En palabras del Defensor del Pueblo, «urge a suspender las visitas de los maltratadores a sus hijos». Así reza el titular de lasprovincias.es fechado el 21/11/2019 y de la mano de Alfonso Torices (Madrid).

El tal defensor al que nos referimos, que debiera llamarse Defensor de Medio Pueblo (las mujeres) y ver por tanto reducido su sueldo justo a la mitad y su poltrona sustituida por una aséptica silla de oficina, claudica y muerde el polvo al entrar por el aro y poner toda la carne en el asador para dar carta de naturaleza a una vieja y machacona reivindicación feminista radical que ahora ve sus días de gloria y regocijo a manos de un nuevo acólito de la causa nacionalfeminista española, personaje que debiera defender al pueblo en su conjunto, no exclusiva a la Puebla, de ahí que quepa intuir un proceder viciado, inconstitucional e interesado al objeto de salvar su pellejera en esta cruenta guerra entre sexos que anima el Ejecutivo de Género y en la que no caben medias tintas, porque bien estás por la Igualdad entre hombres y mujeres, y entonces eres un proscrito, o a favor de trucar la jurisprudencia para travestirla de sexo femenino y en contra del otro sexo, el masculino, todito todo a la espera un voto rojimorado, es decir, socialindepecomunista. Un tráfico de votos que es corruptela de Estado pura y dura, degeneración de la democracia española convertida en una Dictadura de Género desde el 2004 con la entrada en vigor de la Ley Integral de Violencia de Género.

El Defensor de la Puebla, pues, –prosigue la noticia– reclama al Gobierno y al Parlamento de socialistas, comunistas bolivarianos e independentistas ávidos de pela española fresca que se constituya en breve –¡vaya panda, madre mía!– y que con la máxima urgencia adopten las modificaciones legales precisas para que sea posible suspender las visitas de los maltratadores a sus hijos y retirarles la custodia, tal como está previsto en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género (2017).

Francisco Fernández Marugán llama a todos los poderes públicos a no perder ni un minuto más y a implantar todas las medidas del Pacto de Estado y las obligaciones del Convenio de Estambul. La institución que dirige mandará en breve a todos los organismos un decálogo de medidas de implantación prioritaria entre las que destaca la inmediata y eficaz protección a los hijos de las víctimas de violencia de género, porque un maltratador no puede ser un buen padre.

No obstante a su proceder reverencial a la vice y demás altas cargas del nacionalfeminismo made in spain, el señor Marugán lleva razón en dos aspectos de su discurso feminista sectario: Una es que el sistema de protección a las víctimas tiene fallos. Cierto 100%, como fallo es colocar al frente de una institución que pagamos todos a un vocero de las soflamas feministas radicales causantes del descosido del tejido social. Otra es que un maltratador no puede ser un buen padre, mentira total, pues lo primero que hay que demostrar es si es o no un maltratador y lo segundo es que la capacidad de ser buen padre es diferente a la relación que puedas mantener con la señora de turno que te tocó en suerte y en esto, quien no puede ser un buen Defensor del Pueblo es toda persona que sólo defienda a la mitad del pueblo y además a costa de la desdicha personal, material y familiar de la otra mitad.

Dimita, Sr. Marugán, ha mancillado usted gravemente una institución que es de todos y todas. La poltrona, amigo mío, está por detrás, a años luz de la dignidad y el honor que debe ser santo y seña de quien presida esa alta institución del Defensor del Pueblo, en estos días convertida en un Chiringuito más de Género, por cierto, en manos de una persona inadecuada a una gestión de Igualdad e imparcialidad ¿Qué quién?: usted mismo, mismamente usted, amigo mío.

 José R. Barrios