A fecha 16/11/2018, el medio digital www.elespanol.com (Agencias) recogía las conclusiones del informe pericial de la psicóloga italiana, Ludovica Iesu, doctora en psicología, tras realizar 32 entrevistas y pericias durante cinco meses.  Para Iesu, encargada de valorar con quién se quedarán los hijos en el conflicto judicial que mantiene Juan Rivas con su ex marido, el italiano Francesco Arcuri, tras examinar a la señora Rivas diagnosticó que se trata de una mujer «Manipuladora, lábil y con funcionamiento mental patológico grave», como muestra una «gran capacidad manipuladora sobre sus hijos» y un «grave funcionamiento mental patológico asociado a desorganización del pensamiento». Las conclusiones de esta experta, a las que, por su parte, ha tenido acceso El Mundo, advierten de que Juana Rivas habría «triangulado a su hijo mayor en el conflicto» convirtiéndolo en «recipiente de las ansiedades maternas». Para Iesu, la señora Juana Rivas tiene una «comprensión deficiente de la realidad y es inconsciente del daño psicológico generado a sus hijos de 4 y 12 años apartándolos de su padre entre 2016 y 2017», cuando se fugó con ellos en vez de entregarlos al padre. 

En esto, reiterar cómo esta profesional independiente, doctora en Psicología, antes de llegar a sus conclusiones necesitó cinco meses para examinar detenidamente a todos los implicados en el caso y a tal fin completó un montante de 32 pruebas periciales, entre ellas numerosas entrevistas.

Mientras que aquí, en Españifeministán,  y en contraste con Italia, un país con un Derecho de Familia neutral, es decir, justo, esto de diagnosticar favorablemente a la mamá de turno se resuelve en un rato en un Chiringuito de Género y a manos de una que dice que es psicóloga, cuando su cualificación se reduce a un cursillo de género de dos tardes. Se trata de esas peritas españolas instaladas en el Instituto de la Mujer de zona, en los Servicios Sociales del Ayuntamiento que corresponda o en cualquier otro ente de la red feminista estatal como Unidades de Valoración de Violencia de Género y Equipos Psicosociales de los Juzgados de Género a los que acude toda mujer que necesite el papelito que certifique que ha sufrido malos tratos y que presenta idoneidad mental para atender a los menores. No obstante, en caso de encontrarnos una psicóloga titulada es menester comprobar su relación laboral con la administración feminista, pues si fuese temporal e inestable ello es interpretable como un condicionamiento calculado al objeto de teledirigir el sentido de sus informes. De forma que es urgente dotar a estas profesionales del rango de funcionarias o en todo caso exigirles una colegiación y un decálogo deontológico profesional al objeto de garantizar su independencia de la Dictadura de Género en que realizan su profesión y protegerlas ante las críticas que pudieran recibir sus peritaciones por el Instituto de la Mujer de zona.

Y como la acusación de maltrato fue desmontada en España por el Juez de Maracena (Granada), en Italia, el tema central y decisorio del juicio se centró en la existencia o ausencia del Síndrome de Alienación Parental (SAP) en los menores. De modo que la abogada de Juana Rivas en Italia, María Eugenia Álvarez, comentó a Público que «nuestro escrito de conclusiones ha estado centrado de rebatir de forma total el método pericial llevado a cabo por la perito designada por el juzgado, Ludovica Iesu, porque está basado en el Síndrome de Alienación Parental, un método científico que no existe».  Álvarez advierte de que si el tribunal finalmente basa su decisión utilizando una pseudo-ciencia, «el resultado será malo».

Y si el SAP no existe, señora letrada de Juana Rivas, ¿por qué le teme hasta el extremo de pronosticar que el resultado del juicio de su defendida en Italia será malo? -cabría preguntarle a esta letrada adivinadora cuya clienta han sorprendido con el carrito de los helados rotulado con SAP (Síndrome de Alienación Parental).

José R. Barrios