Pongámonos en situación…

Imaginemos que se aproxima la fecha del Cumpleaños de un familiar nuestro que, a su vez es, digamos, una personalidad pública con una gran relevancia social…

Continuemos imaginando que, todos los años y hasta no hace mucho tiempo, tanto los parientes como los amigos de ésta persona teníamos la sana costumbre de celebrar dicha festividad por todo lo alto, que a tal efecto se organizaba siempre una cena en su honor, y por tanto, las semanas previas a ésta procurábamos difundir lo máximo posible los preceptivos recordatorios, preparábamos con esmero los regalos que le íbamos a hacer y nos volcábamos en que la casa o el restaurante donde se acogiera el ágape estuviera lo mejor dispuesto posible. Y además, nosotros acudiéramos con nuestras mejores galas…

Prosigamos pensando en el supuesto que, en los últimos tiempos y de una manera sorprendente, el mismísimo día y hora del Cumpleaños de dicha persona, del verdadero protagonista del festejo que nos congrega, cuando éste acudiera alegre y confiado en que, como es lógico, se le recibiría con los brazos abiertos en el lugar donde nos hemos reunido, de golpe y porrazo no sólo no lo acogiéramos como se merece, no sólo no le agasajáramos con nuestros regalos, sino que además, le impidiéramos el paso a presidir la mesa, dejándole plantado fuera, en la calle, delante de la misma puerta de acceso.

Y ricemos un poco más el rizo, y, por si ello no fuera poco, pensemos que mientras el homenajeado permanece esperando en el exterior, a la intemperie, solo, pasando frío y preguntándose del porqué de ésta nueva y sorprendente actitud de quiénes siempre le habían invitado año tras año, éstos, los ya congregados a la mesa, empiezan a comer, a beber, a cantar - en definitiva, a festejar el cumpleaños - en ausencia del “cumpleañero”, sin que éste se encuentre junto a ellos…

Y como colofón, cuando éste pobre “cumpleañero”, no entendiendo nada de lo que ocurre, llama a la puerta minutos después para intentar preguntar a los sentados a la mesa del porqué de ésta extraña actitud, la mayoría de ellos le echan de allí literalmente a patadas y con malos modos, recriminándole encima que éste “ha herido” sus sentimientos, y señalándole que “aquí sobras y molestas” por “aguafiestas”.

Éste se aleja triste, abandonado y despreciado, mientras los convidados continúan con su vacío y artificial jolgorio…

Ahora, querido lector, párese a reflexionar sobre la estampa que se acaba de describir. Y no creo equivocarme si pienso que, como no podrá ser de otra forma, a Ud. y a toda persona de bien le parecerá, aparte de bochornosa, indignante y cruel por los hechos en sí mismos, también incomprensible, hipócrita, falsaria y digna de un estudio psicológico y psiquiátrico en toda regla….

Pues bien: ésta postal que relato es el vivo y sangrante ejemplo de lo que en España en particular, y en todo Occidente en general, se viene perpetrando sistemáticamente con LA NAVIDAD (el Cumpleaños) y con el homenajeado del cual celebramos ese Cumpleaños: JESUCRISTO. 

Todo ésto viene a colación por lo que leo en la Prensa de estos últimos días (y con pasmosa incredulidad por mi parte, he de reconocerlo): “el 90 % de los españoles se consideran personas de tradiciones navideñas”  y que “el 85 % de ellas decoran su hogar”… ahora bien, ojo al dato: “el 51 % coloca sólo el Árbol, el 20 % colocan Árbol y Belén simultáneamente, y el 14 % de ellas sólo coloca el Belén”.

De lo cual se deduce que, simplificando los datos, un 61 % de los españoles se decanta por el árbol, y sólo un minoritario 24 % por el belén o pesebre. Cifras que dan que pensar…

En los últimos 15 / 20 años como mucho, hemos venido asistiendo a un “gota a gota” permanente, a un lavado de cerebro continuado y Diabólico - sí, he dicho bien: malvadamente, pero seductoramente también, diabólico - perfectamente orquestado y planificado, que ahora ha llegado a su máximo Apogeo, logrando - cual “cuadratura del círculo” - lo que parecía un imposible: que el 24 - 25 de Diciembre se continúe celebrando, festejando y conmemorando LA FECHA de un evento, EL EVENTO por antonomasia, el más trascendental de la Historia Humana, del Universo entero, como es la Encarnación, Nacimiento y Manifestación del único Dios Verdadero en la segunda persona de su Santísima y Eterna Trinidad - esto es, Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre - pero eso sí, sin glorificar, sin alabar, sin representar y - lo que ya es el colmo - sin ni siquiera llegar a nombrar a Éste, auténtico y único motivo de la celebración que nos ocupa en éstas fechas.

