Julián Ballestero es contradictorio y tan pronto afirma que “es cierto que no aparece entre los viejos mapas ninguno que justificara la inclusión de Salamanca en Castilla y León junto con las otras ocho provincias que conforman hoy la autonomía” como que la histórica Región Leonesa triprovincial (compuesta por León, Salamanca y Zamora) es “artificiosa” o un “invento”, aunque reconoce que “Durante la II República hubo un primer intento de sacar adelante un estado autonómico para toda España, basado en esa distribución artificial del XIX”. Baste decir que la personalidad leonesa de Salamanca fue reivindicada por Luis Maldonado de Guevara y Fernández de Ocampo y por Miguel de Unamuno, ambos rectores de la Universidad y los únicos políticos recordados en Salamanca mediante placas o esculturas en su memoria. A su lado podemos colocar los nombres de José Lamano y Beneite, Dámaso Ledesma, José Sánchez Rojas, Mauricio García Isidro, César Morán Bardón, Manuel Moreno Blanco, Luis Cortés Vázquez, César Real de la Riva o Juan Beneyto. Y también los de Julio Caro Baroja o Camilo José Cela.

Aun cuando Julián se descuelga con sentencias como esa de que “resulta coherente que en Salamanca ni una sola institución o personalidad quiera saber nada del “invento” leonés”, otra firma de ‘La Gaceta’, la de Pablo Montes, afirma con rotundidad: ‘Creo sinceramente que la oportunidad de haber configurado una autonomía propia con las tres provincias se perdió tras la muerte de Franco. En aquel momento el leonesismo tenía la razón y la historia de su parte, pero no contó con la fuerza suficiente para lograr su objetivo. Castilla y León fue un invento de la Transición, no cabe duda. Una división ficticia que hacía una mezcla forzada de las regiones administrativas de León y Castilla la Vieja, separando por otro lado a La Rioja y Cantabria. De aquel puzle viene lo que tenemos ahora. Una Región que genera un sentimiento nulo de pertenencia.’

Salamanca y Zamora constituyen una parte esencial de la Región Leonesa, heredera del Reino de León, de su identidad histórica y cultural. La Región Leonesa ya en los años 70 se encontraba en una situación calificada de “subdesarrollo administrativo” y se auguraba para ella un futuro poco esperanzador. Los cuarenta años de democracia han resultado tan inútiles para su despegue económico y demográfico como los cuarenta de franquismo, en especial a partir de 1960, porque siempre se la ha colocado a la cola de las comunicaciones y programas de desarrollo. Y todo ello se ha visto agravado por su invisibilización en todos los sentidos, en especial en el ámbito europeo, de donde pueden partir políticas de equilibrio.

Un futuro esperanzador para la Región Leonesa en su conjunto y para sus tres provincias sólo puede vislumbrarse dotándola de individualidad y aplicando políticas de equilibrio y solidaridad territorial, con un plan específico integral dirigido desde un autogobierno y una autonomía imprescindible.

Miguel Ángel Diego Núñez

Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’