Macario Valpuesta Bermúdez, catedrático de Latín de Instituto, profesor asociado de Derecho Romano en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) y autor de varios libros, es miembro del comité ejecutivo de VOX en Sevilla y encabeza la lista de los candidatos del partido al Senado por la capital andaluza.

 

Conocer el mundo clásico es como tener una guía perenne para arrostrar los problemas de la coexistencia humana. ¿Qué le enseñan a un político moderno los estadistas de la Antigüedad?

 

Efectivamente, el mundo clásico ha sido una fuente de inspiración para las sociedades occidentales desde sus inicios. Creo que la principal lección que hemos aprendido tanto de la democracia ateniense como de la república romana es que la libertad personal y la ciudadanía responsable requieren un entorno de respeto y de concordia. Si se hace un uso demagógico de la libertad, el poder absoluto acaba siempre por imponerse sobre la sociedad, como ocurrió allí.

 

¿Y qué puede aportar usted personalmente para restablecer ese ambiente de respeto y concordia tan necesario para una sociedad libre?

 

Yo individualmente puedo hacer bien poco, pero sí puedo arrimar el hombro dentro de mi partido para conseguir un mayor respeto a las leyes y a las tradiciones espontáneas que nos han conformado como sociedad, huyendo del intervencionismo salvaje de una izquierda desorientada.

 

Lo que dice resume muy bien las ideas principales del pensamiento liberal-conservador. Sin embargo, el Partido Popular también se reivindica esa tradición política, e incluso Ciudadanos se define como partido liberal. Los electores descontentos con el intervencionismo de la izquierda parecen tener varias opciones. ¿Por qué deberían votar por VOX?

 

Está claro que si el PP fuera una opción verdaderamente liberal-conservadora, VOX no habría nacido. El Partido Popular desperdició en 2011 una mayoría absoluta sin cambiar absolutamente nada del legado izquierdista del anterior presidente, Rodríguez Zapatero. El PP está a favor de la radical ley del aborto que padecemos en la actualidad, de la ideología de género, de la ley de Memoria Histórica, de mantener las autonomías (en Galicia y Valencia se muestra como un partido nacionalista más) y ha mantenido altos impuestos sin recortar para nada el gasto... El PP ha mantenido la negociación con la ETA, iniciada por el PSOE, por la que esta ha dejado las armas a cambio de prebendas políticas e impunidad para sus asesinos. Sinceramente, este partido apenas se diferencia en algo de la izquierda, salvo en cierta retórica y en la rivalidad que mantiene con ella para ocupar cargos públicos. Es verdad que Casado parece haberse dado cuenta de que están perdiendo votos por la derecha, pero su nueva estrategia más parece oportunismo electoralista que auténtica convicción. En todo caso, no estamos seguros de cuándo disimulaba, si lo hacía antes, cuando era un estrecho colaborador de Rajoy, o si lo hace ahora que es presidente de su partido.

 

En cuanto a Ciudadanos, se trata de un prodigio de ambigüedad política, capaz de pactar a su derecha y a su izquierda porque en realidad carece de principios. De ahí el calificativo que le damos: "veleta naranja". Desde luego, nosotros valoramos de forma positiva su nacimiento en Cataluña como un partido claramente español surgido de la claudicación del PP y PSOE ante los nacionalistas. Pero incluso allí se muestra a veces indeciso en la defensa de España, no le vayan a llamar extremista. Otras veces se presenta como la sucursal afrancesada de Macron al sur de los Pirineos: un partido tan moderado y centrista que cumple con todos los estándares de la corrección política. Es cierto que ante el radicalismo izquierdista del PSOE actual, de Podemos y de los separatistas, este partido ambiguo puede dar la sensación de ser una fuerza de centro-derecha moderada, pero nadie con valores liberales-conservadores lo puede considerar de los suyos.

 

Los buenos resultados de VOX en las elecciones andaluzas han cambiado completamente el panorama político a nivel nacional. ¿A qué se debe ese inesperado éxito precisamente en la comunidad autónoma que hasta finales del año pasado parecía el reducto más inexpugnable del socialismo español?

