Pasaban las 18:00 de la tarde cuando era evidente que  algo estaba ocurriendo en la  capital lusa. Se respiraba y palpitaba un ambiente diferente; alegría, festividad, y risas eran la tónica. Lisboa se vistió de gala para recibir a la única estrella universal que le queda al planeta, pero no lo hizo solo, sino que junto con su séquito de impresionantes músicos y solistas, le acompañaron alrededor de 20.000 personas en un Altice Arena lleno hasta la bandera. 

 

 

Unos pequeños problemas de sonido durante  las dos primeras canciones pero que luego se solventaron, no quitó que Julio Iglesias pusiera una auténtica pica en Flandes. El astro repasó sus 52 años de carrera musical unido a su mejor corista; su público. Un aforo entregado canción a canción donde llegaba a momentos de histeria y de emoción por medio de piropos; "te queremos", "quédate", "no te vayas nunca", entre otros. 

 

 

La noche se atisbaba como mágica y contaba con todos los ingredientes para ello pero sobretodo, es que Julio se subió al escenario sabiendo que no era una noche más. 

 

 

Si bien estaba en el país vecino, "primos hermanos" como así dijo, Julio sabía que  este concierto tenía un trasfondo diferente; miles de españoles se habían desplazado de todo el territorio para asistir a este macro concierto. Las banderas españolas ondeaban por cientos y millares en el recinto haciéndose notar y sentir en cualquier pausa del cantante haciéndole  llegar el calor y amor de su gente. "Amo a España y Portugal", repitió en varias ocasiones. 

 

El intérprete dio un derroche de amor, de pasión y de arte sobre el escenario. La intensidad de sus interpretaciones era seguida por la admiración y perplejidad de los allí congregados. A pesar de sus casi 76 años sigue en plena forma, cantando y encantando. Sus ganas de permanecer en el escenario y su fiel público le mantienen intacto. Es ahora cuando cobran fuerza aquellas palabras de Papuchi cuando le decía a su hijo que su público le iba a saber cuidar.

 

 

Trasmitió a los asistentes la energía que le sobra y que nace de su amor a su profesión;   "Amor amor", "Un canto a Galicia" "Caruso" "Ne me quitte pas" "Can't help falling in love".... cantando en 5 lenguas para una concierto de 5 estrellas.

 

El arte se expresó y embelesó en forma de canción. Un Julio iglesias eufórico, contento y feliz pues le había llegado el apego de los dos pueblos hermanados. Deleitó hasta la última canción; más de dos horas de concierto, más de 20 canciones, bises incluidos y dónde tuvo que aparecer hasta en 3 ocasiones debido a la insistencia de la gente. Julio se gustaba, se sentía como pez en el agua,  el público estaba en su salsa y él lo sabía. Un auténtico sacrificio donde dio todo de sí por la muchedumbre.

 

Cercano, amable, cariñoso, bromista, reivindicador y con unas manos que hablan y expresan las melodías románticas que interpreta. Parejas unidas de la mano, mirándose a los ojos y reconciliándose mientras de fondo "La Voz Universal" decía aquello de que el amor "es perdonarse todo sin reproches y olvidar, para volver a comenzar, es no decirse nada y en silencio caminar, es ofrecer sin esperar". 

 

Un público de una edad media de 35-40 años, lo cual nos indica que Julio ha conquistado nuevamente a una nueva hornada de público capa de ver en él las melodías de una música que es eterna. 

 

La noche parecía no tener fin, pero fue en el 3° "Me va" cuando al público le tocó decir un "hasta pronto". Excelente show que seguro contará con excelentes críticas de aquellos que vieron la totalidad del mismo. Allá donde se presenta  triunfa y es reconocido, y bien vale recordar que los Grammy americano (no latinos)  le dieron el pasado mes de mayo un galardón único a toda una vida sólo digno de los "papás" y grandes del universo musical como Sinatra o Elvis; Lifetime Achievement Award

 

Este concierto  en Portugal será recordado como un auténtico hito personal del cantante pero también de la unión de toda la península ibérica que se movilizó en masa, además de un show del más alto nivel.  El día en el que un Julio sin complejos y cargado de pasión nos dio una auténtica lección de vida a todos los asistentes; cuando hay arte y disciplina no hay circunstancia que nos pueda vencer y derrotar,  y él de eso va sobrado. Tenemos Julio para rato.