Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio de Género  

 

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género es un órgano dependiente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el máximo Órgano de Gobierno de Jueces y Magistrados que integran el tan denostado Poder Judicial. Sin lugar a equívoco, se trata del mismísimo Ojo de Sauron, ese que en la película abarcaba toda la Tierra Media, es decir, la España de hoy, convertida en un maligno dominio en el que no hay hombre que escape a la escrutadora mirada de Sauron.

 

Doña Ángeles Carmona, letrada de la Administración de Justicia, es, a la vez, vocal del CGPJ y Presidenta del Observatorio de Género, desde hace ya varios años.

 

Pues bien, dicho Observatorio editó en el año 2008, confeccionada por un grupo de expertas y expertos en violencia de género, miembros y miembras del CGPJ, una Guía de Criterios de Actuación Judicial frente a la Violencia de Género. Se trata de un catecismo jurisprudencial revisado y reeditado en octubre de 2016, y que en palabras de la Sra. Carmona: “Ha demostrado  ser un instrumento útil y práctico para jueces y juezas, así como para el resto de profesionales que trabajan en la erradicación de la violencia de género”.

 

Digamos que esta Guía Práctica, tal como aparece titulada en su portada, funciona como un manual o vademécum (del latín vade, ”anda”, “ven”, y mecum, “conmigo”) de diaria y puntual consulta para cuantos jueces y juezas trabajan en Violencia de Género. Dicho manual de instrucciones explica con sumo detalle y muestra pautas concretas, de manera que viene a reinterpretar y explicar la mismísima esencia de la ley madre que a su vez inspira cada uno de los párrafos de la tal guía y que como es fácil adivinar se trata de la LIVG (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). Además, para que no quedase cabo suelto alguno, sino todo atado y bien atado, la guía incorporó, en la reedición del año 2016, a modo de anexo, un exhaustivo conjunto de leyes que aparecieron tras su primera edición y que vendrían a dar cobertura de artillería a la LIVG, tales como la Ley del Estatuto de la Víctima del Delito (Ley 4/2015, de 28 de abril) y el Real Decreto por el que se aprueba el Reglamento de las Oficinas de Asistencia a las Víctimas, la Reforma del Código Penal operada por L.O. 1/2015 de 30 de marzo, la Reforma de la LOPJ(L.O 7/2015, de 21 de julio), el Real Decreto Ley 3/2013 de 22 de febrero, por el que se modifica el régimen de tasas en el ámbito de la administración de justicia y el sistema de asistencia jurídica gratuita, la Ley Orgánica de modificación del sistema de protección a la infancia y adolescencia (L.O 8/2015, de 22 de julio y Ley 26/2015, de 28 de julio) y la Ley de Jurisdicción Voluntaria (15/2015, de 2 de julio).

 

¿Necesitan los jueces y juezas, personal altamente cualificado que sólo precisan de hechos para aplicar el Derecho, una guía explicativa, práctica y orientativa para comprender o entender la LIVG? Sin duda, no, de ahí que dicha guía sea un manifiesto abuso de posición dominante del alto mando feminista, un perverso instrumento para recalcar y explotar al máximo de sus posibilidades lo más dañino y cruel de un conjunto de leyes ya de por sí cortocircuitadoras de las relaciones hombre-mujer, dado que a las primeras de cambio provocan cicatrices sin cura en toda pareja, como vienen desgarrando el tejido social.

 

Una pareja, una vez entra en conflicto, digamos una desavenencia puntual, o hasta cuando se constata que pasa por una mala racha, cuando una u otra coyuntura, por lo común, forman parte del natural proceso relacional, es continuamente motivada para que ese conflicto se resuelva de manera pronta y eficaz. Una vez prohibida por ley la mediación, todo conflicto adquiere un protagonismo absoluto y la “denuncia”, ese objeto de deseo, brilla con el fulgor de una diva, cuando en realidad no es más que un anzuelo de género. Con este ardid, si ella pica, su pareja saltará por los aires y sus hijos entrarán en un estado de perplejidad ante el fuego cruzado que han iniciado sus padres. Una vez tragado el anzuelo de la denuncia, la pócima que impregna tal carnaza hace imposible frenar sus efectos, dar marcha atrás, porque esa anhelada denuncia, es precisamente el combustible que incendia toda relación de procedencia y a su vez se trata del mismo y amado combustible que mueve la Gran Teta de Género, esa máquina de horror que por un lado amamanta a sus seguidores y por otro no cesa de mover su pesada mole hasta que denunciante y denunciados quedan hechos pedazos, siendo entonces cuando este artefacto espera a una nueva inocente que sistemáticamente denuncia, hecho que ocurre sin demora.

 

José R. Barrios