El pasado 13 de julio se cumplieron 19 años del asesinato del concejal del Partido Popular en la localidad de Ermua Miguel Ángel Blanco, después de dos días de secuestro y angustiosa espera, fue asesinado de un disparo en la cabeza. El hecho conmociono a toda España en general y muy particularmente a la sociedad vasca, una sociedad muy dada a mirar a otro lado cuando se producían crímenes similares. Nació eso que los cursis denominaron el espíritu de Ermua.

El espíritu de Ermua duro poco. Al PNV, al Partido de los Negocios Vascos, al igual que a socialistas, populares y otras organizaciones políticas, no interesaba que esto se les fuera de las manos, no les interesaba que perdieran el control y que la gente, el pueblo, la ciudadanía actuaran al margen de ellos. Debían canalizar, encauzar la protesta. No interesaba la espontaneidad.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco no supuso el fin de ETA, supuso el inicio de un cambio de estrategia. Comprendieron que no les era interesante un enfrentamiento frontal con la sociedad vasca. Más interesante dejar de matar y sacar al estado lo que no habían conseguido con el crimen. Hoy día ETA o sus colaboradores o amigos están en las instituciones, cierto que también lo estuvieron durante los años de plomo, pero se les llego a expulsar de las mismas.

ETA no ha sido vencida, ETA no ha sido derrotada, ETA ha sido premiada. 19 años después del crimen, ayuntamientos como el de la ciudad de Vitoria, con alcalde del PNV apoyado por el PSOE, niega el merecido homenaje a Miguel Ángel Blanco con la excusa de que no nació en Vitoria, no era Alavés

ETA no ha sido vencida, ETA no ha sido derrotada, ETA ha sido premiada. 19 años después del crimen, ayuntamientos como el de la ciudad de Vitoria, con alcalde del PNV apoyado por el PSOE, niega el merecido homenaje a Miguel Ángel Blanco con la excusa de que no nació en Vitoria, no era Alavés. Para el PNV y los socialistas vascos, el hecho del lugar de nacimiento es determinante a la hora de participar en el recuerdo a las víctimas de ETA. Casi mejor así. Es un insulto que partidos como el PNV acudan a homenajes a víctimas del terrorismo, con lo compresivos que siempre se han mostrado hacia los asesinos.

La historia es tozuda y en muchas ocasiones paradójica. El 13 de Julio también se cumplieron 80 años del asesinato del entonces jefe de la oposición José Calvo Sotelo a manos de guardias de asalto que pertenecían a la escolta personal del dirigente socialista Indalecio Prieto, en lo que podría considerarse un crimen de estado perpetrado por los demócratas de la época. Son los mismos demócratas, pero de nuestra época, los que quitan todo reconocimiento a la figura de José Calvo Sotelo, tergiversando y manipulando la historia y negando el merecido homenaje al concejal de Ermua Miguel Argel Blanco.

La historia se repite, nombres distintos, épocas distintas, pero similares verdugos e idénticas víctimas, siempre del mismo bando y asesinos, criminales y terroristas, si no del mismo bando, muy comprensivos con aquel que ejecuta.

En el caso de José Calvo Sotelo, fueron miembros del PSOE, funcionarios del estado los autores del crimen. Los socialistas nunca pidieron perdón, ni siquiera un pequeño gesto de arrepentimiento o contrición. Todo lo contrario, borran todo reconocimiento, todo recuerdo de su memoria, sacan pecho sustituyendo calles, plazas o monumentos que llevan su nombre por la de los verdugos. Resulta insultante como existen en España calles, estaciones, plazas, monumentos, estadios de futbol dedicados a conocidos genocidas y asesinos. Indalecio Prieto, Carrillo, Pasionaria, Largo Caballero o Lluís Companys, son solo algunos ejemplos de insulto permanente que deben sufrir las víctimas o sus descendientes.

En estos 80 años hemos cambiado poco, no hemos aprendido nada. 80 años hemos tardado en borrar de nuestra historia y nuestra memoria a José Calvo Sotelo, y tan solo 19 en olvidarnos de Miguel Ángel Blanco, al que tanto PSOE como PNV niegan su merecido homenaje y reconocimiento en la ciudad de Vitoria.