Tras los debates de ayer, hemos vuelto a ver el circo en que se convierten nuestras instituciones podridas mediante el insulto y la afrenta permanente, el "y tú más" de todos contra todos, elguerracivilismo como arma arrojadiza, y el terrorismo también...
 
Ayer pudimos ver, de nuevo, a Pablo Iglesias recuperando la garra y la vehemencia del pasado, las reivindicaciones políticas y sociales por cuyo enarbolamiento se encuentra al frente de Podemos y, de nuevo, volvió a captar la atención y las simpatía de la gente de la calle, los otrora indignados y ahora amansados en el redil de su organización...Hasta que volvió a cagarla.
 
Y la cagó de nuevo al volver a hacer reposar todo su mensaje sobre la absurda y superflua reivindicación del independentismo catalán y hasta el gallego.
La cagó, sí, porque quienes hemos votado a Podemos, salvo quienes le bailan el agua a la oligarquía catalana, somos trabajadores, humildes y sencillos, que necesitamos creer en la igualdad, la libertad y la fraternidad de todos los hombres y mujeres de España... y el independentismo representa exactamente lo contrario
La cagó, sí, porque quienes hemos votado a Podemos, salvo quienes le bailan el agua a la oligarquía catalana, somos trabajadores, humildes y sencillos, que necesitamos creer en la igualdad, la libertad y la fraternidad de todos los hombres y mujeres de España... y el independentismo representa exactamente lo contrario. 
 
Representa los privilegios de unos pocos frente al resto de los ciudadanos, es decir, la desigualdad en beneficio del señorío feudal de turno perteneciente a la más repugnante casta de oligarcas, corruptos y fabricantes de dinero negro a costa del pueblo al que dicen servir. Representa la falta de libertad, la represión y el desprecio por ser étnica y originalmente distinto, por no hablar catalán, por ser charnego, por ser español de cualquier otra región de España. Y significa también la intolerancia, el egoísmo cerril basado en la sangre, la tierra, la cultura y la lengua, es decir, el NACIONALSOCIALISMO en toda su repugnante extensión y crudeza. 
 
Así, mientras en el mundo se tiende a derribar fronteras, a eliminar barreras, a hablar desde la infancia varias lenguas que nos acerquen al máximo los unos a los otros, mientras pretendemos acoger refugiados y derribar vallas y concertinas, los independentistas, a los que Pablo Iglesias les come la boca en el hemiciclo, pretenden levantar muros donde nunca los hubo. Muros de incomprensión, de aldeanismo, de división de la clase trabajadora y obrera, de ignominia, de desigualdad, de egocentrismo intolerante e imposiciones basadas en criterios excluyentes, racistas y totalitarios, FASCISMO en suma.
 
Y los votantes de Podemos de Andalucía, y de Extremadura, y de Albacete, y de Cuenca, de Madrid o de Castilla, no le votamos para que trazara líneas rojas al servicio de la oligarquía catalana, sino todo lo contrario. Para unificar a las clases medias, trabajadoras y obreras frente a los desmanes de los poderosos y privilegiados, a los desahuciados, los parados, los autónomos para exigir Justicia Social e Igualdad. Le votamos para que trazara líneas rojas respecto de la falta de vivienda, los desahucios y la precariedad laboral; para que bajara los impuestos a los pobres y los subiera a los ricos; para que nacionalizara la banca y todos los sectores estratégicos para beneficio del pueblo, para que negociara la salida del euro, y de la UE, y de la nefasta influencia de la Troika, del TTIP y de todas las cesiones de soberanía popular a intereses de fuera. E intereses de fuera, mercantilistas y financieros, son los que quieren fragmentar esa misma soberanía para dar cobertura a los déspotas Mas, y los Pujol, y el resto de corruptos prevaricadores de la mordida y el embuste para perpetuarse en el poder, a costa del sacrificio y el esfuerzo de todos los catalanes y el resto de españoles.
 
La izquierda española debe abandonar ese tendencia a asumir el kit completo de mezclar reivindicaciones sociales justas -dispuesta siempre a posponer, sine die, en el fondo de un cajón por falta de redaños- con el apoyo a los grupos nazis del país, enemigos acérrimos de los valores de la libertad, igualdad y fraternidad que deben perseguir las conquistas sociales. Esa tendencia absurda, y traidora a la soberanía del pueblo español, único titular de la misma, que le lleva a simpatizar con asesinos y torturadores etarras, o a considerar a Otegi un preso político. Esa tendencia que lleva a Pablo Iglesias a transigir con todo lo esencial y determinante de su programa social presuntamente revolucionario, pero a ser inflexible con lo que sólo le importa a las oligarquías a las que se supone que vino a combatir y a derribar: el separatismo secesionista nazi y, por ende, traidor a la esencia del pueblo.
 
Podemos tiene ante sí una ocasión histórica para plantar cara al Estado demoliberal burgués-capitalista, al servicio de la Europa de los mercaderes, ahí sí, intransigente y valiente para defender los derechos sociales de los más necesitados, o de fracasar de nuevo, traicionándolos por servir a los intereses de los oligarcas catalanes. 
 
Si no abandona su postura ambigua frente al terrorismo y frente al independentismo nazi, muchos no volveremos a votarle: los que queremos para España una República Federal y Sindical de Trabajadores aunados en un Proyecto Común autogestionario, revolucionario y libertario, sin resquicio para etnicismos, racismos, nacionalismos ni oligarquías de ninguna especie.