(Nota: esta breve reflexión también he barajado si titularla "¿La abomiación de la desolación en la Iglesia?" o "¿Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo?" Finalmente he optado por una tercera vía: colocar como título uno que incluye parte de una expresión marcadamente coloquial, bien expresiva, toda vez que los otros dos títulos barajados, siendo ambos muy parecidos y confluyentes en lo que quieren dar a entender sobre el drama actual de la apostasía de la fe en la Iglesia, son contundentes, en efecto, como dramáticos. Títulos implacablemente sangrantes. Y claro, aunque en efecto nuestros tiempos actuales son dramáticos, también he considerado el hacer un guiño a un cierto desenfado bien entendido, un desenfado nada pasota en verdad, y en plan muy de andar por casa. De ahí el título finalmente elegido.

Así que veamos. Acaba de revelarnos el equipo responsable de Adoración y Liberación que la flamante nueva directora del Instituto de la Mujer (sí, la feminista lesbiana Beatriz Gimeno) ha estado contratada como profesora asociada por varios centros universitarios católicos (la Pontificia de Salamanca, por ejemplo).

Manda güevos la cosa, manda peras a la plaza. De ser cierta esta información filtrada -y todo hace suponer que lo es, toda vez que procede del equipo de Adoración y Liberación, con Vicente Montesinos como cara más asidua de esta plataforma que vierte mucha de su información sobre la actualidad de la Iglesia en formato vídeo-, no hay más que una expresión para describir esto: "La abominación de la desolación instalada en el templo sagrado, por extensión, la Iglesia".

En efecto: merecedora esta Adoración y Liberación de todo el crédito habido y por haber (como en su momento lo fue Un café con Galat, producido y emitido desde Colombia), y de todo nuestro apoyo por su labor valiente, lúcida y profética en el análisis de la vertiginosa crisis que asola a la Iglesia en la actualidad, nos asombramos hasta la indecible con esta noticia sobre la señora Beatriz Gimeno. 

La misma, sí, podemita ella, que plantea la sodomización de los hombres por parte de las mujeres para así alcanzar la total y definitiva igualdad entre los dos sexos; perdón, entre los géneros, que esta gente habla de géneros como mero constructo sociocultural, nunca o casi nunca de sexos providencialmente dados por el Creador. La misma que recomienda a las mujeres todas que quieran escucharla, y quieran dejarse convencer por sus delirios, falsedades y desviaciones, que la orientación sexual ideal es el lesbianismo, el cual acabará liberando a la mujer del heteropatriarcado opresor, de la lujuria y la maldad intrínseca del varón, que es no en balde un violador en potencia (y a menudo en acto, por más que sea tabú o políticamente incorrecto especificar la nacionalidad de los agresores sexuales en España). La misma, ciertamente, que acusa a la Iglesia de ser responsable del atraso y la incultura de las sociedades, al tiempo que justifica de paso la quema de iglesias ("Arderéis como en 36", "la única iglesia que alumbra es la que arde"...).

La misma, sí, lesbiana tan radical que hasta arremete contra los homosexuales por su condición de varones. La misma, ciertamente, que intoxica la verdad pretextando que la heterosexualidad es el mecanismo con que los hombres ejercen poder y control sobre las mujeres. La misma, sí, expareja de Boti García (como que se casaron y todo en 2005, casi estrenando la nueva ley que permitía este tipo de casamientos aprobada por el nefasto Zapatero), quien a la sazón es una septuagenaria incombustible al desaliento en el activismo LGTBIQ, también colocada a dedo por la flamante ministra de Igualdad Irene Montero (o "Igual Da", como más de una vez le he escuchado decir, con su estilo inconfundible e inimitable, a Federico Jiménez Losantos): ayer como quien dice cajera de comercio, descamisada y de alquiler en barrios obreros, hoy rutilante nueva rica, marquesa de Galapagar, prebendas y sueldazos vitalicios, siempre de la mano de su pareja Pablo Iglesias (a quien sin duda le debe su meterórico ascenso, no en balde este también comunista millonario, vicepresidente segundo del Gobierno de Pedro Sánchez, Pedro y Pablo calificados de farsantes, trepas, felones y jetas de la demagogia por analistas como Roberto Centeno, Luis Pío Moa, Jiménez Losantos, Carlos Herrera, César Vidal...).

En definitiva, satanizadores del capitalismo todos estos comunistas, predicadores de las sempiternas buenas nuevas del comunismo y, entre acto y acto y mientras se pasa la vida, tan ricamente viviendo... Me figuro que sin ningún género de dudas así debe ser el perfil y el modus vivendi de la muy radical activista lesbiana Beatriz Gimeno: mucho fustigar el capitalismo como ideología aliada del heteropatriarcado opresor, mientras se vive tan ricamente de los chiringuitos subvencionados de la ideología de género desde hace ya...
Y lo que sigue causando un asombro indescriptible, que es justamente con el que comenzábamos esta reflexión: Beatriz Gimeno, nada menos, ¡hasta hace poco contratada como docente en una o varias universidades católicas!, ¡échenle hilo a la cometa!, esto se dice y no se cree. Defensora de una ideología radicalmente inhumana, contraria a la ley natural, nociva, tóxica, perversa y anticristiana, ¡contratada como docente por una o varias universidades católicas!, y hoy por hoy con el nuevo Gobierno o Frente Popular II codo a codo con los sociatas, separatistas y comunistas bolivariano-caribeños, ni que decir que todos adinerados, algunos millonarios, como buenos comunistas, faltaría más, por más que a Alberto Garzón, flamante ministro de Consumo (tan brillante este personaje que para analistas como Roberto Centeno y Federico Jiménez Losantos no es sino un cenutrio, lerdo y jeta sacamantecas del erario público), le siga pareciendo que Cuba es el modelo ideal de desarrollo y consumo, ¡no jodas!, y que la memoria del tiranosaurio Fidel Castro es digna de todo encomio y veneración.

Se dice y no se cree... o sí se cree: la apostasía de la fe despellejando viva a la Iglesia, ¡especialmente en su cúpula, entre sus jerarcas, sus pastores, entre los cuales parece sobreabundar no ya la gracia, como quería san Pablo, y sí la cobardía, la hipocresía y los connubios con el mundo! A tope, ya las cartas totalmente boca arriba. Hasta el extremo de que uno no puede, así las cosas, sino preguntarse con Lucas 18, 8b: "Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?"