¿Qué está pasando? ¿Cómo se ha llegado a este oprobio? Evidentemente, ahora sí que podríamos parafrasear con plena vigencia aquella funesta frase pronunciada por el nefasto Manuel Azaña durante la IIª República: España ha dejado de ser católica”. Por Obra de unos, por Omisión de otros, y por Rendición de unos cuántos…

Echo la vista hacia atrás, a los años de mi niñez, haciendo un ejercicio de recordatoria retrospectiva, en las que mi mente evoca un Madrid con puñados de Pesebres, Nacimientos y Belenes por sitios estratégicos, una ciudad plenamente iluminada, con unas grandes avenidas, calles principales y portales de casas engalanadas con motivos cristianos en sus bombillas y en sus adornos, con carteles de “Feliz Navidad” por doquier, con aquellos tronos dorados colocados en diferentes centros comerciales en los cuales se sentaban los tres Reyes Magos de Oriente para recibir los besos y las cartas de los más pequeños e inocentes - entre los cuales, yo me encontraba - con grupos de jóvenes y adolescentes que iban casa por casa cantando villancicos para pedir su “aguinaldo”… y ahora ¿qué me encuentro yo ahora en la ciudad que me vio nacer, en la capital de mi Patria?

Ahora me encuentro un Madrid desierto de Misterio y de Ilusión, una Villa oscurecida y triste como en una noche de Otoño / Invierno cualquiera, con sus principales puntos neurálgicos desiertos y huérfanos de cualquier decoración navideña, y en aquellos pocos espacios en los que ésta se ha colocado vergonzantemente, para cumplir un simple “trámite”, no son más que amariconados, neutros y masónicos paneles lisos de bombillas, mudos y sin sentido, que lo mismo podrían servir para los carnavales de Febrero, que para la Feria de Abril de Sevilla que para la Verbena de Agosto; me encuentro con un invasivo “felices fiestas” por todos lados; paneles publicitarios por doquier con ese gordo barbudo vestido de rojo, patrocinado por la conocida empresa yanqui embotelladora de venenoso gaseoso; con jóvenes y adolescentes - y no tan jóvenes y adolescentes - profiriendo las más soeces y procaces letras ensambladas en las inocentes melodías que yo aprendí desde niño de éstas fechas…

Hace unos dos años, me llegó por Whatsapp una imagen que me dejó el corazón helado: una gran pancarta vertical colgada en un tramo de la Quinta Avenida neoyorquina, en la que salía un “Papá Noel” y un Niño Jesús… con dos satánicas proclamas sobreimpresas en inglés sobre uno y otro, respectivamente, que decían: “celebrad la fiesta. Destruid el mito”.

Esta indignidad, en definitiva, promovida - hay que decirlo ya tal cual, y sin tapujos - por la judería capitalista y por la masonería de gentiles “tontos útiles” al servicio de aquella, es lo que muchos estamos padeciendo hoy en España, y en lo que queda ya de nuestra Civilización - antaño “Occidental y Cristiana” - incluso tristemente y en muchos casos en los círculos sociales más cercanos a nosotros…

Se ensalzan en éstos días palabras bonitas: “Amor”, “Paz”, “Familia”, Tradición, “Ilusión”… pero todas ellas vacías de contenido, superficiales, como cáscaras vacías y muertas, porque ahora “toca” ser proclamadas en voz alta y pomposamente, repetitivamente, por quienes día a día, durante el resto de año, no hacen otra cosa que, inconsciente o conscientemente, socavar dolosamente los valores de la Fe, de la Patria, del Honor, de la Dignidad Familiar y de la Hermandad Social entre los Hombres… y porque olvidan que todos esos conceptos y valores provienen y emanan, necesaria, originaria e inapelablemente, del Único Dios Verdadero y Revelado que ahora, muy “laicamente”, muy “tolerantemente” y muy “políticamente correcto” se pretende expulsar de nuestros hogares, de nuestra sociedad y de nuestra Nación…

En éstos últimos tiempos, muchas veces me he venido preguntando… ¿por qué la incoherencia y el esperpento de “celebrar la Navidad” por parte de aquellos que no creen, y en el caso de creer, no manifiestan, la Natividad?

