Julio Acebrón es un padre madrileño que emigró a Reino Unido para darle un porvenir a su pareja y su hija, viéndose privado de su pequeña por el simple motivo de pedirle a la que era su pareja, que se pusiese a trabajar ya que este solo no podía hacer frente al nivel de vida que allí se tenía.

 

¿Cómo empezó su drama?

Mi historia comienza en 2016 en Inglaterra cuando la, ahora mi ex y mi hija desaparecieron un día 5 de noviembre sin decirme como ni donde estaban. Aquí se me presentó una primera denuncia por Violencia de género en aquel país. La primera de las denuncias archivadas por contradicciones en la declaración de la denunciante, mi ex. Mas tarde sabríamos que utilizó esta vía para salir del país con la menor, que entonces tenía 2 años, sin mi firma.

Una vez descubrimos que estaba en España, le denunciamos por secuestro internacional, avalados tanto por el gobierno inglés, así como el español, pero un juez, que no nombraremos por el momento, decidió que la madre estaba para cuidar y el padre para proveer, denegando así el secuestro internacional que ambos países avalaban. Poco después descubriríamos que este juez sería el que nos asistiera siempre.


¿Cuánto tiempo pasó desde la desaparición hasta que pudo volver a encontrarme con su hija?

Pasaron 2 años sin llamadas, sin saber nada de ella ni de su madre y con ciertos delitos cometidos por esta en ese transcurso como un empadronamiento fraudulento, alegando que no sabía ni mi teléfono, ni mi email ni mi paradero, cosa totalmente falsa.


Cuando descubrimos, gracias a mi suegra, que es en casa de esta donde se alojan ambas, y tras presentarme allí para poder ver a mi hija, esta me planta una nueva denuncia por agresiones que nuevamente me absuelven no solo en primera, sino que en segunda instancia lo ratifican. LIBRE ABSOLUCION

 

¿Qué paso después?

Acto seguido fui denunciado por un delito de vejaciones, trasladado también al juzgado de violencia de género, del que nuevamente me vuelven a absolver de todo delito y por el que un abogado, Moisés Huecas Uceta, me pedía 18 meses de cárcel o en contrapartida 18 meses de trabajos para la comunidad. POR UN DELITO DE VEJACIONES LEVES.

 
Como dije antes, fui absuelto.


Mientras tanto y para entorpecer todo proceso de medidas provisionales, mi ex cambia de domicilio para así trasladar el caso de Fuenlabrada a Madrid, dilatando todo en el tiempo y así poder tener cabida en un centro de mujeres maltratadas dependiente de la Federación de mujeres separadas y divorciadas, el CARRMM.


Por aquel entonces a mi madre le concede el juzgado unas medidas provisionales como abuela que esta señora incumple 2 domingos al mes durante más de 1 año. Mientras tanto, se me conceden a mí, las medidas provisionales y, nuevamente, otros 16 incumplimientos más que se denuncian.

 

¿Qué pasó en el juicio?

El juicio sale una vez ya tenemos concedidas las medidas definitivas y la respuesta de este mismo juez el pasado día 13/12/2019 fue la de amenazar con enviar a mi hija a Servicios Sociales si vuelvo a pisar ese juzgado pues, lo único que demuestro es ser un mal padre por denunciar a mi ex en los reiterados incumplimientos que, si hiciésemos caso al artículo 776.3 de la LEC que dice:


“El incumplimiento reiterado de las obligaciones derivadas del régimen de visitas, tanto por parte del progenitor guardador como del no guardador, podrá dar lugar a la modificación por el Tribunal del régimen de guarda y visitas.”

Ello debería dar lugar a un cambio de régimen de guarda y custodia y no a una amenaza a uno de los progenitores que no incumple en ningún momento.


Con el acobardamiento en el cuerpo recojo a mi hija y mi sorpresa es tal cuando me relata que su madre, que trabaja en B por las noches, puesto que está embargada por el juzgado, deja a la niña durmiendo en un carrito de paseo todas las noches desde hace 15 días. Carrito en el que la niña no puede estirarse siquiera mientras su cama queda vacía. Todo esto con conocimiento del centro y de su presidenta Ana María Pérez del Campo.

 

¿Qué paso al pedir que su hija duerma en su casa?

Cuando insto a mi ex, vía WhatsApp a que la niña duerma en mi casa mientras dure este trabajo de noche, lo que recibo son más amenazas diciéndome que si vuelvo a escribirla me denunciará por acoso y privándome nuevamente de todo contacto con nuestra hija.


En resumen, mi ex está siendo acogida en una casa de mujeres maltratadas gestionada por una federación que recibe subvenciones públicas sin tener una condena a su favor por violencia de género o Violencia Doméstica como nos gusta denominarla.


No contenta con esto, impide el correcto trato entre padre e hija y cuando se denuncian los incumplimientos de sentencia y la desobediencia a mandato judicial, el juez nos espeta que si volvemos al juzgado nos manda a la niña a servicios sociales y que somos unos padres pésimos.

 

Es decir, si ella incumple, me jodo. Si yo incumplo, voy preso. Ser hombre en los tiempos que corren es una profesión de riesgo.