Rafael María Molina es historiador y gran conocedor de la historia de Cataluña y de su realidad política desde hace años, como lo demuestra en sus numerosos artículos enlazando agudamente los acontecimientos de la historia con lo que acontece en la actualidad, aportando fuentes y argumentos irrefutables que deshacen el relato separatista como un azucarillo en un mar pestilente de patrañas.

En esta entrevista analiza en profundidad la profunda grieta que hay en la sociedad catalana, una fisura que según él ya nunca se podrá curar...o al menos dentro de más de un siglo.

Como la actualidad manda, ¿que valoración hace de lo ocurrido estos días en Barcelona?

No cabe duda de que hemos vivido sucesos de extraordinaria gravedad. Ha sido una sublevación violenta de la Generalidad de Cataluña y el independentismo catalán más étnico en connivencia con los miles de antisitema que están instalados en Barcelona desde hace años, para intentar establecer su “república” por la fuerza. Solo el heroísmo de la Policía Nacional, que ha brillado a gran altura, en circunstancias épicas, pese al abandono en que se ha visto por el Gobierno de Pedro Sánchez, más preocupado por el Valle de los Caídos que por la suerte de sus agentes en Cataluña. Su valentía ha evitado el desastre y ha hecho fracasar el nuevo intento de golpe, al menos por el momento, pero la situación sigue siendo muy tensa. La convivencia en Cataluña está rota para siempre o para más de un siglo. El lento pero imparable hundimiento económico de Cataluña es ya irreversible.

¿Considera usted que la convivencia en Cataluña está rota definitivamente?

En mi opinión sí y ya no tiene remedio. Los partidos separatistas y los 2 millones de independentistas han ido formando desde hace años un inmenso océano de odio, de naturaleza “balcánica”, contra España y los españoles y contra los catalanes que se sienten españoles, hasta tal punto que se ha alcanzado el punto de no retorno. Me gustaría equivocarme, pero creo que los millones de catalanes que se sienten españoles empiezan a hallarse en serio riesgo de ser víctimas de un genocidio, cuando llegue la próxima sublevación, tal vez en 2 o 3 años, o antes.

¿Ve usted alguna posible solución a este conflicto que se eterniza?

Algunos han expresado que tal vez se podría intentar forzar desde el Estado el establecimiento de una Generalitad formada por representantes de partidos separatistas y constitucionalistas, como hizo el gobierno británico en Irlanda del Norte en su momento para acabar con el conflicto que allí había, pero, aparte de que el éxito de una fómula así sería más que dudoso, es una opción utópica ya que los separatistas jamás lo aceptarán voluntariamente, ya que en su concepto Cataluña es solo suya. Otra opción, probablemente la más deseable y viable, pero que exige un considerable coraje político a los grandes partidos españoles, es la aplicación extensiva del artículo 155 durante 20 años con la supresión o suspensión de la Generalitat. Y si esto no fuera posible solo quedaría ya la opción de la partición de Cataluña, con la separación de Barcelona y todo su cinturón, que formarían una nueva comunidad autónoma española separada del resto de Cataluña. Así se conseguría proteger a los catalanes castellanohablantes originarios del resto de España y en general a los catalanes no separatistas. El resto de Cataluña quedaría dentro de España, claro, pero  vigilado permanente por un anillo de bases y enclaves militares y policiales españoles.

¿Cómo se ha llegado a esta situación en Cataluña?

El largo proceso sociológico por el que la gran mayoría de los catalanes étnicos (o sea los que son de origen únicamente o casi únicamente catalán) han renegado del antiguo y entusiasta catolicismo y españolismo de sus antepasados (aunque por supuesto haya muchas y muy honrosas excepciones de catalanes étnicos que son magníficos catalanes y españoles). Es un fenómeno muy complejo que daría para libros enteros, pero podría señalarse como el origen de este gran cambio sociológico en Cataluña el hecho de la extinción de la religión católica en la mente y el corazón de muchos catalanes. Este hecho abrió el camino a su sustitución, a partir del siglo XX, por nuevas ideologías como el nacionalismo catalán. E incluso se ha llegado a la situación de que la mayor parte de la Iglesia en Cataluña es hoy una correa más de transmisión al servicio del poder nacionalista catalán.

Pero el origen inmediato de lo que hoy se vive está en la Transición y en el fenómeno político del “pujolismo”, así como en el entreguismo que siempre han mostrado los grandes partidos españoles, tanto PP como PSOE, que siempre se han mostrado dispuestos a hacer cesiones de importancia al nacionalismo catalán con tal de ganar 2 o 3 años más de “tranquilidad” y apoyo en el Congreso. Y es evidente que con esa actitud, lejos de calmar al monstruo nacionalista catalán, lo han alimentado y engordado al máximo.

Javier Navascués Pérez