Porque soy un veterano en esta guerra entre sexos que mantiene viva una casta de políticos barriobajeros y sin escrúpulos, gentuza atada de pies y manos por el yugo inmisericorde de lobbies feministas radicales, hombrecillos encogidos e impotentes a su tarea de sostén de un supuesto bien común y una igualdad efectiva entre sexos, porque hace años viví lo que tú ahora vives con desesperación, esto es, con falta de esperanza, convencido y seguro de mis palabras te digo lo que sigue:

 

El mejor regalo en esta Navidad y Nochebuena que puedes hacer a tu amado hijo es enderezar la cabeza, mirar al frente, cerrar los puños y ponerte al mando de tu vida y tu destino, porque sólo un hombre pleno de entereza y firme en su camino puede ser un buen padre.

 

Comienza por cuidarte tú, deja pasar las horas inmerso en una paz que te recomponga y vigorice, elimina todo ese estrés que te debilita y hace vulnerable.

 

Cuídate, pasea, lee, rodéate de gente positiva y quiérete. Cada día serás más fuerte, mira a otro lado en las provocaciones o trampas diarias que como minas explosivas van a poner en tu camino.

 

Disfruta el poco tiempo que puedas estar con tu hijo, no le hables mal de su madre, no lo inquietes, no lo perturbes, sencillamente ámalo al sol de los parques, al paseo de camino a un burguer o una pizzería. Habla con él de sus amiguitos, ayúdale en sus tareas escolares y cómprale ropa, esa ropa que su mamá no le pondrá, pero que tú has comprado junto a él y a su gusto. Porque el tiempo sólo vale la intensidad con la que se vive.

 

Aunque quizás cenes solo, aunque quizás te sientas solo aún rodeado de gente en esta Nochebuena, mira esa llama de amor que habita en ti, esa luz que alumbra un amor de padre a hijo, cuídala, que no se apague.

 

Te han metido en una guerra de guerrillas que durará toda tu vida, tu hijo es lo único valioso, esa será tu victoria final. Ten toda la paciencia del mundo, perderás todas las batallas del principio, pero ganarás la guerra: ese cariño de tu hijo que ahora torpedean y bombardean desde numerosos frentes.

 

Primero sé feliz tú, recomponte, sal de tus cenizas, pon todo lo bueno que hay en ti al servicio de tu meta, una meta de amor incondicional hacia lo que más quieres.

 

Sé fuerte, abandona la debilidad y sácale al tiempo en que estés con tu hijo todo el sabor que tiene. Cuídate, descansa, vigila tu salud, tanto la física como la emocional. Come sano, piensa también sano.

 

Lo importante no es el hoy, una noche, unas vacaciones en soledad, pasarán como pasa la vida, pero ahí estarás tú, el mejor tú que ha existido nunca, un tú hecho por ti, salido de los escombros y ahora invencible por su fortaleza interior.

 

¡Ese es el padre que espera tu hijo y ese es el hijo que mereces tú, amigo mío!

 

José R. Barrios