Cuando hablamos de SAP nos referimos al Síndrome de Alienación Parental. Se trata de una patología que es mucho más frecuente de lo que parece y que desafortunadamente constituye el día a día de muchas consultas de psiquiatría infantil. El psicólogo clínico José Manuel Aguilar, renombrado experto internacional en SAP, explica con gran claridad en qué consiste la Alienación Parental: «Los niños son un objeto que arrojarse. Cuando ya nada queda que lanzarse a la cabeza, siempre están ellos, y son reclutados por uno de los progenitores como parte del bagaje que usará contra el otro».

El término SAP fue propuesto en 1985 por Richard Gardner, un psiquiatra infantil y forense de EEUU que se dedicaba a realizar peritaciones judiciales para divorcios. Gardner observó que el rechazo que muchos niños y niñas, tras un proceso de ruptura entre sus progenitores, mantenían mayoritariamente hacia el padre era algo antinatural. Investigó este tema hasta descubrir que se debía al “lavado de coco” que uno de los dos progenitores hacía a su hijo-a con la intención de irle fabricando en su mente una mala imagen del otro progenitor hasta conseguir que llegase a odiarlo.

La Real Academia Nacional de Medicina española, en su “Diccionario de términos médicos” (2012), define el maltrato infantil, del inglés child abuse, como «toda acción u omisión intencionada, llevada a cabo por una persona o grupo de personas, la familia o la sociedad, que afecta de manera negativa a la salud física o mental de un niño [...] De un modo muy general, el maltrato puede dividirse en dos grandes grupos: a) maltrato por acción, que comprende el maltrato físico, el maltrato fetal, el maltrato psíquico o emocional y el abuso sexual y b) maltrato por omisión, negligencia o abandono físico, afectivo o educativo. El conocimiento de cualquiera de estos hechos exige su denuncia inmediata». En dicha definición, pues, se deduce que el SAP, al tratarse de un maltrato infantil de tipo emocional, se cataloga como maltrato por acción, es decir, realizado conscientemente, a sabiendas.

Por su parte, el profesor Fernández Cabanillas, define la Alienación Parental con meridiana claridad: «Si una madre o un padre, de forma reiterada, se dedica a malmeter, indisponer, envenenar, enfrentar, manipular e instrumentalizar al hijo menor común contra el otro progenitor, entonces se inicia así un proceso de alienación parental que, si no se frena urgentemente, conducirá a la ruptura de todo tipo de relación y comunicación del niño tanto con el progenitor excluido como con toda su línea parental. Este fenómeno ha existido desde tiempos pasados y específicamente en el contexto de toda ruptura familiar». El rasgo esencial que aporta esta definición del Sr. Cabanillas es la de “actuar lo antes posible”, de forma urgente, sobre tal Alienación Parental.

Castilla del Pino, en su obra “Teoría de los sentimientos” explica que también «se aprende a odiar, porque sentimos los mismos afectos de amor y de odio, que aquellos con los que tratamos de formar una comunidad, porque el odio es un excelente nexo entre los miembros de un grupo y, con él, se pasa a ser uno de los fieles».

El filósofo y profesor, José Antonio Marina, nos advierte sobre los efectos del odio: «Un niño al que se le ha inoculado odio va a sufrir un desajuste permanente en su vida y es una “inteligencia dañada”»

Estudios ya clásicos, que vienen siendo contrastados con otros más actuales, señalan que el SAP o manipulación en la vinculación afectiva de los hijos hacia un progenitor, en mayor o menor medida está presente en un 80% de los divorcios (Clawar y Rivlin, 1991). A raíz de ello, si en el año 2011 en España, el 82% de las custodias fueron en exclusiva de las madres (datos del INE), basta multiplicar ese 80% por el 82% para obtener un 65,60%, es decir, más de la mitad de los niños en manos exclusivas de su madre –y las matemáticas no engañan– están siendo adoctrinados para convertirlos en arma arrojadiza contra el progenitor no custodio.

 

José R. Barrios