Leo en un periódico de mi tierra, Andalucía, que una profesora de la Universidad de Granada, creo recordar, ha elaborado un estudio, muy serio, sobre las dimensiones de los aseos que hay en los establecimientos públicos, del cual se deduce, claramente, que nuestra sociedad es machista hasta la náusea, y que eso no se puede consentir en los tiempos que corren, tan progresistas, en los que la igualdad entre hombres y mujeres debería ser ya total.

Que digo yo que es una profesora por el nombre, porque a juzgar por su aspecto físico, yo no sé muy bien lo que es, pero bueno, es posible que mi duda en la identificación del género de la docente sea culpa de mi astigmatismo, que a veces me juega una mala pasada. El hecho es que esta ¿profesora?, pertrechada de una buena cinta métrica, se ha puesta manos a la obra, y estas son algunas de sus conclusiones.

Resulta que, en algunos sitios, el servicio de las señoras es más pequeño que el de los caballeros, y eso no se puedo tolerar, pues supone una grave discriminación para con las mujeres. En otros lugares, sin embargo, es justo al revés, es decir, el aseo de las damas es más grande que el de los hombres, y eso constituye un agravio comparativo imperdonable, pues si los hombres nos la sacamos rápido y lo hacemos en poco espacio, ellas son capaces de ganarnos en rapidez y, si se ponen, que todo es cuestión de ponerse, pues con poco espacio también se apañan.

Ha encontrado esta ¿profesora? establecimientos públicos donde el aseo adaptado para los minusválidos es compartido con los hombres, lo cual clama al cielo, pues las mujeres minusválidas no tienen motivo para soportar lo marranos que somos los hombres; en otros lugares, en cambio, el servicio de minusválidos es compartido con el de las mujeres, y hasta ahí podríamos llegar, que los caballeros, por muy minusválidos que sean, puedan entrar al servicio de las damas.

La concienzuda tesis de esta ¿profesora? llega a determinar, incluso, que en algunos aseos públicos, la puerta de los hombres abre para fuera, mientras que en el de las señoras abre para dentro, con lo cual se pierde el espacio que necesita la puerta para su normal funcionamiento, y eso, como es obvio, es culpa de la sociedad machista que padecemos, que le quitan espacio a las mujeres hasta con las puertas de los aseos.

Pero lo peor de todo es que en algunos establecimientos públicos, esta ¿profesora? se ha encontrado con que los aseos de los hombres y los de las mujeres, son exactamente iguales, y las puertas de ambos abren en la misma dirección. Pues bien, tampoco esto convence a esta ¿profesora? Según ella, eso se llama “igualitarismo fascista”, es decir, que después de tanto tiempo de opresión de los hombres para con las mujeres, la cosa no se arregla ahora siendo iguales, sino dándoles algunos siglos de ventaja a las damas, para que se pongan al día y puedan desquitarse del asunto.

Pero como vimos antes, cuando el aseo de las señoras era más grande que el de los caballeros, pues que tampoco le cuadraba el asunto a esta ¿profesora? En fin, que yo ya me cansé de leer las conclusiones de la mencionada tesis, para llegar a la única conclusión posible, a saber: que vivimos en el seno de una sociedad idiotizada, y que la Universidad, no sólo no es ajena a esta tendencia, sino que a veces incluso la abandera, con un afán digno de mejores causas. Y luego nos quejamos de los ¿profesionales? que nos están formando.

Y si no, piensen ustedes fríamente en el tema de la tesis citada en este artículo, sin cuyas conclusiones, desde luego, el devenir de la humanidad no puede entenderse de forma adecuada.

Y ya lo dejo, porque necesito ir al servicio. Menos mal que estoy en mi casa, me la voy a sacar, que obre la naturaleza… y punto. Porque si estuviera en un establecimiento público, debería medir antes las dimensiones del aseo al que voy a entrar, para mear a gusto, es decir, sin que me quedara remordimiento de conciencia.