Los prolegómenos y el desarrollo de la manifestación convocada en Pamplona por el blog Desolvidar y la veterana entidad ciudadana Vecinos de Paz para el pasado sábado 22 de junio, en rechazo a la convergencia PSN-EH Bildu, han escenificado la profunda quiebra y crisis que sufre el navarrismo político y asociativo.

 

De este modo, sus diversos actores han quedado perfectamente retratados, imponiéndose varias conclusiones:

 

1.- UPN, líder indiscutible de los partidos que ha logrado agrupar bajo su paraguas electoral de Navarra Suma, no contempla otra estrategia que no pase por una alianza –antes o después- con el PSN-PSOE; el célebre y, según acabamos de comprobar, trasnochado “quesito” foral. Ello explica el triste y descorazonador tránsito de su líder, Javier Esparza, por platós televisivos y estudios radiofónicos, en los que apenas ha articulado un autocompasivo mensaje que vaya más allá del “es incompresible que el PSN pacte con EH Bildu”.

 

Tal comportamiento, que Santiago Cervera ha calificado lúcidamente en el Menticias como “orden mendicante”  (en clave abertzale se interpreta desde siempre como la “coartada de una UPN cuyo discurso se limita al antivasquismo y al antiterrorismo de ETA”; una táctica –a su juicio- con la que trataría de tapar sus carencias programáticas e ideológicas, siempre al servicio de los intereses de clase de “los de siempre”. Al futuro obrar de UPN corresponde desmentir ambas hipótesis.

 

2.- Se ha producido otra nueva fractura en el tejido asociativo navarrista.

 

En su día ya se escenificó la ruptura entre Vecinos de Paz, Doble 12 y Desolvidar con una elitista Sociedad Civil Navarra que intentó dirigir unilateralmente y velis nolisal conjunto del movimiento ciudadano. Esta circunstancia explica su incorporación tardía e irrelevante, a la movilización ciudadana realizada contra la imposición lingüística que culminó el 2 de junio de 2018.

 

Decíamos que el pasado sábado tuvo lugar otra fractura, acaso más decisiva, y en cualquier caso más dramática por los daños personales que le han acompañado, entre Desolvidar y Vecinos de Paz, por una parte, y Doble 12, por otra; al sumarse esta última con su silencio a la táctica común e imperante en el navarrismo: “los socialistas son nuestros únicos posibles socios y no hay que irritarlos”. Semejante cálculo, para quienes han mantenido una posición más ética que política, es incomprensible. Y muy doloroso, especialmente cuando nada menos que el presidente de UPN calificó inicialmente la convocatoria de “escrache”, aunque retirara posteriormente tan injusta como ingrata imputación, no en vano, ¿en quiénes delegó cuando no tuvo el valor de organizar por sí mismo las movilizaciones cívicas desarrolladas en los meses de junio de 2017 y 2018 frente al totalitarismo del cuatripartito? Por cierto, ¿qué pasó con esa manifestación que se iba a convocar en Tudela en defensa de los intereses riberos y que UPN aseguró, esta vez sí, organizar en todos sus aspectos?

 

3.- La posición ética y política de Desolvidar y Vecinos de Paz es clara. Por lo que respecta a Doble 12, sus integrantes deberán discernir si su navarrismo es una opción cultural y política propia e independiente o se subordina mansamente a las prioridades programáticas del socialismo navarro. Toda entidad que carece de autonomía, fines propios y liderazgo, está condenada a desaparecer.

 

4.- La actual crisis política evidencia que los viejos paradigmas ya no sirven. Así, el binomio “constitucionalismo versus nacionalismo” ha sido desbordado y periclitado por la ambición de poder socialista y su plena comunión con la ideología radical-progresista afín al resto de izquierdas y nacionalistas. Los socialistas han elegidos a sus “amigos”. En consecuencia, y desde la más elemental lógica política, es incuestionable discernir a quiénes miran como adversarios, cuando no enemigos expresamente.

 

Nuevos paradigmas se imponen en toda Europa: derechas/izquierdas versus transversalidad; globalización versus identidad; neoliberalismo versus clases populares; soberanismo versus atlantismo. En este contexto de cambio profundo y radical, si las derechas no hacen sus deberes, quedarán rezagadas para siempre. Y no se trata simplemente de implementar, desde los complejos propios, la agenda LGTB en una absurda competición de “a ver quién es más progresista”: en esa batalla, siempre perderá el centro-derecha. Pónganse en situación: Eradio Ezpeleta (http://www.navarraresiste.com/2017/05/upn-y-la-ideologia-de-genero.html) nada tiene que hacer frente a Tere Sáenz. De tal modo, como alternativa de futuro, la única posible es comprender la realidad, los cambios en marcha, plantar cara en “la batalla de las ideas”, y trabajar a largo plazo sectorialmente. No hay ni atajos, ni milagros imposibles. Ni para los partidos ni para las entidades cívicas.

 

5.- Navarra Suma - como plataforma del centro-derecha más o menos navarrista - no ha funcionado mal, es cierto, pero ha evidenciado su incapacidad en atraer nuevos sectores electorales. Puede tratar de actualizar su discurso, mostrándose más o menos progre -lo que generaría nuevas tensiones con su electorado clásico-, o trabajar desde ya, elaborar nuevos discursos, confiar en sus propias fuerzas, montar unas juventudes “de verdad”, trabajar capilarmente... y no esperar un capotazo milagroso, venga de donde venga.

 

Que nadie se confunda: la alternativa para el navarrismo es una consciente y orgullosa “travesía del desierto” o una lenta pero irremediable extinción. Y si no quieren creérselo, o tienen legítimas dudas, miren qué pasó en Álava.

 

Fernando Vaquero Oroquieta