He utilizado para titular esta nota una expresión, melé, que en segunda acepción define la RAE como: 2. f. Aglomeración alborotada de personas. En efecto, en este evento opinan y se exhiben políticos, algún científico, actores, mercaderes del tinglado económico anexo, manipuladores y jóvenes manipulados que a no tardar serán juguetes rotos del ecoglobalismo imperante.

Yo no soy físico, ni meteorólogo, ni climatólogo sino economista con algo de formación en el tratamiento de los fenómenos económicos mediante las metodologías aplicables por las técnicas econométricas a las series de tiempo.

Hay todavía gente que no distingue entre meteorología y climatología. O dicho a la llana: entre el tiempo y el clima. La opinión más extendida es que el primero es la descripción del comportamiento atmosférico y predicciones en el corto plazo y el segundo, el clima, es el tiempo en el largo o muy largo plazo. 

Algo de esto hay. Pero para mi, sin duda, la diferencia no  radica tanto en que la meteorología se refiera al hoy, el mañana o la semana que viene y el clima a los grandes cambios que se producen a lo largo de miles o cientos de miles o millones de años.

Para mi, la principal diferencia radica en la distinta naturaleza de los fenómenos y en la diferente forma de ser abordados. Según esto, la meteorología es la ciencia que estudia los fenómenos de la atmósfera en el ámbito local, susceptible de ser modelizada mediante modelos predictivos para el corto plazo y, en menor medida, para el medio plazo. Es una actividad de la naturaleza modelizable y por tanto, predecible.

Por el contrario, el clima estudia el comportamiento atmosférico de naturaleza no determinística, en un ámbito global, no local, y su evolución a lo largo de grandes períodos ligados a fenómenos geológicos, solares, etc de difícil modelización y por tanto de difícil predicción. Son fenómenos revestidos de un elevado contenido aleatorio o estocástico.

En este contexto, se confunden muchas cosas como que por ejemplo, calentamiento global es igual a cambio climático o que todo el calentamiento global está provocado por las emisiones de CO2 y que éstas, a su vez, sean las únicas causantes del derretimiento del hielo de las zonas polares.

Es esta para mi una visión bastante miope. Porque es una visión muy linealizada, muy aditiva, cuando se trata más bien de procesos muy dinámicos e interrelacionados, con un elevado grado de aleatoriedad, como ya he dicho, con patrones estacionales y tendenciales que se escapan a nuestras posibilidades de medición.

También se suele confundir ecología con ecologismo, cuando la primera es una parte de la biología que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven y la segunda es la ideología, frecuentemente militante, que persigue acciones políticas de un más amplio espectro social.

Es ya un tópico decir que el planeta se está calentando, unos porque en su pueblo llueve menos o hace más calor en verano que cuando su abuelo otros, por todo lo contrario. Incluso los científicos tampoco se ponen de acuerdo en las mediciones en sí. Y en lo que ya no existe unanimidad  científica  -huyo de la palabra consenso como de la peste-   es en que el cambio climático esté producido por las emisiones de CO2, bien porque existan otros factores de todo tipo más impactantes, bien porque en otras épocas hubo más calentamiento y el planeta no se autodestruyó.

Y es que a menudo el ecoglobalismo imperante confunde el planeta con la especie dominante en este momento de la evolución y le falta humildad para admitir que aunque la especie humana tenga un alto potencial para su autodestrucción, la especie humana es minúscula e inerte ante las fuerzas y dinámicas de todo tipo de la tierra y del sistema exterior que le influye, sobre todo del sol.

Según mi humilde opinión no es bueno que la ciencia y la militancia ecologista y política se mezclen, cosa que ocurre con estas cumbres, como esta COP25 que debió haberse celebrado en Chile y que, precisamente por motivos políticos, se ha tenido que celebrar en España, en Madrid.

Considero, que tampoco es bueno, como ya he señalado, que en estas reuniones se mezcle ciencia y política   -casi siempre más política que ciencia-, con presencia de políticos y científicos en el mismo evento, ni que en ellas estén presentes y se de audiencia a divos de otros ámbitos sociales como actores, cantantes, o jóvenes manipulados por la ideología dominante globalista  -casi siempre el pensamiento único izquierdista-  y los intereses de determinados mercados financiero-energéticos.

La dictadura del pensamiento único imperante lo invade todo, en un afán de moldear a la humanidad en torno a una homogeneización de pensamiento y de hacer y en suprimir las libertades, singularidades e incluso las naciones en favor de un gobierno planetario de unas elites 

Ya no se puede pensar ni hablar libremente sobre sexualidad, género, ni sobre la igualdad efectiva y legal de los sexos, ni sobre los valores de la familia tradicional, ni sobre la educación plural y la libertad de los padres para educar a sus hijos conforme a sus valores morales, ni sobre las inmigraciones ilegales y las medidas a tomar para paliar sus efectos no deseados y la explotación por las mafias de personas, etc.

Pues bien, ahora ya tampoco se puede discrepar, sin ser tildado de negacionista y sin ser aherrojado  al abismo de las mazmorras de la inquisición, sobre las verdades "oficializadas" por el nuevo orden mundial sobre el clima, verdades en las que prima el debate ideológico sobre el puramente científico, el único que puede esclarecer lo que está ocurriendo y lo que puede devenir en un futuro.

 
José Enrique Villarino Valdivielso
Economista