― ¿Pero no es usted castellano?

― No, yo soy de La Gudina y si acaso del reino de León.

 Soy tan castellano como catalán. (…) pienso siendo leonés de La Gudina.

Manuel Moreno Blanco

Vitigudino (Salamanca), 1977

 

En 1978 no existían castellanoleoneses, sólo leoneses (en el triprovincial Reino de León: Salamanca, León y Zamora) y castellanoviejos o castellanos (en las ocho provincias de Castilla la Vieja).  El periodo 1936-75 se caracterizó por la aceptación del mapa regional plasmado incluso en acuerdos internacionales, como el establecido con Suiza en 1974 y ratificado en 1975, sobre denominaciones de origen. Sólo en escasas ocasiones el centralismo unificador dará visibilidad a las regiones, sobre todo en los aspectos folklóricos y turísticos. En esos cuarenta años se incuba, en especial en los sectores universitarios de izquierda, el proyecto unificador ‘castellanoleonés’ que, tras la muerte de Francisco Franco, emerge desde el ‘Instituto Regional Castellano-leonés’(con Julio Valdeón y José Luis Martín a la cabeza).

Durante la denominada Transición se impusieron las tesis unificadoras del Reino de León con Castilla la Vieja. Como consecuencia, ésta saltó en pedazos, se pretendió circunscribir lo leonés a la provincia de León y profundizar en la castellanización o castellanoleonesización de todo este Reino, en especial las provincias de Zamora y Salamanca. Mientras tanto, Burgos, Soria, Segovia o Ávila aparecen habitualmente como castellanas ‘a secas’.

Los planes de castellanoleonesización son evidentes y cuentan con ejecutores bien conocidos, entre ellos cabe destacar: en primer lugar, la Editorial Ámbito, creada en 1981 y liderada por Julio Valdeón, en la que destaca José Luis Martín (miembros del Instituto Regional Castellanoleonés); en segundo término, los medios de comunicación, en especial el ‘Centro Territorial de TVE en Castilla y León’; en tercero, desde 1983 a 1987, la revista gratuita ‘TEMAS de Castilla y León’vinculada al Portavoz de la Presidencia de la Junta de Castilla y León; en cuarto, desde 1988, la Fundación ‘Las edades del hombre’de la Iglesia Católica, impulsada desde el Arzobispado de Valladolid,entre cuyos objetivos se encuentran ‘Recuperar la memoria de nuestra identidad colectiva y (…) la estima de nuestra región castellano-leonesa como creadora de Arte y de Historia’; y, en quinto, la Fundación Villalar, creada en 2003, a cuyo frente se encuentra el presidente de las Cortes de Castilla y León, a propósito de la cual, Carlos Alberto Camazón afirma en su tesis: ‘Esta institución especialmente vinculada a las Cortes de Castilla y León, se creó para controlar los procesos de identificación de los ciudadanos de esta COMUNIDAD y para construir unas prácticas de identificación ‘castellana y leonesa’ oficiales, basadas principalmente en una imagen erudita de Castilla y León.’

En los comienzos de la andadura del híbrido Castilla-León llegó a proclamarse que ‘se necesitan dos o tres generaciones para crear conciencia regional castellanoleonesa’. Se pensaba que, con el control de la educación, y el consiguiente proceso de adoctrinamiento castellanoleonés, el propio transcurso del tiempo y la desaparición de las generaciones de mayor edad, junto con la invisibilización de todo lo leonés (especialmente en las provincias de Zamora y Salamanca) se habría completado el proceso de normalización identitaria. En León y en Castilla, como en Checoslovaquia, se había metido la pata hasta el fondo: el tiempo vendría a evidenciar la monstruosa manipulación de los pueblos, de la historia, de la educación…, ejercida desde la escuela hasta la Universidad y a través de los medios de comunicación de masas. El retraso de tres años en la legalización del Grupo Autonómico Leonés (desde su fundación en 1977), constituyó todo un síntoma.

   De nada han servido las múltiples quejas interpuestas ante el Defensor del Pueblo denunciando la construcción de una historia mítica y la invisibilización del Reino de León en el medio educativo, ni el dictamen de 2011 del Consejo de Europa condenando la inacción de la comunidad autónoma y España en la protección y promoción del dialecto leonés, en el que se pronuncia en favor de la entrada del leonés en el sistema educativo con arreglo a la Carta Europea de Lenguas Regionales o minoritarias.

