Buenas tardes, encantado de estar nuevamente con ustedes. Por favor, terminen de entregar sus trabajos, pónganlos aquí, aquí mismo, en la esquina de la mesa, gracias.

En este segundo tema trataremos una Ley Orgánica que es considerada la madre de todas las leyes feministas en España. Se trata, como bien algunos de ustedes habrán adivinado a raíz de la tarea que les propuse la semana pasada, de la LEY ORGÁNICA 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de  Género.

A ver, Carlos, usted, díganos, por favor, qué sabe del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero

– El Sr. Zapatero fue Presidente del Gobierno de España por el PSOE entre 2004 y 2011 y estuvo arrinconado bajo las afiladas y aceradas garras de su vice, una tal María Teresa de la Vega, una feminista de la vieja guardia y de armas tomar, ya que ZP siempre se mostró como un hombrecillo sin arrestos para preservar la Igualdad entre hombres y mujeres. Además, siempre tuvo claro que captar el voto femenino era esencial para conseguir su mayoría parlamentaria y permanecer en la poltrona esos ocho años seguidos, regalo de sus saciadas y agradecidas votantas. De ahí que se estrenase, antes de terminar el año 2004, con la Ley Orgánica feminista sectaria de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, ley que firmaría con su puño y letra, todo un espaldarazo a las políticas discriminatorias en función del sexo, como también serviría de lanzadera a toda una batería de leyes y articulados de los códigos Civil, digo Incivil, y Penal que se mangonearían a plena satisfacción de ellas y siempre en contra de ellos, creando así un vasto y basto entramado legal para otorgar a las mujeres más derechos de los que les corresponden en justicia justa y restándoselos a los hombres. Ley que, a mi juicio, cual testamento indigno e indignante del tal Zapatero, se debe impugnar por inoficiosa, ya que se le adjudica a una de las partes de la herencia más de lo que le corresponde por ley.

Muy bien, Carlos, siéntese. Le felicito. Miren, se puede hablar más alto, pero no más claro. Y a usted, amigo Carlos, aunque suscribo al ciento por ciento todo lo que acaba de exponer, le advierto y prevengo, dada su juventud, ya que esto lo han convertido en una jauría humana, que su certero análisis quede entre estas cuatro paredes, si es que quiere obtener el título de Derecho de Familia en esta Universidad Pública, sita en tierras de feministas radicales, al tanto de todo por su misma condición femenina y también, más que nada, por proteger su lucrativo «negocio de género».

 

José R. Barrios