Bruselas, 23 de diciembre de 2019

 

Estimado Sr.  Ignacio Bermúdez de Castro Olavide:

 

Muy buenas. Mucho me cuesta escribirte esta carta por todo el dolor que me has causado, por todo el daño que le has hecho a mis hijos, por todo lo que me has robado y por todo lo que te has reído de mí.

 

Voy a tratar de dejar a un lado las emociones, aunque me cuesta, y voy a tratar de contar los hechos con objetividad y pruebas para al final poder concluir que tu Bufete de Abogados es el peor, con diferencia, de toda La Coruña.

 

Te conocí un día después de que mi mujer se llevara a mis hijos de casa, unilateralmente. Aquel día me preguntaste dónde trabajaba mi entonces mujer, y yo te dije que en la Jefatura Superior de Policía de Galicia. Recuerdo tú respuesta: allí tengo buenos amigos, precisamente hoy voy a ir a comer con un alto cargo. Nunca me volviste a hablar de ese señor del que me diste el nombre (nombre que yo ya había escuchado antes en casa, en boca de mi ex) y por ello siempre estuve con la mosca detrás de la oreja, pero nunca pude probarlo. Desde aquel día cogiste mi caso pero tú te echaste a un lado a la hora de dar la cara por mí.

 

Eso ocurrió la mañana del lunes 21 de septiembre de 2015. Me dijiste que por el tema de poner yo una demanda de divorcio me cobrarías 4000 euros más iva. Me diste una trocito de papel pequeñísimo en el que figuraba tu nombre y tu número de cuenta, y la cantidad escrita a mano de tu puño y letra. Como yo no sabía absolutamente nada de cómo funcionaban los despachos de abogados pues lo vi completamente normal. Ese mismo día, después de haber pedido prestado dinero, te hice la transferencia de  4840 euros por "Pago Minuta Separación" y ahí empecé a ser tu cliente y tu mi abogado.

 

Ni me diste por escrito una hoja de encargo, ni me dijiste que me cubría ese dinero. Ese dinero, como bien sabes, se refería al tema civil. Era imposible que existiera  asunto penal ya que la denuncia por maltrato psicológico llegaría al día siguiente, 22 de septiembre.

 

El tema civil avanzó, me divorcié alegremente de mi exmujer en junio de 2016. El régimen de visitas que me conseguiste fue de ver a mis hijos dos días a la semana en un Punto de Encuentro, un par de horas. Apelaste, pero antes me volviste a pasar por caja. Transferí otros 1700 euros en concepto de "Apelación Divorcio" el 12 de junio de 2016. Una apelación que no valió para nada, por cierto. Pero bueno, entra dentro de lo que es posible en asuntos judiciales. Todo esto te lo estoy contando no por reprocharte nada, sino por ir poniéndote en situación. 6500 euros por un divorcio con recurso de apelación no sé si es mucho o poco: no tengo más referencias. Lo que sí es un hecho es que cuatro años después no me has facilitado ni una sola factura del proceso civil. Ni una. Y bien sabes que te las he solicitado varias veces por whatsapp, email e incluso por burofax, habiendo tenido como respuesta tuya solo el silencio.

 

Te dejo aquí lo que dice el Código Deontológico de la Abogacía Española, el cual te obliga a ciertas cosas: "Será obligatorio emitir la oportuna liquidación de los honorarios y de la provisión de fondos recibida. Para hacer efectiva su remuneración, se deberá entregar una minuta al cliente, la cual deberá cumplir los requisitos legales y fiscales correspondientes, donde expresará detalladamente tanto los conceptos determinados de los honorarios y la relación de los gastos efectuados y pendientes de reembolso, como los que prevea".

