Escribo acercándome a la media noche del 10N, con casi el 99% escrutado en lo referente al Congreso y los primeros datos significativos del Senado, que indican que el PSOE pierde la mayoría absoluta en la Cámara. Hay muchos derrotados, al menos para mí, y un solo triunfador. Otra cosa es que Sánchez acabe siendo presidente del gobierno, lo que es más que probable.

 Los derrotados son Casado, Sánchez, Rivera y Errejón porque ninguno ha alcanzado sus expectativas, por modestas que fueran, aunque algunos se presenten como triunfadores. Casado ha visto que ni restaura el bipartidismo, ni le ha funcionado el voto útil, aunque exhiba una subida previsible pero lejos de los 100 escaños. Rivera y Errejón, porque son dos bluff prefabricados (los electores ya saben que Ciudandos no es el gran defensor ni de la unidad de España ni de la libertad y de ahí el inicio de una desafección que no hará sino continuar). Sánchez, porque esperaba sacar 130 o 140 o 150 escaños destrozando a Podemos aupado por la sentencia y la profanación de los restos mortales de Francisco Franco, y se ha quedado con menos escaños.

 Solo ha habido un triunfador, VOX. Esos son los hechos.

 Lo sucedido con el partido de Abascal lo habían predicho casi todas las encuestas y su triunfo ha sido menor (su horquilla lo situaba cerca de los 60) por tres razones: primero, porque su estructura territorial es asimétrica con grandes huecos lo que reduce sus posibilidades (Galicia es paradigmática); segundo, porque como en las elecciones anteriores, le ha faltado fuelle en los días finales de la campaña (no tengo espacio para desarrollarlo ni es el lugar, pero bien podríamos estar hablando de 1%-2% de votos, pues podría haberse aproximado al 17%); tercero, porque no ha logrado definir ni impulsar el giro social que hemos percibido tímidamente en su discurso más allá de hablar de emergencia social para arañar votos entre los votantes de izquierda que no son de izquierdas más allá de las consecuencias de la inmigración.

 A falta de análisis más empíricos sobre el crecimiento del voto a VOX, a pesar de que ha votado menos gente (5 puntos menos) pero con un porcentaje alto, obteniendo más de 3.6 millones de votos, teniendo el mayor crecimiento de todos los partidos en votos y en escaños, cabría estimar que ha arrancado votos entre los nuevos votantes y también de otros partidos que ya no son solo provienen del PP.

 Triunfo doble: primero, porque el guión escrito era que VOX iba a perder votos -¡esos politólogos de la Sexta rectificándose sobre la marcha!- víctima del voto útil tradicional de la derecha y de lo que se denomina el efecto tobogán; segundo, porque quedaba por medir el efecto de la descalificación constante que le hacen. Sin tener más datos que el discurso del partido cabría indicar que VOX ha crecido tanto por su configuración como alternativa y no como apéndice o “marca blanca” del PP, superando la presión de la reunificación de la derecha (ya claman por ello las tertulianas peperas), como por un discurso que sintonizaba con la rebeldía del votante ante la dictadura progre, la situación en Cataluña y la agresión de la memoria histórica plasmada visualmente en la profanación de la tumba de Franco (recordemos que un 25% de los españoles estaban en contra).

 Tiene razón Pablo Iglesias cuando ha dicho que no es lo mismo cuando VOX tiene 52 escaños que cuando tenía 24. A ellos supongo que se sumarán algunos senadores. Sin entrar a especular sobre cómo Pedro Sánchez va a encarar la formación de un gobierno que pasa por el acuerdo con Unidas Podemos (Pablo Iglesias ha salvado los muebles y los números le han colocado en el mismo sitio que antes), hay que valorar a vuela pluma lo que suponen esos 52 diputados en una legislatura que se presenta como corta.

 En primer lugar, esos 52 diputados hunden, inicialmente, el guión escrito para el día después que pasaba por un gobierno del PSOE con la abstención del PP y la conversión de Pablo Casado en el jefe de la la oposición. Ahora Génova 13 no puede ceder a las presiones externas porque asume que sería un suicidio. Con 52 diputados habrá otro líder de la oposición, porque contará con un fuerza parlamentaria más que suficiente que será imposible ningunear a lo largo de la legislatura.

 En segundo lugar, porque en el terreno ideológico, si Abascal mantiene sus palabras, se va a convertir en el freno al socialismo, a lo que con razón denominan la “dictadura progre”, porque tiene en su mano el recurso de inconstitucionalidad que pondrá en evidencia al PP cada vez que, como es usual, se ponga de perfil.

 En tercer lugar, porque su presencia en la vida pública nacional, pero sobretodo territorialmente se va a multiplicar exponencialmente replicando la oposición que se haga en el Parlamento.

Pero a estas horas de la noche esos capítulos aún están por escribir.