Conocí a Javier a finales del 2009, pocos meses después de instalarme en Parla. Empecé a entrenar en su gimnasio y a practicar un deporte que aún era desconocido para mí, pero que gracias al Lince -aquél hombre de mirada desconfiada al principio, pero que luego no duda en abrirte las puertas de su casa y de su corazón- no solo empecé a respetar un deporte tan mal visto en nuestro país sino que empecé también a quererlo, hasta tal punto en que competiría después. 


De su espíritu de lucha nunca tuve la menor duda, pues es ése fue -y sigue siendo- su mayor brillo personal. Él así lo reconoce: "soy campeón de la vida", porque no sólo sigue siendo el mayor boxeador español de todos los tiempos, -ganando el campeonato del mundo en dos categorías distintas- sino porque supo mantenerse en pie cuando las circunstancias lo empujaban hacia abajo. Porque los campeones no se miden en las victorias sino en las derrotas, en las dificultades y las crisis personales. Y él supo salir victorioso de todas ellas. Su familia, su mujer, Martha, su mayor compañera desde que se conocieron de jóvenes, siempre fueron su mayor apoyo. 
 
 
 
Este libro, escrito de forma impecable por el periodista Jorge Sanz Casillas, tras muchas horas de entrevistas y grabaciones, es un recorrido por la vida de esta leyenda del boxeo, desde sus inicios; un chico humilde que encontró su vocación entre los sacos de un gimnasio de periferia, pasando por cada pelea contra púgiles como Oscar de la Hoya o Felix Sturm, hasta convertirse en ídolo de toda una generación. Una figura a la que nunca se le dio apoyo institucional de ningún tipo a pesar de haber ganado más trofeos que ningún otro deportista español, pero que aún así sigue siendo un referente de cualquier boxeador que quiera seguir superándose. 
 
Un libro que es necesario que sea leído, porque no solo hay una historia que merece ser escuchada, sino también porque es un libro sobre la lucha, la vida, el deporte y el amor, una lección de "cómo mantenerse en pie cuando te estás cayendo en pedazos".