 

Si te cuento todo esto es para que lo contrastes con mi tema penal. Comenzó todo el 22 de septiembre de 2015, cuando mi exmujer utilizó el comodín del maltrato psicológico y me denunció por violencia de género . El 23 de septiembre el Bufete Bermúdez de Castro me asistió en la Comisaria de Lonzas (La Coruña) y el 24 de septiembre me acompañó al juicio rápido. A partir de ahí, comenzaron un sinfín de escritos, comparecencias, un juicio oral, un recurso ante la Audiencia Provincial, un anuncio de recurso de casación y un recurso de queja ante el Tribunal Supremo, un recurso ante el Tribunal Constitucional, una petición de indulto, un proceso penal paralelo por el tema de la pulsera telemática, etcétera, etcétera, etcétera... Decir que no ganaste ni una sola de las batallas que planteaste. Ni una, que mira que es difícil. Tú decías que parecía que me hubiera mirado un tuerto, cuando quizá el tuerto lo tenías frente a tu espejo.

 

Bueno, pues por toda esa batería de acciones me cobraste una muy módica cantidad: cero euros. Cero. Increíble, ¿verdad? Ni una sola transferencia consta que yo te realizara por el tema penal, ni una. Pero es que la realidad fue otra. Tú me requerías que te llevara el dinero en un sobre a tu despacho, y que luego tú ya arreglarías, que Montoro estaba dando mucha caña (con las limitaciones de pagos en efectivo) y que yo no me preocupara por nada. Por el proceso penal, esos tres años, me has debido saquear más de 15000 euros: tráeme 2000, tráeme 3000, etc... Guardo pruebas, ya te he dicho que desde el primer día no me cuadraban cosas que me decías. Pero es verdad que nunca eran contundentes, eres astuto al hablar de esas cosas del dinero. Se te ve con mucha experiencia. Bien, pues de todos esos pagos nunca recibí una factura, un recibí... nada.

 

Te encantaba el dinero negro, nunca olvidaré el brillo de tus ojos, de pura avaricia, cuando ojeabas el interior del sobre. Ese dinero que tendría que haber ido a mis hijos estaba yendo directamente a la suntuosa biblioteca que tienes, con decenas de miles de ejemplares, muchos de ellos joyas según tú me decías. A mí que te lo gastes en una u otra cosa me da exactamente igual, es más me parece una bonita afición esa que tienes. Pero yo para lo único que te había contratado era para que consiguieras un buen régimen de visitas, a ser posible la Custodia Compartida. A cambio no me conseguiste nada, y fue tu orgullo de pensar que ibas a vencer ("aquí no hay ninguna prueba", no parabas de repetir) el que dio con todo al traste.

 

 

Yo religiosamente te fui pagando y creyéndote a pies juntillas lo que me decías "nunca entrarás en la cárcel. Si tú llegas a entrar en la cárcel,  tendría que estar en ella el 99 % de los hombres de España".Te equivocaste, mediste mal, calculaste mal... Y el que paga todos tus errores de apreciación soy yo, por lo visto tú siempre ganas: te llenas los bolsillos, destrozas dos infancias, destrozas a toda una familia y haces que un hombre Inocente entre en prisión y se vea obligado a luchar por ella a miles de kilómetros de distancia.

 

Voy a enumerar ahora algunos errores graves que cometió tu despacho, facturas inexistentes aparte, para terminar esta mi primera carta con algo que te va a conmover. Ya verás como no te defraudo.

 

En primer lugar, el despacho Bermúdez de Castro era el que recibía los Autos del Juzgado y después me los mandabáis a mí. ¿Todos? No, todos no. De hecho el primer Auto, uno de los más importantes, no lo he tenido hace poco. Te sitúo, Ignacio. Me denuncian por maltrato psicológico el 22 de septiembre y voy a juicio rápido el 24 de septiembre. Y hay un Auto el 25 de septiembre de 2015, el cual tú nunca me comunicaste. En ese Auto el Juez Filgueira, tu amigo de conferencias, no dijo ni una sola palabra sobre el régimen  de visitas o las medidas de manutención de los niños: me dejó a los pies de los caballos, haciendo caso omiso a lo que dice el artículo 158 del Código Civil. Curioso: el juez se salta, presuntamente, la legislación y tú que eres amigo de él no me comunicas dicho Auto...

