, etc., en definitiva, les interesaban los empleos públicos, no el servicio a España sin recibir contraprestación alguna.

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¿Qué importancia tiene una fuerza de choque como VOX para plantar cara a la dictadura feminista?

          Yo voté a VOX por primera vez en las elecciones al Parlamento Europeo de hace cuatro años…, y por desgracia nos quedamos a unos dos mil quinientos votos de poder conseguir un eurodiputado, que hubiera sido don Alejo Vidal-Cuadras.

          Creo que sus desafortunadas declaraciones en televisión diciendo que él, como eurodiputado, debía viajar en clase superior, no en turista, les hicieron perder muchos votos, pues los contribuyentes ya estamos hartos de pagar tantos privilegios de una casta política que no solucionan los problemas existentes, sino que lo único que hacen es crear nuevos problemas…

          En las próximas elecciones municipales, autonómicas, generales y al parlamento europeo, voy a votar a VOX, Dios mediante, pues creo es el único dique de contención que hay contra el auge de los nacionalismos separatistas y el feminismo como ideología que defiende el supremacismo femenino sobre los hombres.

          Nunca he sido partidario de la lucha de clases, y mucho menos de la lucha de las mujeres contra los hombres, cuándo somos personas complementarias, básicas para formar matrimonios, el nacimiento de los hijos, y en definitiva, la perpetuación de la especie humana sobre la tierra.

          ¿O ustedes creen que los “matrimonios” (más bien uniones de hecho) de hombres y mujeres, homosexuales y lesbianas, asegurarían la continuidad de la especie humana…?

Cuando hay una separación o un divorcio, la ley favorece mucho a las mujeres.

 

          Más que mucho, yo diría que las favorece totalmente, sobre todo si se empieza la guerra con una “buena denuncia falsa”, muy recomendada, por cierto, por muchos malos abogados, que usan y abusan de la Ley, sin respetar el Derecho y, sobre todo, la Justicia.

          Ello permite acudir a uno de los juzgados especializados sobre la materia, los juzgados de violencia sobre la mujer (por lo visto los niños, ancianos, e incluso los hombres, no sufren violencia alguna), que rápidamente adopta medidas provisionales:

  • Echan al marido de su casa, sin que por ello se le releve de la obligación de pagar la hipoteca o el alquiler,
  • Normalmente se le impide, o por lo menos dificulta, el acceso a los hijos, y seguir sosteniendo una buena relación con ellos,
  • Se impone una contribución económica al sostenimiento de la esposa y de los hijos…, lo que muchas veces supone que el marido queda en la indigencia, sin casa, casi sin dinero, etc.

          La mujer, mal aconsejada por las abogadas feministas, que han encontrado un filón en este “negocio”, no es consciente de que, posiblemente, va a estar sola el resto de su vida, sobre todo si ya tiene una edad avanzada, y de que ambos han perdido, él y ella.

           En esta batalla no hay ganadores: solo hay perdedores.

          Un prestigioso abogado de familia de Madrid decía que para él la mejor solución era la liquidación total del patrimonial familiar, y su reparto equitativo entre ambos miembros.

          Pero mientras uno de ellos pueda quedarse con la casa, obtener una buena suma mensual para mantener a los hijos, en ocasiones también una pensión compensatoria, y muchas veces hasta dinero para “Litis expensas”, es decir para pagarse los abogados y procuradores, no faltarán divorcios.

          Hoy en día hay más divorcios al año en España que nuevos matrimonios, tanto religiosos como civiles. Es algo que debería inducirnos a pensar que algo no estamos haciendo bien…

          Y lo peor de todo son los traumas que esos hijos de matrimonios rotos arrastrarán de por vida, sobre todo cuándo han pasado por estas dolorosas experiencias en la infancia y adolescencia, y que por desgracia, les marcarán de por vida.

          ¿De verdad queremos eso para nuestros hijos…?

En el fondo es dinamitar la familia, célula básica de la sociedad…, y, por consiguiente, también de la cristiandad.

