Cuando a una persona o personas de un mismo –clan-, que han tocado el cielo hipotéticamente, debido a la preponderancia que durante un periodo de tiempo las ha hecho creerse que su fama no tendría limites, que su aura brillaría eternamente sin que existieran motivos para ello y, sin darse cuenta, caen el ostracismo o en el ocaso más irredento, truncando así unos aires de grandeza inexistentes, que la auparon improcedentemente a un status irreal que las hizo creerse que eran las dueñas del mundo, la aparición de los síntomas de la decadencia les hace mucho daño, sin que acepten humildemente que ese final les ha llegado, como a cualquier persona que haya pasado por esa misma situación, las ridiculiza obviamente resistiéndose aceptar esa realidad.

 

Como dice una copla que se interpreta especialmente en las islas Canarias, cuyo contenido evidencia cuantos estamos comentando con una claridad meridiana, y que dice: “-Lo que va de ayer a hoy, ayer maravilla fui, hoy sombra de mi no soy -“.

 

Es evidente que la decadencia es consustancial a la ley de la vida, no siempre se puede estar en la cúspide o en la cresta de la ola, si no aceptan esta realidad evidentemente su vida se convierte en una –utopía-, algo que le esta ocurriendo España a muchas familias que por una serie de circunstancias se han creído que son las “-reinas del mundo-“, algo que nunca fueron y no aceptan la existencia del termino -decadencia-, que piensan que para ellas el significado de tan dogmática expresión es una entelequia, y no el final de los éxitos “fake” del que presumieron. 

 

Donde más se esta dando este –fracaso- tan significativo es en la TV, donde la carencia del virtuosismo de que presumían ha resultado ser toda una falacia y, por consiguiente esa –inducción a la fama- nunca existió, donde algunos presentadores y colaboradores, se siguen creyendo que esa supremacía que creyeron poseer nunca les abandonara, lo que hace que la caída sea para ellas bastante más dolorosa.

 

La caída del –pedestal- como se suele vulgarizar a la expresión decadencia, tiene unas connotaciones enraizadas con la –incuria-, patología que sufren muchas familias o personas a las cuales se les ha hecho creer, por lealtad o posiblemente por –adulación- algo que nunca han sido, y que llegado el momento de reconocer decentemente la inexistencia de esos valores, optan por iniciar una –cruzada- siendo conscientes que tienen todas la de perder.

 

Ese ciclo de las que ellas presumieron ha sido más un mito que una realidad, ha llegado a su fin, y tienen que aceptarlo con humildad y no con esa –prepotencia o rabia-, que demuestran que raya en el incivismo más soez, ofreciendo exclusivas en revistas de dudosa calidad, dado ese empecinamiento vulgar de hacernos creer que su cache sigue vigente, cuando ellas son realmente conscientes que ya no es así.

 

Esos programas que han endiosado a estas personas, se han institucionalizado y suelen ser propios de Tele5, que dada la vulgaridad de los mismos están rompiendo los moldes que más han adornado la grandeza de España, como ha sido la extraordinaria cultura y la sabiduría que siempre ha poseído, que ha sido como el santo y seña que siempre ha identificado en el mundo a lo español.

 

Los deportistas en general suelen alcanzar unos –topes- de fama, que en muchos casos gracias a unas condiciones especiales los lleva a tocar el –olimpo-, algo que los convierte en unos sujetos difíciles de soportar, impertinentes, prepotentes, que en algunos casos dada su corta capacidad intelectual, llegan a autodenominarse –yo soy el mejor, el más grande-, algo que las personas de su entorno no soportamos, ya que se hace palpable la pedantería que les reviste.

         

Lo mismo ocurre en otras profesiones, donde un clan o saga, incluso un sujeto determinado, -en muchos casos sin oficio ni beneficio-, especialmente rodeado de una cohorte de aduladores que los aúpan sin merecimientos a unas cotas de fama totalmente dubitables y falaces, algo que se creen dedicándose a mirar al resto de los mortales con cierto desdén y, en algunos casos hasta con desprecio.

 

El prototipo de este - modus vivendi - en esta España donde prima la indolencia y la vulgaridad por una serie de razones de todos conocido es la saga –Campos-, o Borrego Campos, Terelu y Carmen, no aceptan que han perdido de forma irremisible ese endiosamiento al que accedieron por ser hijas de una extraordinaria comunicadora, su madre María Teresa, que supo enjugar en todo momento ese privilegio que la revistió durante tantos años con la gran –humildad-, propia de una persona preparada y capacitada, poco dada al exhibicionismo que practican sus hijas citadas, con tanta profusión, y que son criticadas por muchos españoles, y no como dice Terelu siempre que la entrevistan, “-lo que me importa es el afecto del pueblo-“, algo que ha ido perdiendo por ese comportamiento prepotente e irreverente, que tanto exhibe en sus comparecencias.

 

Es indudable que las versiones que da cada vez que aparece en televisión, relacionadas con las criticas que –vierten-, posiblemente con razón sus ex compañeros de Sálvame, donde algunos de estos han manifestado que Terelu tenía un comportamiento a veces, donde daba a entender que su -condición social- estaba muy por encima de cuantos compartían con ella el programa citado, sin embargo no es capaz de refutar esas criticas emitidas contra ella últimamente por su inadecuada forma de comportarse, dice el refrán “-que quien calla otorga-“, no obstante es muy posible que Terelu no tenga los argumentos veraces, que le permitan echar por tierra los ataques a que la someten sus ex compañeros, todo es posible, pero debería tener en cuenta que ese silencio no le beneficia en nada.

 

Escudarse para hacer un posado utilizando a su hija, desde mi punto de vista no es –decente-, y aunque ella diga cuantas cosas se le han ocurrido, para intentar atenuar las criticas que han generado ese posado, estimo que no invalidan su comportamiento, poniendo en tela de juicio el –ego maternal-, del que siempre ha presumido.

Juan Dávila-García