¿Por qué, en un caso, el pretender ser partícipe de una festividad castrada de hecho, y laicizada por Derecho, por parte de muchos descreídos - agnósticos o ateos - cuya verdadera significación les trae al pairo o directamente la odian? ¿Acaso yo, cristiano católico, apostólico y romano, celebraría falsas “festividades” religiosas como la “Januká” judaica, el “Ramadán” mahometano, el “Rama Navami” hindú o el Año Nuevo chino?

¿Porqué, en el otro caso, el pretender dar a esta Fiesta ese carácter “Familiar” - falsario carácter “Familiar” de cartón piedra en muchas ocasiones, diría yo  - cuando el resto de año hay familias que más bien se parecen a campos de batalla entre sus miembros - cuando se soslaya, se esconde, se margina y se exilia A LA SAGRADA FAMILIA de Belén como modelo a seguir?

Yo no pretendo, ni mucho menos, obligar a nadie a tener forzosamente Fe, u obligar que todos tengan un mismo nivel de compromiso con la Fe. Eso es una esfera privada a la que yo sólo podría contribuir con mi testimonio personal y mi Oración.

Pero en lo concerniente a la vida pública, al espacio público, al Testimonio colectivo y público, yo me rebelo.

Me rebelo ante una falsificación del 25 de diciembre. Me rebelo ante la “celebración” meramente consumista, materialista y gastronómica del día, sin celebrar al Protagonista y a Su mensaje.

Me rebelo ante quiénes Lo esconden y Lo ocultan precisamente en el Día de Su Nacimiento, ante quiénes se avergüenzan cobardemente de Él.

Me rebelo a que me arrebaten mis recuerdos y mi Tradición.

Me rebelo contra mis enemigos, que son los enemigos de Cristo, y me rebelo contra los que se burlen de Él, , invadiendo, profanando, subvirtiendo e invirtiendo un espacio Sagrado en el que no creen.  

Me rebelo, en definitiva, contra el pretender que nos impongan el celebrar algo sin sentido, por mucho boato y lazo rojo con lo que nos lo presenten.

Tan sólo le pido a Dios, y a su Hijo Cristo Redentor, que la angustia que a veces reconozco que puede atenazarme por el pasado perdido de mi Infancia, o por nuestro negro y difícil presente, no me haga sucumbir de mis creencias.

Al menos me queda la Esperanza de que ¡Ay! de aquellos que, osados, levanten contra Dios la bandera de Satanás, ya que éste pondrá a Sus enemigos como estrado para Sus Pies.

Pecador, siempre fui, lo soy y lo seré. Pero hereje o traidor, nunca. Y aunque tenga que formar parte de una heroica resistencia, o de una “inmensa minoría”, yo no me cansaré de proclamar públicamente, “oportuna e inoportunamente” y más en esta fecha, que el Verbo era Dios, que el Verbo está junto a Dios y que el Verbo de Dios se hizo Carne, y Habitó entre nosotros.

Que esa Carne, hecho Niño y Hombre, es Su Hijo Unigénito, que se llamaba y se llama Jesús, que nació en Belén de una Santa y joven Virgen llamada María, que fue también amorosamente educado por su padre adoptivo San José, que fue adorado por ricos y pobres, por pastores y Magos, y que en el gozoso día de Su Nacimiento, de su Natividad, manifestándose así como el Salvador y Redentor de los Hombres, todos los Ángeles y Coros Celestiales acudieron a su Presencia, Glorificando así a Dios Padre en las Alturas, y pidiendo Paz en la Tierra en base a la Buena Voluntad, pero también como Obra de la Justicia.

Esto que proclamo, y que muchos olvidan hoy en día, sí, suena subversivo. Pero bendita subversión aquella que es concordante con aquella máxima que el Salvador nos señaló:

Todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también le confesaré delante de mi Padre, que está en los Cielos. Pero cualquiera que Me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre”

(Mateo, 10, 32-33)

 

“Ha Nacido la Luz. Y la Luz Vencerá sobre las Tinieblas”.

Juan Antonio Lamarca