Sin embargo, desde 1980, se alzan voces autorizadas que denuncian de un modo u otro la arbitrariedad y el etnocidio. Ese año, Juan Beneyto es diáfano: ‘Y sin embargo, la inclusión de León, vieja región y aún nacionalidad, en Castilla la Vieja, ha sido impuesta contra una opinión extendida y una acción democrática organizada.’Un año después Juan Pedro Aparicio, en su ‘Ensayo… en el que se apunta la reivindicación leonesa de León’, da en el clavo al afirmar: ‘La desazón leonesa es un sentimiento muy arraigado y prácticamente universal en el leonés; por eso, cuando desde alguna tribuna se le reprocha al pueblo que adopta posturas sentimentales, se está poniendo el dedo en la llaga sin entenderlo. El sentimiento no es otra cosa que su memoria histórica, vapuleada, manipulada, perseguida, que sale, sin embargo a flote en la conciencia o, mejor, en la subconsciencia leonesa.’En 1982, el sociólogo David Díez Llamas en su obra‘El proceso autonómico leonés’ es contundente: ‘La integración de León en el ente autonómico de Castilla y León ha tenido carácter de asimilación ya que al pretender crear una región se ha formado un conglomerado que agrupa las culturas de pueblos dispares y todo ello se ha presentado como una unidad.’Durante 1988, con motivo de la celebración del VIII Centenario de las Cortes del Reino de León, el zamorano Carlos Cabañas Vázquez publica ‘Esto es el País Leonés’, donde denuncia abiertamente el etnocidio en marcha y explica que se refiere a la destrucción de ‘las raíces y posibilidades de desarrollo cultural de un país, anulando su personalidad y su capacidad de realización económica y política.’ David Díez Llamas, en 1992, en el libro‘La identidad leonesa’, señala:‘La influencia de esa política uniformizadora y castellanizante que se va a seguir desde Valladolid se dejará sentir en primer lugar en las provincias leonesas de Zamora y Salamanca.’  En 1994, Francisco Tomás y Valiente es explícito: ‘Es muy probable, por lo que a León (reino leonés, país leonés) se refiere, que su inserción en la actual comunidad fuera un error y no sólo acaso por razones historicistas.’ Más recientemente, en 2016, Juan Pedro Aparicio, en el ensayo‘Nuestro desamor a España. Cuchillos cachicuernos contra puñales dorados’, retoma la cuestión abordada en 1980 y afirma:‘en cuanto miembros de una colectividad nacional, autonómica o lo que sea (…) la memoria siempre nos ha venido desde fuera de nosotros mismos, entregándosenos previa cuidadosa elaboración hecha por aquellos que, dominando el presente, reconstruían el pasado para así asegurarse el dominio del futuro.’Ese mismo año, Carlos Javier Salgado, en su tesis doctoral, que lleva por título ‘La evolución de la identidad regional en los territorios del antiguo Reino de León (Salamanca, Zamora, León)’, describe cómo las provincias de Zamora y Salamanca han sido sometidas a un‘proceso de ‘desleonesización’ informativa patrocinada desde las instituciones, afanadas en lograr su identificación con lo castellano y ocultando, en la medida de lo posible, su pertenencia histórica leonesa.’

De acuerdo con lo que expuse en 1993 en mis ‘Apuntes sobre la pervivencia del Reino de León en la España de los siglos XIX y XX’y recientemente en el libro ‘Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología)’, un futuro de plenitud para la Región Leonesa pasa, a mi juicio, por el reencuentro de los leoneses, en las tres provincias, consigo mismos, con sus raíces, su historia, su cultura y sus valores. Puede sacarle de su marasmo la evaluación de su presente y la elaboración de proyectos de futuro centrados en el desarrollo de comunicaciones, industria, servicios, turismo, investigación, etc., para todo el conjunto del País Leonés, y la apertura a la colaboración con las regiones vecinas en los ámbitos nacional e internacional. Desde la reivindicación de la igualdad y la solidaridad podemos emprender el trabajo en equipo que signifique el progreso del Reino de León y de España, sintiéndonos orgullosos de nosotros mismos, de nuestras aportaciones pasadas y nuestro emprendimiento y esfuerzo junto al resto de los españoles.

 

Por Miguel Ángel Diego Núñez

Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’

y candidato del PREPAL en las elecciones municipales de Salamanca.