 

Tú ni recurriste ese Auto ni me informaste, como era tu obligación, de su existencia. Ha sido la Procuradora, después de habérselo solicitado yo el 9 de abril de este 2019, la que me lo ha facilitado, añadiendo que ella te había notificado el Auto a ti (¿y a mí no debía haberlo hecho también?) y que hablara contigo... ¿pero cómo voy a hablar contigo si te he escrito varias veces, incluso vía Burofax, y no respondes?

 

De aquel escrito del Juez, que tú Ignacio no recurriste, viene toda la complejidad de mi caso. Si el Juez hubiera dicho cuando podía ver a los niños, lo hubiera cumplido. Pero no lo dijo. Si tú, después del error del Juez, hubieras solicitado una aclaración a ese Auto solicitando unas medidas civiles provisionales, la bola no hubiera crecido. Pero claro, si no crece, no cobras. Ya he escuchado de boca de más de un abogado de La Coruña la poca cintura que tienes, de como te enrocas para que los casos aumenten de volumen y así poder aumentar tú el número de volúmenes de tu lujosa biblioteca.

 

Pero eso no fue todo. La parte contraria, mi exmujer,  mandó a tu despacho unas medidas de régimen de visitas hasta el juicio de divorcio, por el cual yo podría llevar a mis hijos todos los días al colegio, pasar con ellos dos tardes a la semana además de fines de semana alternos y vacaciones a medias.

 

Yo estaba bastante de acuerdo con lo que ofrecían, pero todo cambió cuando tú me dijiste que la otra parte había dicho (yo no tengo constancia escrita de ello) que ese pacto era si yo firmaba la renuncia a la Custodia Compartida para siempre. Y me añadiste que si yo firmaba ese acuerdo antes tendría que firmarte un escrito donde te eximiera de toda responsabilidad...¿te acuerdas? Por ello, si ahora el caso tiene la magnitud que tiene, se lo debemos principalmente a tus acciones y a tus palabras, a cómo dirigiste en el comienzo todo esto.

 

Porque si el Bufete Bermúdez de Castro hubiera llevado el documento con lo que proponía la otra parte al Juez, pues aquí ya no hubiera habido más caso: adiós al papá Maravilla, adiós a toda mi lucha y adiós a todo lo que se nos viene encima. Pero no, no quisiste entonces que pudiera ver a mis hijos, tu ego (o quizá tu avaricia) te jugó una mala pasada.

 

Avanzó todo el caso y llegó el juicio penal. Yo ya te dije que quería que me defendieras tú, obviamente. Pero tú te enojaste, me dijiste que vaya falta de respeto, que en tu Bufete todo el mundo estaba capacitado para llevar el juicio. Un juicio por el que mi exmujer me pedía 19 años y medio de prisión, más de lo que les ha caído a los padres asesinos de Asunta.

 

El caso es que delegaste y llegó el juicio, el 6 de febrero de 2018. Allí me defendió Chus, una abogada que se supone penalista pero que desconoce la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Por ello no dijo nada cuando me mandaron al fondo de la sala en plena vista oral, entre dos biombos desde un sitio en el que yo no podía ver nada de lo que sucedía, ni siquiera a ella. O tampoco la abogada Chus de tu bufete Bermúdez de Castro hizo nada al ver que mi madre, una testigo fundamental, era expulsada por una fiscal fuera de sí antes de haberle realizado las preguntas. O tampoco cuando entraron cuatro testigos a la vez, que no venían a practicar prueba pericial alguna. Y muchos más errores que próximamente te describiré, una vez que tenga el DVD del Juicio. Un DVD en el que apareces tú, Ignacio. No, no estabas vestido con tu toga de abogado, al lado de Chus para complementarla. No, estabas entre el público viendo los toros desde la barrera. Así no te manchabas, ¿no crees? ¿te imaginas al abogado Sr. Aranguren, en el Juicio a su defendida Rosario Porto, entre el público y habiendo delegado el caso a alguien de su bufete? No, es inimaginable. Allí estuvo a su lado, defendiéndola. Para que fuera un proceso con todas las garantías. Algo que tú me robaste, entre otras personas.

