Cada día son más las mujeres en España que realizan esta afirmación.

Habría que preguntarse cómo es posible siendo mujer, estar a favor de un partido que habla de derogar la ley de protección integral contra la violencia de género que, en teoría, está hecha para protegerlas; un partido tachado de machista, de ir “contra los derechos de las mujeres” y de querer retrotraerlas al ámbito de lo privado y los quehaceres del hogar; un partido que aboga por el derecho a la vida y por la perpetuación de la familia.


¿Es posible que estas votantes de Vox se encuentren

“alienadas por el heteropatriarcado”?

 

Para las “feministas supremacistas” es la única “justificación” posible por la que una mujer no comulgaría con sus máximas de expropiación de lo femenino, demonización del varón y de exterminación masiva de la familia. Y así lo gritan histéricamente allá donde las dejan que, básicamente, es en todas partes.

 

“Osar” oponerse y cuestionar sus explicaciones tautológicas sobre lo que es la Igualdad y el Feminismo es situarte en el blanco de difamaciones, devaluaciones, persecuciones, escraches y todo tipo de acusaciones a través de la infinidad de medios de que disponen. Entre ellos, todos los medios de comunicación públicos y casi todos los privados. Y no solo eso, redes sociales como Twitter y Facebook, bloquean sistemáticamente a personas que no comulgan con las ideas del socialismo criminal del siglo XXI en cuanto ven que comienzan a tener un público amplio, como les ha pasado a Jano García, “El libre pensador” y Joan Planas, conocidos divulgadores desde el estudio y conocimiento, de las atrocidades que estamos viviendo y de la deriva a la que, como sociedad, nos lleva.

 

Cómo será esta locura orquestada por el neomarxismo y hasta qué punto su fanatismo que, desde “las misándricas altas esferas”, se están planteando cercenar la libertad de expresión y decretar delito de odio cuestionar la Ideología de Género. Esferas donde las mujeres son meros adornos para vendernos políticas feministas que justifiquen todo el despilfarro que las acompañan. No cabe otra explicación ante la evidente mediocridad de sus representantes femeninas.

El por qué una mujer llega a ser votante de Vox tiene variables particulares y generales.

 

Estas mujeres están hartas de la infantilización y victimización de lo femenino. No se consideran víctimas de nacimiento y por el momento, se siente y saben libres en España. Se encuentran horrorizadas ante el uso espurio que se hace del sufrimiento de mujeres que, verdaderamente, son víctimas de violencia. De una violencia que, en el ámbito privado, no es solo la que se pueda producir en el contexto de una relación de pareja, sino la que experimentan tanto niñas como ancianas “dentro del hogar” y de las que los varones tampoco están exentos. Violencia ejercida normalmente por sus cuidadores principales, que suelen ser mujeres.

Se sienten impotentes al ver cómo los hombres que aman (padres, hermanos, nuevas parejas, hijos) son demonizados, estigmatizados y arruinados económica, social y emocionalmente. Cómo les niegan sistemáticamente, ejercer su paternidad mientras les obligan a continuar con el rol de proveedor económico. Siempre de la mano de una ley ajena a todo principio de igualdad.

 

La Ley de Protección Integral contra la mujer es una ley machista ya que perpetua los roles discriminativos de ambos géneros: mujer siempre víctima (y “Ser de luz”), hombre siempre agresor y proveedor hasta la extenuación o la misma muerte.


El feminismo supremacista y radical con la ley en la mano, lleva a los hombres al suicidio tras convertirlos en meros despojos humanos. Permitiendo que los verdaderos psicópatas y depredadores sexuales, anden sueltos. Es un feminismo hibristofílico, adorador de asesinos, que vota por dejar en la calle a los violadores de sus hijas. Y que no solo no condena, sino que oculta los datos cuando las violaciones en manadas no son realizadas por hombres heterosexuales blancos.

 

Las mujeres que votan a Vox saben que, según la psicología social y la sociología, la inmigración masiva y no controlada, aumenta la marginación y con ello, la criminalidad en todas sus formas: hurtos, robos, palizas, prostitución, tráfico de drogas, tráfico de armas y violaciones. Máxime si esta inmigración proviene de culturas opuestas. Dejar que culturas arcaicas invadan una sociedad donde la mujer es absolutamente libre de hacer y deshacer, de estar con quien quiera, de tomar sus propias decisiones, de gestionar su vida, su dinero y su trabajo es una abominación para las mujeres que trabajaron por la igualdad real. Es poner en riesgo todo lo que la sociedad en conjunto ha conseguido. Porque, y que no se les olvide a las supremacistas, el feminismo triunfó gracias al apoyo de muchísimos hombres. Hombres a los que hoy, este feminismo, que ha perdido la cordura, está matando.

 

Las “mujeres que votan a Vox” son conocedoras de cómo anualmente aumentan los problemas de fertilidad; del daño para la salud de utilizar el aborto como método anticonceptivo; de las cicatrices físicas y emocionales que éste deja. Y por supuesto, estas mujeres creen que el hombre, el padre, también tiene voz y voto en esa decisión.

 

Me he centrado en las variables de “género” por las que una mujer vota a Vox y que como ven, entre otras aberraciones, conllevan la permisividad, por parte del mismo Gobierno, de la violencia de las mujeres supremacistas contra las mujeres feministas de primera ola que no se dejan inocular por la ideología de género. Pero hay muchas más.

 

Investiguen, indaguen y que ustedes ¡lo voten bien!