Hoy, cualquier joven queda a expensas de la manipulación de cualquier populismo. Les falta saber quiénes son, de dónde vienen, quiénes fueron y qué hicieron sus padres y sus abuelos. Por eso no puedo evitar que me invada cierta melancolía. La izquierda le ha cedido a la derecha la Historia y lo ha hecho gratis. La derecha se ha envuelto en esa bandera y esa cesión y la apropiación se han convertido en un asunto delicado. Sin educación, los jóvenes no van a saber hacer frente a los lobos, sean rojos o negros. No todo ocurrió con Franco. Aquello fue una recaída, venía de atrás. Al caer la memoria, cae el futuro. Ponemos a las ovejas a merced del lobo y así no podrán hacer frente al siglo XXI. Sin embargo, veo los síntomas y al bucear en la Historia me siento optimista también, encuentras cosas fascinantes. A pesar de la amargura, no lo puedo evitar. Sales, pones el oído y te das cuenta de que vives en un país formidable donde todos los guiris quieren venir a vivir porque piensan que tenemos un chiringuito espléndido.

Sin educación, los jóvenes no van a saber hacer frente a los lobos, sean rojos o negros. No todo ocurrió con Franco. Aquello fue una recaída, venía de atrás

Por eso no puedo evitar ser también un optimista lúcido y bien documentado. Pero lo cierto es que este es un país en demolición. Y quizás merezca serlo, cuidado. Pero hay que saber por qué nos lo estamos cargando. Ningún país de Europa tiene un impulso suicida parecido al nuestro. Yo he escrito todo esto para comprender y estas son las conclusiones. Esta demolición es culpa nuestra. Se debe a nuestra vileza, a nuestra comodidad, a la apatía. Debemos tener claras algunas cosas: destruir la lengua es perder América, destruir la memoria, perder España. Sin Historia, sin memoria, estamos perdidos. Si seguimos así, acabaremos mal. Todo va pasando por la máquina de picar: la monarquía, la lengua, la historia. Picadillo. Necesitamos un marco en que conversar, dialogar, analizar para luego, si queremos, cambiar. Pero lo nuestro es la eliminación sistemática del enemigo. Por estupidez, por desidia, por ignorancia. Me preguntan si soy republicano o monárquico y a mí me gusta la república de Escipión, aquella, la auténtica, la de Roma, como Dios manda.

Pero miro aquí y pienso: si demolemos el Estado, ¿cómo lo reconstruimos? ¿Con Casado, con Rivera, con Echenique, con Pablo Iglesias, con Zapatero…? Pues veo a Felipe VI, un tío guapo, que sabe estar bien y pienso: me agarro al alto. ¿Cuándo han leído un libro estos tíos? ¿Saben quién es Marat, Trotski, Bakunin? Es una batalla perdida. Echo en falta cultura y generosidad por su parte. No buscar la aniquilación del otro, el exterminio o la anulación, sino la solidaridad. La historia no nos sirve para construir un mejor futuro. Pero si asumes lo que eres, si te sientes cómodo en tu camisa puedes empezar a hacer cosas. No somos inferiores a nadie, somos incluso mejores en muchas cosas. Pero también debemos ser conscientes de que podemos convertirnos en seres muy peligrosos. Debemos buscar las condiciones para no serlo. Conocer las causas para intentar no caer. Eso requiere un esfuerzo nacional. He visto lugares aparentemente civilizados irse en poco tiempo al diablo. Todo es posible”.

Perez Reverte en El País