Santiago Abascal ha sigo ungido como el James Bond español por un cúmulo de razones bastante convincentes, que sólo El Correo de Madrid ha sido capaz de explicar.

En primer lugar, porque es el político que mejor combina corpulencia y elegancia. Al igual que el actual chico Bond, Santiago Abascal no representa la figura del elegante auténtico, que es el clásico (lo que vendría a ser un agente 007 como Pierce Brosnan y Sean Connery), sino la del dandi musculado, moderno, con un punto sensual y ligeramente macarra, que es aquello que encarna el espía británico del presente.

Además, es el único político capaz de realzar su virilidad con un esmoquin.

Y por último, está casado con un pibón de esculpidas caderas. Comparte la misma debilidad que cualquier chico Bond, aunque Abascal es hombre de una sola mujer y le tributa amor a la suya en Santo Matrimonio.