Es la ira comunista papal de raigambre comunista. El Papa Bergoglio vuelve a ofrecer otro espectáculo bananero al golpear violentamente a una feligresa que había tratado de saludarle. El episodio tuvo lugar en la noche del 31 de diciembre de 2019 en la Plaza de San Pedro. Al recibir el saludo de una mujer presente en el evento, Bergoglio se irritó, le golpeó su mano y se apartó de ella con un rostro de incalculable mala leche.

La desbordante ira papal demostrada en ese episodio encaja con el perfil político y psicológico del personaje. Jorge Mario Bergoglio es un lobo con piel de cordero que ha templado sus colmillos en el comunismo de la rama marxista montonera de la que bebió durante su carrera como sacerdote y jesuita en la Argentina de los años 60 y 70. Le hacía la pelota al peronismo. Mientras, le escribía cartas de admiración a Fidel Castro, con el que se reunió en 2015. Reunión, tras la cual, Castro afirmó que gracias a este Papa “volvía a rezar”.

Cuando Bergoglio tomó el Papado en 2013 tras la renuncia de Benedicto XVI (renuncia tal vez “inducida”)  muchos católicos, entre los cuales yo me incluyo, no esperábamos a un Papa con semejante poso de maldad y ataque a Occidente.

¡Qué contraste con su antecesor! Benedicto XVI había sido un Teólogo hacedor de Doctrina católica reafirmando principios como el derecho a la vida del no nacido, la oposición al islamismo terrorista como amenaza mundial o la defensa de España como baluarte de la catolicidad. Fue un gran Papa que hilvanó a la Iglesia dentro de unos esquemas de lucha abierta y diametral contra la ideología feminista, los lobbys LGTB y el abortismo. Recordemos, como muestra de ello, como Benedicto fue el Papa más odiado por la izquierda mundial desde hace 50 años.  Gracias a su Pontificado, gobernantes socialistas que implantaron la ingeniería social marxista cultural como Zapatero, encontraron respuesta social en la calle contra las leyes ideológica de aborto, Educación para la Ciudadanía, Memoria histórica o legislación proLGTB. Grandes manifestaciones católicas y españolistas sacudieron la España de 2005 y 2006 y entonces la Conferencia Episcopal se puso al frente de la reivindicación y animó el cotarro; había un Papa con principios que la ponía firme. El Obispo Martínez Camino, Secretario de la Conferencia Episcopal, era entonces un látigo contra Zapatero; hoy es un corderito malévolo al regazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Pero llegó Bergoglio en 2013. Y con su llegada, la Conferencia Episcopal Española se mimetizó absolutamente con la izquierda socialista, que ya le había regalado el 0,7 por cien del IRPF. Los obispos se alinearon con los profanadores de tumbas que han asaltado y violado el descanso eterno de Francisco Franco, liquidado la inviolabilidad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos e implantado la cruenta dictadura totalitaria disfrazada que quiere destruir el legado del catolicismo español y levantar la tiranía del feminismo, del multiculturalismo y del falsoecologismo. La profanación de Franco y de la Basilica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos han sido validadas por el Obispado español, que por boca del secretario del Episcopado, el Obispo Argüello – exmiembro del Partido Comunista de España-, reconoció que la canallada socialista era necesaria para pasar página y “cerrar heridas”. No olvidemos las presiones vertidas por el Cardenal Osoro contra el admirable Prior Santiago Cantera en favor de la profanación. Ni olvidemos tampoco que nada de esto se habría producido si los Obispos o el Papa, máximos representantes de la Iglesia Católica, hubieran denunciado el incumplimiento unilateral del Tratado entre la Iglesia y el Estado de 1979, que garantiza la inviolabilidad de los templos y lugares de culto católicos y el respeto al derecho canónico, que el gobierno socialista ha pulverizado profanando un templo y a un cristiano para más inri Caudillo con título de Caballero de la Milicia Suprema de Cristo.

El Papado de Bergoglio no sólo ha abrigado la profanación; ha blindado a los obispos y sacerdotes satánicos que en Cataluña agitan banderas esteladas y organizan Misas para los criminales golpistas en prisión o fugados. El Vaticano podría apercibirles, amonestarles e incluso expulsarles por atentar contra un bien moral e histórico superior como es la unidad de una Nación soberana –España- pero le da igual, o incluso podríamos decir que apoya al golpismo separatista. Postura que no sorprende en Bergoglio pues debemos hacer alusión a cómo el Papa actual es antiespañol; ha condenado a la España imperial que conquistó y evangelizó América , ha pedido perdón por ello y ha aceptado el mantra perverso de la “leyenda negra” cuya refutación ha sido sobradamente culminada por historiadores e investigadores de talla moral magna como Elvira Roca Barea.



