Durante varias décadas ha estado usted votando al PP con la esperanza de que frenara las políticas corruptas del PSOE y los despotismos separatistas. La experiencia más elemental señala que en todo este tiempo la unidad de España ha empeorado hasta límites peligrosos, hoy en práctico golpe de estado permanente, con un PP todavía más benefactor y financiador de los separatismos que el PSOE .
 
En estos años el PSOE  ha impuesto leyes tiránicas y antidemocráticas como las de memoria histórica o las de género, continuadas y agravadas por el PP.  La ETA, casi destruida en tiempos de Aznar, fue rescatada y convertida en una potencia política, en ataque permanente a España, por Zapatero y luego por  Rajoy. Ha podido usted comprobar cómo políticos del PP se empeñan en entregar soberanía española “por grandes toneladas”, según dijo un ministro, a la burocracia LGTBI de Bruselas, como si en vez de servidores de esa soberanía la consideraran una especie de finca de su propiedad.  Usted ha visto cómo en las regiones gobernadas por el PP se han fomentado los separatismos  oponiendo lenguas regionales a la española común que une a todos y marginando esta de la administración y la enseñanza. 
 
Usted ha visto en Andalucía  cómo el PP declaraba, con el PSOE, “padre de la patria andaluza” a un orate islamizado  enemigo cerril de España. O cómo sus servicios de orden prohibían la bandera española en sus mítines… No seguiré, porque es interminable la cantidad de fechorías contra la unidad de España y la democracia  perpetradas por el PP en estos años a la vista de todos.

 

   A pesar de ello, usted se convencía de que, en todo caso, el PP era “el voto útil”, pues no había alternativa razonable. Y no la había, en gran medida porque el propio PP trataba de asfixiarla. Con típico maquiavelismo de aldea  fomentaba a Podemos en los medios para  debilitar a su socio-competidor el  PSOE y de paso asustar a sus propios votantes, como usted. El resultado está a la vista, y a un coste muy elevado para España y la libertad. Al mismo tiempo el PP trataba de rodear a VOX de un muro de silencio, pero la indignación creciente en amplios sectores de la sociedad española ha roto ese muro, y hoy VOX aparece como una alternativa real, en una situación política que se ha vuelto de  extrema necesidad.

 

   El PP, siempre con su maquiavelismo aldeano, dice ahora que hay que unir fuerzas  “para echar a Sánchez”. Tal como echó a Zapatero para seguir a continuación sus políticas.  El PP es hoy un partido mandado por un político de  ínfima talla, que acaba de retratarse de cuerpo entero ante la infame y canallesca profanación del Valle de los Caídos y de la rumba de Franco. El PP, que tanto ha contribuido a sembrar las semillas de la disgregación de España, la corrupción y la ilegalidad,  es  hoy él mismo un partido  en proceso de disgregación, casi desaparecido en Cataluña y Vascongadas, y con líderes prácticamente independientes en Galicia, Vascongadas o Andalucía. Y presidido por un chiquilicuatro que en vano se finge patriota y “constitucional” con el único objetivo de cortar el chorro de votos que se le escapan, para seguir sus políticas tradicionales, pues ha crecido a la sombra de ellas y no conoce otras.

 

    Hoy se dibuja claramente una alternativa. Y, por fin, un voto útil para España y la democracia. Recuérdelo.