Se dice, se habla, se comenta e incluso se oye por ahí, que las mujeres que matan a sus hijos necesitan tratamiento psiquiátrico. Por descontado que es así, pero ¿los hombres que matan no?

Me pregunto por qué esta sociedad se esmera tanto en hacer distinciones entre los distintos asesinatos provenientes de uno u otro sexo.

Me remitiré a la última asesina, mujer y madre. Todos sabemos que mató a su hija hace apenas unos días, en concreto el 30 de diciembre de 2019. Un episodio dramático que quizá podría haberse evitado.

Un par de días después del asesinato, escuché una tertulia donde hablaban del caso y admito que me costó tragar tanta hipocresía como rezumaban los tertulianos por aquí y por allá. Se dialogaba acerca del estado mental de la asesina. Por supuesto todos sostenían que sufría de desequilibrio mental, que debe de ser distinto de frialdad y psicopatía. Juraría que incluso transmitían cierta pena hacia la madre, o acaso fueron apreciaciones mías a causa del asco que me produjeron.

Desde luego esa mujer en sus cabales no estaba. Un hecho que queda de manifiesto, pero mi estupor llegó cuando oí a uno de ellos defender que debían enviarla a un centro psiquiátrico en lugar de enviarla a la cárcel. Se ve que era médico psiquiatra y ella su paciente; de ahí el diagnóstico.

Este tipo de situaciones me lleva a ciertas reflexiones: ¿por qué alguien como la madre asesina estaba libre y al cargo de una menor? ¿No sostienen su desequilibrio? ¿Acaso la gente se vuelve loca de repente o ya lo estaba desde hacía tiempo? ¿Por qué tenía la custodia de su hija? ¿Por el simple hecho de ser mujer? Si la respuesta es sí, entonces quizá la sociedad sea en parte culpable.

¿Creen que si el parricida hubiera sido hombre, la sociedad habría tenido tantos miramientos? ¿Hasta cuándo va a permitir que se mire hacia otro lado cuando la pérfida, la mala, la asesina es una fémina? Y sobre todo, ¿por qué? ¿Qué hay detrás para que todos callen cuando la culpable es ella?

Está claro que todo el que mata tiene un punto de desequilibrio o psicopatía, pero quitémonos de una vez la venda de los ojos y entendamos que también debemos incluir a las mujeres.

Pero siguiendo con la historia y tras escarbar solo un poco, descubro anonadada que la familia intentaba incapacitar a la madre asesina pues sus salidas y entradas de centros psiquiátricos eran constantes. ¿Por qué ningún facultativo o juez impidió que esa mujer tuviera la custodia? ¡Qué agallas!

¿Trastorno? ¿En serio? Nadie habla de mujer psicópata aunque dio de sí para atiborrar a su hija a fármacos, llenar la bañera de agua, ahogarla, avisar a un periodista a través de las redes sociales para advertirle sobre lo que acababa de hacer, acudir a casa de una vecina para contárselo y telefonear al 112. Es decir, midió en todo momento sus pasos a sabiendas de lo que hacía. Si estuviera desequilibrada, habría seguido internada ¿verdad?

Si las feministas creyeran cuanto predican, ahora saldrían a la calle a gritar por esa niña, pero no, eso no va a pasar porque ellas solo vociferan por las mujeres mayores de edad y me pregunto por qué.

Se me ponen los pelos de punta al saber que existen más madres trastornadas y/o psicópatas con hijos a su cargo. ¿Cuántos niños y niñas más han de morir para ponerle punto final a esta situación demencial?