Hace unas semanas , el diario del Papa, “L´Osservatore Romano” ha lanceado al partido político Vox tildándolo de “extrema derecha”.  Es la continuidad del discurso buenista y proinmigracionista de Bergoglio que en octubre de 2019, en uno de sus sermones, se refirió con preocupación al avance de “discursos políticos contrarios a la inmigración en Europa que recuerdan a los de los años 30”. El Papa condenaba la política de control migratorio de Mateo Salvini y relacionaba a este líder político como al resto de partidos de derecha social e identitaria entre los cuales se halla Vox, con el nacionalsocialismo y el fascismo. La defensa del “fin de las fronteras nacionales” y de la llegada masiva de ilegales a Europa son discursos frecuentes en Bergoglio, pero también en los Obispos españoles que para atacar a Vox han criticado a los partidos políticos “que en vez de puentes quieren tender muros” (Carlos Osoro dixit).

Recientemente, el Arzobispo de Sevilla presionó al cura local de un pueblo andaluz para que impidiera la Misa por los niños abortados que Vox había convocado en esa localidad.

La cruzada contra Vox por parte del Obispado progre español y del Vaticano marxista, es clara. Quieren que desaparezcan las fronteras nacionales y que Europa se islamice.

Hace unos días, el Obispado español señaló que no se sentiría “incómodo con un gobierno donde estuviera Podemos”. ¿Sorprendente? Para nada. Yo opino que es normal que lo digan porque desgraciadamente la jerarquía católica se ha convertido en una quinta columna del marxismo cultural que incluso a través de Cáritas, el “Padre Ángel” o “Lucia Caram” defienden e implantan la preferencia para el inmigrante ilegal en las ayudas sociales así como los discursos más atacantes contra la Nación española.

El Papa Francisco ha recelado públicamente de Donald Trump calificándolo como contrario al catolicismo y mostrando su peor cara rencorosa ante el mandatario estadounidense. Actitud de desprecio que contrasta con su apoyo entusiasmado al chavismo, al socialismo comunista indigenista y al castrismo. Es famosa la foto de Bergoglio recibiendo de manos de Evo Morales, el narcodictador comunista cobarde que ha huido de su pueblo, un crucifijo con forma de hoz y martillo; el símbolo comunista utilizado por los indigenistas socialistas para escarnecer la Cruz de Cristo que nos representa a los católicos.

Las anormalidades  antidoctrinales de este Papa han sido fulgurantes. Al reconocer a Martín Lutero como testigo del Evangelio; al admitir que todas las “religiones valen para salvarse”; o al decretar la posibilidad de perdonar directamente el pecado de aborto por los sacerdotes sin necesidad de autorización obispal, Bergoglio ha puesto un misil en la línea de flotación de la verdad que el Magisterio doctrinal de la Iglesia ha representado durante 2000 años.

Con el pontificado del Papa Francisco la Verdad ha dejado de ser una entidad permanente, trascendente e inmutable para los emisarios y representantes de Cristo en la estructura jerárquica de la Confesión católica.  Este Papa parece ser el dibujo que la profecía de San Daniel formulaba sobre la aberración que se instalaría en el lugar Santo. Bergoglio también podría acercarse a la radiografía del hereje respecto al cual nos quería prevenir el Papa Pablo IV en su doctrina sobre la elección de falsos Papas promulgada en el siglo XVI.

Soy católico y seguiré siéndolo a pesar de Bergoglio. Y lo seré porque la Iglesia y sus integrantes no nos reducimos a la “papolatría”; somos católicos ergo críticos y ergo buscadores de la Verdad de Cristo. Tenemos representantes nobles y sinceros de la palabra del Señor como Santiago Cantera, el Padre Jesús Calvo o Don Ramón Tejero, que nos alumbran con su tenacidad y valor. Por ellos, por la verdad de Cristo, y por nosotros, los católicos que no papólatras, debemos seguir siendo Iglesia católica ante un mundo en ruina moral. Hoy más que nunca. ¡Viva Cristo Rey!