Las Ramblas habían sido un torrente formado por las aguas que bajaban de las montañas que coronan el llano de la ciudad por poniente y mediodía. La palabra «rambla» es la forma catalanizada del término árabe ramla, que significa arroyo. Es lo mismo que decir torrente o curso de agua.

Esta riera había recibido varios nombres: Cagadell o Cogadell, Còdals o Codolell equivaliendo a pedregal o sitio de muchos cantos; riera de Malla, de Bonanat, de Ponç y de Pomet. Todos estos nombres eran aplicados en el momento de llegar a la ciudad y en el tramo que hoy entendemos por Rambla, puesto que más arriba recibía otros nombres que aquí no hacen al caso.

El término «Cagadell» todavía está vivo entre las gentes de la mar, que al hablar de la línea de costa, o sea del relieve de la costa visto desde el mar, llaman Cagadell u Osario de los Judíos al valle que se forma al pie de Montjuic o Mont Taber y que va desde el Paralelo a la Rambla.

La riera entraba en la ciudad, poco más o menos, por la actual calle de Balmes, e iba a parar a las calles de Santa Anna y de la Canuda. Desde allí bajaba hasta un punto incierto dónde parece que se decantaba e iba a salir aproximadamente entre las actuales plazas del duque de Medinaceli y de la Merced, en un lugar conocido por Códols, del cual tomó nombre una calle.
 
En tiempos romanos este sitio formaba una especie de golfo o de concha. Al llegar el curso de agua al actual llano de la Boquería se veía aumentado por las aguas de la riera del Testamento de los Asnos que bajaba por la calle Grande de Gracia, por el paseo de este nombre y por la calle de Jesús, hasta el portal de los Ciegos, hoy Puerta del Angel, siguiendo hacia la calle y plaza del Pino y salir finalmente a la Boquería donde también desaguaba la riera de Prim, que seguía por la calle del Hospital. Estas dos rieras fueron denominadas más tarde: Riera Alta y Riera Baja.
 
Esta acumulación de tres aguas formaba como una balsa, lo suficientemente importante como para mover dos molinos harineros que se levantaban en la Rambla y que todavía existían a mediados de siglo XVII.
(Joan Amades. Traducción de Eugenio Bartolomé)
 
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