 

Y al fin  llegó la sentencia del Penal 6, en marzo de 2018. Tres años y cinco meses de prisión en primera instancia. Estabas bastante contento, porque decías que habías reducido de casi 20 años a poco más de tres. ¿Se puede estar contento cuando le estás comunicando esto a un inocente al que le están cayendo unos delitos que no ha cometido? Pero así eres tú, capaz de vender un paraguas y un kilo de sal en el desierto del Sáhara, como buen mercader que eres. Tocaba recurrir ante la Audiencia, y recurrir era sinónimo para mí de rascarme el bolsillo y para ti compra de nuevos libros para la biblioteca.

 

En aquella conversación de whatsapp, marzo del 2017, hablas de cifras, que "1500 euros no me cubrirían ni por asomo", cifrándose al final en 3500 euros por hacer el recurso de apelación ante la Audiencia Provincial. Decías: "Somos amigos y te lo haré lo mejor posible. Pierde cuidado. Un abrazo muy fuerte y el miércoles hablamos. Trae los 2000 y despreocúpate . 1500 en junio y ya está". La verdad es que con amigos como tú no me hacen falta enemigos... Y ¡Despreocúpate! No pasa nada, has perdido tus hijos, tu trabajo, tu libertad, pero tráeme los 2000 euritos y no pasa nada.

 

Eso sí, de solicitar el DVD para hacer el Recurso de Apelación, nada. Para qué, ¿para que me hubiera podido defender mejor? Cuando me mandaste el recurso de apelación, a ver qué me parecía, pues casi me dio un ataque al corazón. Faltaban muchísimas cosas que alegar en mi defensa, y Vero y yo nos pusimos a hacer un  añadido a tu recurso de apelación, con tu beneplácito y bajo tu dirección. Me escribiste: "Para nosotros está muy completo, pero encantados de escucharte.  Manda hoy sugerencias para trabajar sobre ellas mañana y que sean sugerencias concretas".

 

Y así hicimos: te mandamos unos veinte folios para el recurso de apelación, que metiste tal cual: erratas y reflexiones personales mías incluidas. No revisaste a fondo lo que hicimos y lo presentaste con tu nombre. ¿Cómo pudiste hacer algo así, dejar que un escrito que firmas tú lo medio elaboren dos personas que no tienen ni idea de Derecho? Eras tú el que llevabas la dirección de mi defensa, ahí es donde tú debías decir que el recurso ya que lo cobrabas tú, lo hacías tú. No me imagino yo en mi aula de Primaria que viene un niño y me dice: "a ver profe, que lo estás haciendo mal. Siéntate que voy a dar yo clase, y tú te sientas ahí y cobras".

 

Está claro que la relación profesional que tú dirigías ha estado llena de errores graves. Agradezco ahora a mi abogado Javier Vasallo que me dejara las cosas claras desde el minuto: a la primera chorrada que hagas o intromisión en mi trabajo, te mando a tomar vientos... Dicho así, puede sonar mal, pero es una obviedad y se agradece lo que me está diciendo: en una relación profesional es el profesional el que dirige y el cliente el que puede llegar a sugerir o dar una idea, pero nunca ponerse el cliente a escribir un recurso de apelación con un tema de privación de libertad.

 

Continúo, aunque voy a dar por cerrada esta primera carta con el episodio de mi entrada en prisión. Lo leerás próximamente en el libro que me he prometido publicar antes de que acabe la primavera del 2020. Pero antes, te voy a dar un aperitivo.

