Las denuncias de varios sindicatos, sobre todo la realizada por el SEMAF ante la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria, están dinamitando la credibilidad del departamento ferroviario de ALSA, cuya principal razón de ser es hacer prácticas como operador ferroviario para cuando se liberalice en España el mercado de servicios de viajeros. Hasta ahora, los mercados ferroviarios liberalizados en nuestro país son el de mercancías y el de trenes turísticos, donde ALSA ha irrumpido gracias a los consejos y a la colaboración directa de altos directivos de Renfe, personajes perennes en la empresa que cobran una abultada anualidad como gestores públicos… y quien sabe si algo más de procedencia privada.

En cualquier caso, como ya viene relatando El Correo de Madrid, en los últimos meses el departamento ferroviario es un dolor de cabeza para la familia Cosmen. Los trenes de ALSA están desprestigiando al Grupo ALSA, restan potencial a la marca y las pérdidas de reputación son peligrosas. La estrella de este departamento es el Tren de Felipe II, trayecto turístico entre Madrid y El Escorial que es un producto venido a menos. De anunciar, y ser cierto, que era un tren histórico remolcado por una locomotora de los años 60, ha pasado a salir a la vía con un tractor de maniobras de Adif remolcando el tren, quizá alquilado quizá cedido generosamente por Isabel Pardo de Vera, o por alguno de sus directivos.

Por no tener, ALSA no tiene ni locomotora propia, ya que es de una empresa afín, casi una filial, Auxiliar de Patrimonio Ferroviario SL, la cual es tan insignificante que no tiene ni un taller donde instalar
bien instalado el ASFA Digital a su vehículo, el último sistema de seguridad que se ha convertido en obligatorio para poder circular.
Esta empresa utilizaba como taller el patio trasero del madrileño museo de Delicias, con el beneplácito de su director, Carlos Abellán, cuya fulminante y reciente destitución por orden de José Carlos Domínguez, el nuevo gerente de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, ha cortado las alas a Auxiliar de Patrimonio Ferroviario SL, y de paso a ALSA, al quedarse sin ‘taller’. Según apuntan desde UGT, Domínguez es un excelente gestor que aún tomará más medidas dentro de esa Fundación, donde empleados públicos han colaborado estrechamente con un tren turístico privado, como es el Felipe II.

Fuentes sindicales señalan a El Correo de Madrid que la necesidad de utilizar ese tractor de maniobras en la clasificación de Vicálvaro por parte de ADIF, puede dejar en cualquier momento sin tracción al Tren de Felipe II, con lo que no podría salir a la vía pese a tener el surco asignado por parte de ADIF, lo cual sería vergonzoso por la pérdida de reputación para ALSA. En cualquier caso, dada la capacidad demostrada por el personal del departamento ferroviario de ALSA para el enredar a funcionarios públicos, parece improbable que llegaran a dejar a El Escorial sin su tren turístico.