Ya hay un nuevo Gobierno con plenitud de funciones en España. Al frente del mismo se encuentra Mariano Rajoy, que, sin llegar a tener una posición cómoda, no ha sufrido excesivamente para repetir en el cargo si se tienen en cuenta las proporciones de las vicisitudes que han afectado a los asuntos políticos durante los últimos meses.

En el discurso de investidura ante el Congreso de los Diputados, cuando, conforme al artículo 99 de la Constitución Española, Mariano Rajoy solicitó la confianza de la cámara, intentó mostrar un nuevo perfil. Quiso dar a entender que iban a verse importantes novedades en la actividad gubernativa, entre las que destaca una muy particular.

Fue fácil observar la manera en la que, el que ahora es presidente del Gobierno, quiso especificar que, a partir de ahora, habrá más diálogo para lograr el consenso sobre importantes temas que afectan a la ciudadanía. Este hecho es muy importante, aunque es cierto que resulta tardío, pero también lógico.

En la anterior legislatura del Gobierno pleno de funciones del PP, se pudo comprobar sin muchos obstáculos hasta qué punto puede resultar lesiva para la democracia que un grupo parlamentario tenga en el Congreso la mayoría absoluta. Los que se encuentran dentro del grupo mayoritario aprovechan la legitimación dada por las elecciones generales y los grupos minoritarios poco pueden hacer, pues son pocos los medios jurídicos efectivos que permiten un verdadero control del Gobierno conforme al artículo 66 de la Constitución. Además, se puede hablar del exceso de decretos-leyes que fueron dictados en el Estado, con todo lo que ello implica.

El comportamiento de Mariano Rajoy y de sus ministros terminó ocasionando los problemas cuyas manifestaciones se han producido durante los últimos meses. La falta de participación del PSOE, la entrada de Ciudadanos en la política nacional y el nacimiento de Podemos hicieron que, existiendo un sentimiento de marginación para muchos, nadie quisiera, hasta el presente, pactar con el PP para favorecer la constitución de un nuevo Gobierno, debiendo destacarse también la incidencia de los intereses privativos de los distintos líderes en el proceso.


La configuración actual del Gobierno no invita a pensar en la existencia de diálogo y son muchos los que dudan de las buenas intenciones de Mariano Rajoy. Sin embargo, hay que tener confianza y pensar que es posible que intentarán lograr pactos por las circunstancias ministros que, en el pasado, no buscaron acuerdos.

Lo más adecuado es que Mariano Rajoy haya aprendido la lección y que, de ahora en adelante, se dedique a gobernar democráticamente, respetando a todas las formaciones políticas con representación parlamentaria dentro de los límites marcados por el ordenamiento jurídico, pues la sociedad depende de ello, aunque no unos pocos a los que les puede convenir lo contrario. El problema es que es fácil no lograr pactos y mantener lo ya implantado por el PP, que siempre podrá alegar falta de colaboración del PSOE y de Ciudadanos.