 

Me dijiste que los recursos de apelación estaban tardando aproximadamente un año en la Audiencia Provincial, pero que no era una ciencia exacta. Muy bien, la Audiencia tardó menos de seis meses en resolver, y lo hizo en octubre de 2018. Justo coincidió que yo publiqué el libro con que poco después saliera la sentencia... Yo creo que tú tuviste algo que ver en esa coincidencia, pero nunca lo podré probar.

 

Sea como fuere, el 2 de noviembre de 2018 el Juzgado Penal 6 de Coruña me dio 5 días para ingresar en prisión. Pero la tarde del día 6 llegó la tristemente famosa para mí providencia del juez Ruano, una providencia trampa que nadie entendía. Yo no sabía si al día siguiente tenía que entrar en prisión o no. Tú me llamaste y me dijiste que "yo ya no le voy a dar una interpretación jurídica a este escrito, sino de sentido común. Si tú ingresas mañana en prisión y hacemos alegaciones a la suspensión de la prisión, el daño es ya irreparable. Yo creo que lo mejor es que tú mañana te presentes en el Juzgado y hables con el Juez". Pero tú, el profesional, eras el que me tenía que haber explicado la diferencia entre Auto y Providencia.

 

Y así es como tú, Ignacio Bermúdez de Castro, delegabas a que yo hiciera cosas de las que no tengo ni idea. La providencia hablaba de suspensión de ejecución de la pena, pero no hablaba de que era en exclusiva de la pena de prisión. Y finalmente me dijiste que Nacho (tu hijo) iba a comparecer ante el Juzgado e iba a hacer la gestión ante el Juzgado. Y le dijiste a él (y a mí por teléfono) que no nos marcharamos de allí sin un papel que dijera que no ingresaba en prisión. ¿Qué hizo tu hijo, Nacho Bermúdez de Castro? ¿Compareció ante el Juzgado y salió de allí con un papel que dijera que se suspendía la ejecución de la pena? No hizo ni una cosa ni la otra. Entró a hablar con el Juez, sí. Pero se fió de la palabra del Juez Ruano que le dijo que sí, que se suspendía la ejecución de la pena, pero el cual no dejó nada por escrito. Judicialmente, es como si esa conversación no hubiese existido. Y ahí el culpable no soy yo, vuelves a ser tú Ignacio.

 

Yo, con la palabra de Nacho me fui a casa tan contento, a deshacer la maleta de la prisión. A celebrar con mi gente que se había hecho justicia y que la ejecución de la pena quedaba suspendida.

 

Iluso de mí. El día 9 de noviembre me llamaba la Policía para que me presentara en la Comisaría de Lonzas. Yo ya me olía el pastel, me olía a que iba a ser detenido y encarcelado. Llamé a tu bufete y me enviaste a una mujer joven, que llevaba muy poco en tu bufete, que apenas conocía mi caso. Te recalco que nunca fuiste a una vista a dar por mí la cara, nunca apareciste por los calabozos... Bueno, esa mujer era  Leticia, que seguro que la tienes todavía por ahí.

 

Hablamos ella y yo antes de entrar en la comisaría, ella dijo que si era detenido iba a solicitar el habeas corpus. Me dijo que estuviera tranquilo y que no interrumpiera, como así hice: se ve que me conocía poco en esas lides, porque yo siempre he tenido un comportamiento exquisito con la policía en ese tipo de situaciones. Y te digo Sr. Bermúdez de Castro,que fue así, porque todo lo que ocurrió de aquí en adelante lo tengo grabado. Algo que es de extrema gravedad y que deja en muy mal lugar la profesionalidad de tu Bufete: era la prueba que me faltaba para que todas las piezas encajaran.

 

Lo que hice al hablar con Leticia fue darle una bolsa con todas mis pertenencias. Mi cartera, mi reloj, dinero y mi móvil. El móvil, casualmente, estaba grabando. Así es que se pudo grabar toda la detención. En el transcurso de mi detención, la jefa de la UFAM (bastante nerviosa como se puede escuchar en la grabación), me detenía por "delito contra la Intimidad y un delito de malos tratos psicológicos a los niños". El tema de la Intimidad, me decía la agente, era por el libro que yo había escrito. Lo de los malos tratos psicológicos no lo sustanció en nada, solo lo dejó caer: fue una detención arbitraria e ilegal de esta agente, porque de esos malos tratos por los que me detenía la agente, nunca más se supo.

