En la hora de los enanos, el más pequeño de todos ellos, Pedro Sánchez el Ochomesino pretende clausurar su breve (que no leve) periodo gubernamental con un garabato de rencor al pie de un decreto de odio para profanar la tumba del Generalísimo Francisco Franco, gigante histórico que, al decir de Manuel Azaña, “no se sublevó contra la República, sino contra la chusma que la gobernaba”. La chusma como Pedro Sánchez el Ochomesino y el rebaño de imbéciles clínicos que pastorea, flanqueado por los cadáveres comunistas con coleta y tutelado por la horda de separatistas que se han cansado de hacerle el boca a boca a un enano ochomesino que les prometió enterrar a España en la tumba de Franco.

 

Antes de irse por el sumidero de la Historia camino del albañal de las urnas, el enano más pequeño de esa chusma que aún gobierna España ha vuelto a prometer lo que no puede cumplir, insiste en ofrecer lo que no le es dado otorgar y se empeña en un afán que le retrata como el paradigma del tonto diagnosticado por Platón: “el que persiguiendo un objetivo consigue exactamente lo contrario de lo que anhela”, pues Sánchez el Ochomesino no ha conseguido exhumar ni profanar la tumba del Caudillo; al contrario le ha “resucitado” y le ha engrandecido (aún más, si cabe) en el corazón y en la memoria de millones de españoles que no siendo franquistas tampoco eran antifranquistas. He ahí al tonto diagnosticado por Platón, que en su versión celtíbera muta en el garbancero “sostenella y no enmendalla” con el que Sánchez el Ochomesino quiere vengarse del César muerto, del que no sabe absolutamente nada; lo cual le capacita para formar en el cuadro de honor de las páginas amarillas de los tontos machadianos que, según el hermano de Manuel Machado, son todos aquellos que desprecian cuanto ignoran.

 

No ha conseguido enterrar a España ni profanar la tumba del Generalísimo Francisco Franco, pero Sánchez el Ochomesino, el más pequeño de los enanos que gobiernan en España, se presenta a las elecciones. Mucho ojo que lo mismo va y las gana, porque en España, desde que murió Franco, hay mucho tonto platónico, machadiano y garbancero. Sobre todo garbancero. Y votan, mayoritariamente al PSOE.