Contundente ha sido el debate producido en las redes sociales por las afirmaciones de Pablo Iglesias, manifestadas en un mitin, en las que el dirigente explicaba que el marketing equivale a lo que no es auténtico. Risto Mejide, que es publicista, se sintió ofendido por las declaraciones del líder de Podemos, dejo un comentario en su perfil de Facebook criticando la idea de Pablo Iglesias e indicando que el profesor universitario es fruto del marketing.

 

Al emitir públicamente ese mensaje, muchos usuarios, que, probablemente, eran seguidores, al menos en su mayor parte, de Podemos, respondieron críticamente a Risto Mejide por su afirmación. Algunos hicieron referencia al origen de la fama del presentador, que se encuentra en el marketing, y otros muchos decidieron atacar por distintos frentes dialécticos al presentador, que, finalmente, dejó un mensaje más conciliador en el que hacia mención a la relatividad de los aspectos del marketing.

 

Desde una perspectiva puramente literaria, Pablo Iglesias se equivocó. El Diccionario de la RAE define marketing remitiéndose a la mercadotecnia y diciendo que es el “conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda”. Por lo tanto, el marketing incluye un conjunto de actos que son necesarios para que un producto o servicio pueda ser distribuido con éxito entre los consumidores y usuarios. Risto señaló que “el marketing, si no es auténtico, no funciona”.

 

Realmente, todos los grandes políticos de los últimos años son, en mayor o menor medida, frutos del marketing, con el que se ha intentado lograr que las virtudes destaquen más que los defectos. Se han intentado potenciar sus apariciones televisivas, han procurado fomentar la elaboración de artículos de opinión y se ha luchado por conseguir una buena imagen, siendo cierto que esos aspectos forman parte de un panorama mediático que trata al político como un producto y a los electores como a consumidores que tienen que ser persuadidos.

 

El marketing se ha extendido al campo de la política por la evolución lógica de un bipartidismo degradado. Este hecho puede no ser negativo, siempre que no se intente engañar al electorado, pues deben actuar los dirigentes públicos con buena fe, siendo honestos con la sociedad.