 

A partir de ahí Leticia, del bufete Bermúdez de Castro, dijo: "Vamos a interponer un Habeas Corpus". Solo hizo eso, sin fundamentar su solicitud en nada. El caso es que yo, siempre en silencio y acatando, quedé detenido y en un calabozo. Y Leticia marchó hacia tu despacho, con mis pertenencias en una bolsa, incluido mi móvil grabando...

 

Y llegó a tu Bufete Leticia, con ganas de contar su versión de la historia.  Una supuesta abogada que espero tengas el honor y la deferencia de despedirla. Llegó al despacho y repitió varias veces a los allí presentes (la abogada Chus, tu hijo Nacho y tu mismo): "Montó una allí el tío, le mandé callar 50 veces".

 

De verdad que es algo que no me entra en la cabeza, como pudo tergiversar tanto la realidad. Eso no ocurrió así. Chus le preguntó: "¿montó?", y Leticia insistió: "los policías estaban hasta los huevos de él, le tocó mucho las narices a los Policías... se puso tan tocapelotas". Mi teoría es que Leticia no estaba haciendo otra cosa que la pelota, y os dijo lo que ya os había escuchado a vosotros tantas veces: que si yo era un tocapelotas, que las iba montando. No le encuentro otra actitud a las palabras de Leticia

 

Era todo increíble, yo siendo detenido ilegalmente, calladito, a sabiendas de que estaba grabando la detención, para que mi propia abogada diera una versión completamente distinta de la realidad a sus compañeros del Bufete. Volvió a insistir Leticia hasta en cuatro ocasiones en el despacho que me mandó callar 50 veces, y se burlaba de que yo fuera maestro. Todo esto entre vuestras risas, os debía parecer muy gracioso que un Inocente en ese momento estuviera en un calabozo, a punto de ser llevado a prisión. Toda mi familia, mis amigos, Vero... sufriendo y llorando. Y vosotros, los que se supone que me tendríais que defender, partiéndoos de risa a mi costa. La grabación dura cuatro horas, no todo el rato estáis hablando de mí, pero es que he sido incapaz de escuchar toda la grabación, porque se me revolvían las tripas.

 

Otro fragmento, que es lamentable por parte del Bufete Bermúdez de Castro, es cuando la abogada Chus dice: "Se pensaba que esto era un cachondeo, de verdad, de verdad, de verdad que yo ya pasé del Pallero, es un idiota, un cliente Subnormal"... y ahí se escuchan, tras la intervención de Chus, las risas al unísono de todos vosotros, sobre mí y sobre mi libro.

 

Ja, ja, ja. Qué risa, verdad Ignacio. ¿Qué pensarán en el Ilustre Colegio de Abogados de Coruña de todo esto? No sé todavía si entraré formalmente al Colegio sobre este asunto, o si me dirigiré a Hacienda... pero lo que sí puedes estar seguro es que informalmente me vas a tener siempre ahí, hasta que me devuelvas todo lo que me has robado. Te va a costar, porque a ver como consigues devolverle a mis hijos una Infancia normal junto a su padre.

 

Como yo ya sabía, eres una persona retorcida y compleja. Al final de la grabación aparece Vero, desolada, a recoger mis pertenencias. Le decías a ella, que se encontraba en estado de shock: "estamos haciendo todo lo que podemos, es un chico maravilloso"... Para después seguir riéndoos a mis espaldas.

 

Cuando tenga más tiempo, y mas paciencia, escucharé alguna parte más de ese audio. Hay partes en las que se dicen cosas más graves, pero no se escucha con gran nitidez. Todo es ponerse y limpiar de ruidos esas partes.

