Lo que nadie puede poner en duda es que Pedro Sánchez ha jugado sus cartas con maestría, ha demostrado que domina los tiempos y sabe dirigir el debate político hacia donde le interesa. Su táctica de conseguir que sus aliados políticos se conviertan en rehenes con escaso margen de maniobra es la que le puede asegurar, contra el pronóstico general, una legislatura larga.

Durante estos días, Pedro Sánchez no ha hecho más que insistir en la que ha sido su táctica durante meses. Esta se configuraba en torno a dos ideas: primera, solo hay un jefe, Pedro Sánchez (estamos ante un socialismo personalista); segunda, anunciar medidas que hagan muy difícil a sus aliados, activos o pasivos, romper con él. La primera sesión del Consejo de Ministros ha sido un claro ejemplo de ello.

Estamos ante un gobierno de coalición que Sánchez ha diseñado para reafirmar que él es quien manda, que es el líder capaz de unir a la izquierda frente al enemigo (los heraldos del apocalipsis). No hay razón para explicar por qué hay 22 ministros y 4 vicepresidentes, más allá de reducir el peso real, político y mediático de Unidas Podemos. Toda la parafernalia, incluida la rueda de prensa posterior, ha ido dirigida a acentuar el protagonismo de un Sánchez reforzado que se presenta como cabeza y hacedor de un gobierno fuerte. Tan fuerte, que es evidente el distanciamiento existente entre Felipe VI y Pedro Sánchez que también puede marcar la legislatura.

Cierto es que Pedro Sánchez tiene varios talones de Aquiles. El primero, controlar y domeñar a Unidas Podemos. Yo dudo que la declaración de amor entre Sánchez e Iglesias sea sincera (los odios no se borran tan fácilmente). Es la necesidad mutua lo que la ha creado. Iglesias es rehén de los réditos que espera obtener de su paso por el gobierno de cara a estabilizar su partido y recuperarse de la crisis y la fractura vivida, necesita rentabilizar este tiempo en el gobierno y para ello debe asegurarse de que sea un ejecutivo que perdure (será interesante la lucha mediática por colgarse las medallas). Por otra parte, Sánchez tiene en la manga la amenaza del embrollo boliviano que puede enterrar definitivamente a Iglesias, obligándole a dejar la vicepresidencia (ni Garzón ni Irene pueden hacerle sombra a Sánchez). Además, el presidente sabe que no es lo mismo jugar contra el gobierno que formar parte del gobierno, algo que no sabemos si Iglesias ha comprendido del todo. Las dificultades para posar de Iglesias a las puertas de la Moncloa son una muestra de que la vicepresidencia le puede venir grande, sobretodo cuando lleguen los ajustes impuestos por la UE en áreas vinculadas a su sillón y que tendrá que gestionar.

El segundo talón de Aquiles es el entendimiento con ERC. Tengo la impresión que en el esquema de Sánchez tiene poco peso JxC. Es más, creo que su proyecto para Cataluña pasa por un gobierno PSOE, ERC y UP vía Colau. Hombre de izquierdas, heredero de las tesis de Zapatero, considera que es posible convertir en rehén a ERC impulsando medidas políticas de izquierda que dificulten que esta deje caer otra vez al gobierno votando NO a los Presupuestos. Cierto es que tendrá que dar contrapartidas nacionalistas, pero para ello ya está su versión del proyecto de Zapatero de nación de naciones. Lógicamente necesita un mayor control sobre la justicia, porque si bien el PP es fácil de puentear y conseguir que no proliferen sus posibles recursos de inconstitucionalidad es casi imposible que VOX no utilice ese medio para frenarle. No hace falta argumentar mucho, tras el nombramiento de Dolores Delgado, para intuir que el control de la Justicia es uno de los objetivos de Sánchez. No en vano es un alumno aventajado de la táctica socialista de aprovechar los huecos de la ley para subvertirla (ahí queda la diferencia que hace entre consulta legal y referéndum ilegal que el presidente ha exhibido).

Con este gobierno, en el que está el núcleo duro, el minigobierno de sus leales, por el que van a pasar dentro del gabinete las leyes importantes y las leyes ideológicas (ya se encargará de dejar claro que son obra suya: ahí está el anuncio de que las menores podrán abordar sin conocimiento de sus padres), Sánchez va a jugar partiendo de la base de que en esta ocasión, con la amenaza del rápido crecimiento de la intención de voto de la oposición, tanto a UP como a ERC, pero también al PNV o Juntos por Cataluña, no les queda otro remedio que apoyarle. ¿Qué van a hacer? ¿Arriesgarse a unas nuevas elecciones? ¿Va Pablo Iglesias, que necesita tiempo para rehacer su liderazgo, a dejar caer el gobierno? ¿Va ERC, pese a sus baladronadas, a ir a unas elecciones que la izquierda pudiera perder cuando lo que quiere es negociar con Sánchez? ¿Va a despreciar ERC la vía que va a proponer Sánchez cuando ellos asumen que necesitarán varios años para conseguir una hegemonía social a favor de la independencia? ¿Van ERC o UP a despreciar la posibilidad de acabar en un proceso constituyente, camuflado o directo, que cree una república federal de naciones?

Sánchez cuenta a su favor para todo ello con el Presupuesto General del Estado. Lo ha utilizado como arma política-propagandista y lo va a hacer en las próximas semanas mientras negocia con ERC. Nadie duda que este gobierno va a auparse sobre un incremento del gasto y de los impuestos. En esto Sánchez se parece mucho a Zapatero. La duda es si el presidente habrá entendido la lección o se inclinará por una política económica con la que, como espera Casado, cave su tumba política, pese a la apariencia de moderación que me parece tendrán los primeros Presupuestos.

Ahora bien, en el camino, en los 4 años de gobierno fuerte de izquierdas anunciados, utilizará como nadie la lucha ideológica capaz de generar una masa social incapaz de ver el camino hacia el precipicio. Frente a eso parte de la oposición de centro y derecha poco hará, con ello cuenta Sánchez para perdurar. Al tiempo.