          Le responderé con unas palabras de don Joaquín Aguirre Bellver, qepd, extraídas de su libro “El cristianismo, sin miedo al futuro”:

          “No hay cristianismo sin familia. Se trata de la suprema exigencia y de la diferencia mayor. Los dos grandes movimientos religiosos surgidos después, el islamismo y el protestantismo, regresan a viejas fórmulas semíticas y, entre ellas, a la institución social del repudio, en una u otra modalidad… Tanto Mahoma como Lutero cambian vigor familiar por vigor social y sacrifican, a fin de cuentas, a la mujer, a la madre, en beneficio de un varón luchador.

          Presentar el divorcio como una liberación femenina es todo un sarcasmo. El divorcio protestante supone un retroceso al patriarcado bíblico; lo que hace es liberar al varón de la carga familiar, que la mujer no puede sacudirse tan fácilmente por razones de carácter y de naturaleza…

La ruptura del matrimonio deja a la mujer sola con los hijos, en una viudedad anticipada, con la añadidura de una frustración”.

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La gente se escandaliza porque VOX pida igualdad en el tema de maltratos como si fuese algo descabellado.

          Yo creo que la gente no se escandaliza, es más, simpatizan con esa idea.

          Quienes fingen estar escandalizados son la opinión publicada, que no es necesariamente reflejo de la opinión pública, sino la voz de su amo, de los dueños de los medios, y de la “políticamente correcto”.

          ¿Por qué creen Vds. que VOX ha pasado de no tener un solo diputado en Andalucía a obtener doce escaños…?

          La mayoría de la gente está ya harta, estamos ya hartos, cansados, de que nos tomen el pelo con estas cuestiones, que nos presenten a las mujeres como buenas, buenísimas, mientras que todos los hombres somos malos, malísimos.

          Yo, y creo que la mayoría de ustedes, nunca hemos levantado una mano a una mujer, ni hemos abusado de ninguna. Pero eso sí, ante cualquier denuncia falsa o maliciosa, pasaremos a ser grandes criminales, estigmatizados socialmente, y seguramente condenados, pues se parte de una presunción de culpabilidad, que es prácticamente imposible demostrar su falsedad, sobre todo cuándo tanto la fiscalía como muchos jueces –no todos, a Dios gracias-, comulgan y simpatizan con el movimiento feminista…

          En Andalucía lidera VOX don Francisco Serrano Castro, un ex juez, y ahora abogado y político, que conoce como pocos todas las mentiras de la “industria del feminismo”, que da de comer a tantos miles de “listas”, en institutos de la mujer, numerosos observatorios, casas de la mujer, asesorías para mujeres, gabinetes de abogados feministas, cursos y cursillos para mujeres, obviamente todo ello regado con generoso dinero público…, ese que no es de nadie, en desacertada expresión de la vicepresidenta del gobierno, doña Carmen Calvo.

          Don Francisco Serrano publicó hace años un libro titulado “La dictadura de género”, donde explica todo el “negocio” del feminismo, las numerosas ayudas públicas que reciben las mujeres que ponen denuncias, aunque sean falsas, etc.

          Vamos, que conoce este chiringuito por dentro, al haber convivido con estos asuntos durante sus décadas como juez, y por lo tanto, no se las dan con queso…

          En definitiva, VOX ha venido para quedarse, pues representa a una parte significativa de la sociedad española, que está harta de mantener a tanto parásito político (alrededor de medio millón viven del cuento), cansada de mantener unas autonomías que hacen aguas por todas partes, y harta de aguantar a unas feminazis radicales, y a unos separatistas catalanes y vascos, que se apoyan en las instituciones constitucionales para luchar contra la propia Constitución y el régimen del 78.

          Por no hablar, que también, de que el Rey silente no sabemos si está o no está, si es que no se entera de nada, o no se atreve a decir ni pío, en cuyo caso haríamos bien en someter a referéndum esa forma de representación de la jefatura del Estado.