 

Y lo que pasó en adelante, después del 9 de noviembre, bien lo sabes. Entré en prisión, a Teixeiro. El primer día te dejan hacer una llamada. Yo tenía que elegir, a mi madre o a ti. Elegí llamarte a ti. Ya bien sabías que no podía estar grabándote. Tu tono de voz era completamente distinto. Solo con oírte un par de palabras, y sin todavía haber escuchado el audio que estaba grabado con mi móvil, supe que habías sido además de un profesional mediocre un Judas que traicionaba a su propio cliente.

 

Los primeros 18 días que estuve allí vinieron a verme de Madrid y también Vero desde La Coruña. Tú no fuiste capaz de recorrer los 50 kilómetros que separan Coruña de Teixeiro para ir a comunicarme mi situación. Yo esto lo dejé por escrito, lo de que llamara a tu despacho y nadie lo cogiera, lo de que me dejaras tirado como a una rata. Hasta el último preso de la cárcel de Teixeiro iba a hablar con su abogado, excepto yo. Eso para mí fue, sin duda, lo más duro de mi entrada en prisión.

 

Escribí alguna instancia al Jurista de la prisión pidiéndole consejo pues, de facto, me encontraba sin abogado. Por fin apareció uno, para mí el mejor. Javier Vasallo consiguió en seis días un Auto que me ponía en libertad, cuando tenía un documento del Juez Ruano que decía que tendría que estar allí hasta 2021.

 

Quedaste con él en el parking de Teixeiro. No solo estabas tú, había ido todo el Bufete Bermúdez de Castro al completo, por primera vez: Chus (¿vendría a llamarme subnormal de nuevo?), Leticia (¿vendría a mentir sobre que me mandó callar 50 veces en la detención?), tu hijo Nacho (¿vendría de resaca como vino, sin ninguna documentación, a la vistilla que dio con mis huesos en la cárcel?) y tú.

 

Los cuatro, comos cuatro jinetes del apocalipsis pero en versión cutre, allí esperando a Javier, con los maleteros llenos de carpetas con mi expediente, traspasándoselos allí mismo. Le pedistéis poder entrar con él: no eráis capaces de venir a verme en los primeros días de prisión, pero ahora sí que queríais entrar. Algo que no ocurrió, alguien tenía que poner sensatez en todo tu despropósito, y ese iba a ser Vasallo.

 

Ya voy a ir concluyendo. Se me han quedado muchas cosas en el tintero. Una de ellas no la quiero pasar por alto. Lo que escribiste el pasado 28 de febrero de 2019 en tu columna de La Voz de Galicia me pareció muy triste. En tu artículo titulado Violencia de Género y Vox decías: "La Ley contra la Violencia de Género ha prestado, desde su publicación en el 2004, un gran servicio a la sociedad española. Y si no ha ayudado todavía más a acabar con la lacra machista es por la significativa carencia de medios humanos y materiales con que cuentan aquellas personas e instituciones encargadas de velar por el estricto cumplimiento de esta ley. Sin esta ley el número de asesinatos machistas se habría multiplicado por diez".

 

Por supuesto que ha hecho un gran servicio esta Ley, sobre todo a personas que se han lucrado como tú con el tema de la instrumentalización de las denuncias en temas de divorcio. Por eso, ahora que ves que tu chiringuito se viene abajo, muerdes. Y llegas a decir que sin esta Ley no morirían 50 mujeres al año, sino 500. Cuando bien sabes que antes de esta Ley morían, desgraciadamente, esas mismas 50 mujeres. Me da miedo que tengas en privado un pensamiento completamente distinto al que expones en tus columnas de La Voz, propias de la abogada más feminazi de este país.

 

Ignacio, tendrás tu propio Nüremberg, una persona como tú se lo merece. Confíemos en la Justicia, la vida es larga y la verdad solo conoce un camino. Que disfrutes mucho de estas Navidades y que no te atragantes con las uvas.

 

Recibe un afectuoso saludo,

 

Jose Antonio Pallero Bote