Carmen, la castiza gitana cigarrera de voluptuosa belleza y que volvía locos de amor a los hombres, es uno de los grandes mitos de la ciudad de Sevilla.

El novelista francés Próspero Merimée la conoció personalmente y en 1845 escribió un drama en el que Bizet se basaría treinta años después para componer su bellísima ópera, que ha servido para que gentes de todo el mundo conozcan Sevilla.

El mito de Carmen gira en torno a esta guapa cigarrera, empleada de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla (actual Universidad), que estaba enamorada de un sargento llamado José. Con motivo de una riña de vecinos, la gitana es detenida y el joven, prendado de su belleza, la deja escapar. El sargento es descubierto y en consecuencia pierde sus galones. Pero los problemas no terminan, sino que aumentan, cuando un teniente piropea a Carmen y el muchacho se enfrenta a él sacando su espada. Para evitar ser encarcelado decide huir a la sierra junto a su joven amada.

Poco después un torero le roba el corazón a la cigarrera, que días más tarde se encuentra con él en Sevilla, cuando va a visitar a su madre que está agonizando. En la ciudad ambos reanudan su idilio y José, conocedor de las relaciones que Carmen mantiene con el lidiador, vuelve a Sevilla para intentar recuperarla, donde la sorprende en una tarde de corrida en la Plaza de la Maestranza.

Ciego de amor y celos, el antiguo amante apuñala a la bella gitana causándole la muerte, mientras el público, ajeno a lo sucedido, aclama al torero que triunfante da la vuelta al ruedo.
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