Decía don Miguel de Unamuno que "Nada denuncia tanto la ordinariez del espíritu, la ramplonería y plebeyez del alma, como el apego a la comodidad". Nos encontramos, ahora más que nunca, en un escenario perfectamente descrito en esa frase. Tenemos dos Españas, sí, pero no son las dos que cree el lector: la primera es la plebeya y llena de odio; la segunda, la cómoda y acomplejada. Y ambas, juntas, forman al tiempo la España envilecida.

 

Haber comenzado citando a Unamuno no es casualidad tampoco. Es otro de los grandes personajes de la España eterna que están manipulando, falseando y utilizando con una maldad sin parangón. Ahora mismo, por ejemplo, está en la cartelera una infame película que miente y tergiversa una anécdota manipulada. Y no pasa nada. No hay problema en que ataquen al corazón de nuestro patrimonio cultural, y ocurre lo mismo con el patrimonio militar sobre la figura de José Millán-Astray. El fundador de la Legión; ¡y fundador también de Radio Nacional de España, por cierto! Hecho, este segundo, ignorado y silenciado como tantos otros que paso a describir.

 

Y a todo esto, señalo sus mentiras porque he venido a hablar de Franco.  Sin tapujos, cándido corderito de lo correcto: he dicho Franco; y lo diré mil veces donde haga falta. Porque en estos días se está produciendo el hecho más vergonzante y miserable que existe, la profanación de un cadáver, mediante el secuestro explícito de una comunidad religiosa. Todo ello mientras se niega cualquier posibilidad de opinión o de honores militares al mencionado. Cosas de la libertad.

La figura militar de Francisco Franco se empieza a dibujar de norte a sur, entre Asturias y Marruecos concretamente. Comienza en África, con una brillante y heroica carrera. ¿Ha leído alguien sobre el Desembarco de Alhucemas? ¿Podemos decir que la operativa de aquella innovadora táctica militar que dio la vuelta al mundo fue obra de un Coronel gallego de apenas 30 años? ¿Han leído la opinión sobre esto en los manuales de estrategia de la Legión francesa o del mismo Eisenhower?

 

Ya antes de esto, en 1916, fue nombrado Comandante y destinado a Oviedo para poder controlar la belicosa situación con las huelgas mineras. Luego, en 1920, vuelve a Marruecos, donde cumple y mejora el rol encomendado, cofundando además la "Legión Extranjera" con Millán Astray. Continuamos cronológicamente y nos plantamos en 1934, otra vez en Asturias. De nuevo recurren a Franco para defender la República, han oído bien, por la República. Una guerra en toda regla, uno de los violentos golpes de Estado producidos por la maquinaria del puño y la rosa. Una organización que lleva 140 años produciendo crimen pero venciendo por la mera agitación y la propaganda permanente. Y estamos ya en 1936 con una España siendo el tablero de la mayor persecución religiosa de la historia. De la historia, que se enteren los Obispos.

 

Una España donde los curas eran literalmente exterminados por el hecho de existir. Donde la persecución, la analfabetización, la pobreza y la miseria eran el único pan de cada día. Por esto, por todo esto, se puede y se debe entrar al debate histórico sobre Franco sin ningún miedo. El General más joven de Europa en lo militar, ejemplar en Marruecos, obediente en Asturias, y único en el 36. Porque es el único que le ganó una guerra al comunismo en el máximo apogeo de la URSS. Sí, de la URSS, recuerden que en la madrileña Puerta de Alcalá ondeaba la figura de Stalin.

 

Siendo ya Jefe de Estado y Generalísimo de los tres Ejércitos en este punto del análisis, desde 1939 implantó el mayor servicio social que existe en el mundo. Y sigo, no me dejen en mi delirio de lo incorrecto. En España se inauguraron más universidades, hospitales e infraestructuras que nunca. Porque la paz y la reconciliación fueron un hecho latente (pregunten a cada abuelo, uno por uno). Porque se adelantó, incluso, a los retos futuros, como en el caso de la escasez de agua. Escuchen aquí los climáticos: creó la mejor red hidrográfica de la historia preservando el medio natural. Para ser francos, escuchen bien, indaguen y estudien a Franco. Y acuérdense de Franco cuando puedan beber agua pagando una irrisoria factura. O cuando hablen de calidad en el empleo, o de conciliación familiar en el trabajo. Y de vivienda o hipotecas. Hagan este ejercicio: cuenten con los dedos de una mano sus propiedades, y después con la otra las de sus abuelos. Comparen, y después de ello intenten mirar sin sonrojo el cadáver profanado de Franco.

 

Y piensen, si tienen estómago, en mover el cuerpo de Franco hasta cuando disfruten de un baño en las hermosas playas de Alicante, porque la mayor parte de ellas fueron parte de la obra del mismo. Como las pagas extraordinarias, y unas empresas públicas rentables que ninguno de los mediocres del odio actual podrían haber ideado ni en 50 vidas. O cuando hablen del desarrollo de la industria, del medio rural y de la España "vaciada", o de la cultura. Vayan a ver cine español, al museo, lean literatura y comparen. Sin embargo, la España del odio apunta, dicta y escribe: ¡hay que humillar al muerto! Y hasta negarle los honores y la propia bandera de España. Y es que es éste su único problema, ésta es la clave del odio a ese cadáver: que no pudieron con ESPAÑA y que no pueden ver la Cruz. Especialmente la del Valle de los Caídos, por ser la más grande del mundo.

 

... Y la tonta adormecida

 

¿Y la otra, qué es de la otra España? La otra duerme, si acaso resopla, y pocas veces sonríe. Porque no está, ni se la espera. Esa España no ama, no siente, no defiende, languidece en la superficie de lo impuesto yendo al cine adulterado. Deambula sin pasión leyendo las abyectas sentencias del Supremo. Supremo de este suelo y de este tiempo, pero carente de la Verdad infinita como demuestra la sentencia de Cataluña.

 

Esta España calla y camina sin alma "en libertad" mientras pisa este suelo sacro. Es sosa e insulsa, consulta y consume las "emergencias" que marca y dicta la anterior España. Ahora es la climática, ¡por supuesto! Una España indigna que bate hoy en día los índices de suicidios. Una España que otrora fue bastión de Occidente. De las artes, las ciencias y de las letras, que hizo de la Cruz y de la espada el espejo de la paz, la convivencia, el bienestar, la prosperidad, la alegría, el orgullo y la unidad. Tan culpable es la primera, como cómplice la segunda. Tan traidora ha sido la cúpula de la Iglesia como cobarde la del Ejército. Tanta mentira hay en la revisión histórica de Unamuno como en la de Franco. Opinen, respiren, lean, profundicen. Sin miedo a lo impuesto, con patrio ardor. Entren en los debates doctrinales y operativos del franquismo, por supuesto.

 

Verán que negar la trascendencia vital de la figura de Franco para que España hoy exista como tal geográfica, moral, social y culturalmente, es mentir. Verán que todo esto que llaman exhumación es el colmo del mal. Se trata de un ataque directo y simbólico a los valores de una España buena, noble y fuerte como nunca lo fue. Y los españoles que se echan a un lado al respecto, están siendo traidores a su propio ser.

 

Luis Fernández-Villamea Alemán