 

Creo que España no es ninguna excepción a lo que está pasando a nivel mundial. En las sociedades actuales hay un hartazgo de la corrección política, del feminismo radical, de las exageraciones de los animalistas, de las ocurrencias de los políticos que quieren controlar incluso los sentimientos de la gente. En Andalucía, por ejemplo, hay mucha afición a la caza y a los toros; y mucha gente está preocupada por que se pretenda prohibir sus tradiciones. Muchos están hartos de oír burlas y ataques feroces contra el cristianismo, ataques que se hacen amparándose en la libertad de expresión, y luego se asombran de que se pretenda penalizar como "delitos de odio" cualquier crítica al islam o a los colectivos LGTBI, por ejemplo. Además, lo que está pasando en Cataluña, con la tibieza y la complicidad de los partidos de siempre, ha sido uno de los desencadenantes principales del éxito de VOX.

 

El Senado, a diferencia del Congreso de los Diputados, desempeña una función más bien supervisora que legislativa. Sin embargo, en un solo caso, tiene una potestad plena y exclusiva: Si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución le imponga, el Senado puede aprobar las medidas contempladas en el famoso artículo 155. ¿Cree que es necesario aplicar de nuevo el 155 en Cataluña?

 

La aplicación del 155 en Cataluña que hizo Rajoy fue una muestra de cobardía y debilidad. En lo que dependa de nosotros, se aplicará este artículo con todo rigor y durante un período de tiempo largo, el necesario para desmantelar la red que ha tejido el separatismo con dinero público. Ningún país puede instalarse a vivir con instituciones internas entregadas a la rebeldía y a la demolición de la convivencia.

Sin embargo, el conflicto catalán es sólo la punta del témpano que refleja un malestar más profundo en la sociedad española con respecto al sistema autonómico. VOX propone eliminar completamente las comunidades autónomas. ¿No sería eso tirar las frutas frescas con las pochas?

 

El estado de las autonomías fue un intento bienintencionado de solucionar el problema surgido en el siglo XX en Cataluña y en el País Vasco. Porque aunque los nacionalistas vascos y catalanes se remonten a la Edad Media para justificar sus reivindicaciones, el asunto territorial es históricamente bastante reciente en España. Hoy, cuarenta años después de la Constitución de 1978, comprobamos cómo las autonomías no solo no han integrado mejor a esas comunidades en la nación, sino que están surgiendo más tensiones disgregadoras en otras regiones que nunca habían tenido la menor pretensión de autogobierno. España está hoy en un peligro serio de seguir el modelo de Yugoslavia. Por otro lado, las autonomías se han convertido en polos de corrupción de todos los partidos, además de crear una administración paralela que resulta carísima para el contribuyente. En Andalucía, la autonomía ni siquiera ha servido para vertebrar la región, ya que los recelos provincianos contra su capital, Sevilla, se han incrementado en otras zonas y ciudades cercanas. Las autonomías impiden incluso el reparto equitativo del agua, un bien escaso en la mayor parte del territorio español, a causa de los egoísmos regionales y la desconfianza recíproca entre comunidades. Sabemos que es difícil, pero aspiramos a construir un estado políticamente centralizado, pero con descentralización administrativa. Ello nos convertiría en una nación de ciudadanos libres e iguales, sin privilegios ni particularidades localistas. Mientras tanto lo que pedimos es la devolución de competencias al Estado central y que se abandone la política absurda de reclamar más y más competencias en favor de las regiones (en realidad, en favor de los políticos regionales) para después culpar a Madrid de todo lo que sale mal.

 

Andalucía, después de cuarenta años de gobierno socialista, sigue a la cola en casi todos los indicadores socioeconómicos. ¿Cómo beneficiaría un gobierno de VOX a los andaluces y, sobre todo, a sus electores sevillanos?

 

Una mirada al mundo permite comprobar de forma empírica cómo los países que gozan de mayor libertad económica, dentro de un estado de derecho, consiguen a la larga mayores cotas de bienestar y desarrollo que aquellos en los que los políticos intentan controlarlo todo, incluyendo la economía. El modelo seguido en Andalucía durante las últimas cuatro décadas es el típicamente socialista, basado en la subvención pública y en el clientelismo político, y sus resultados están a la vista. Nosotros creemos que ha llegado ya la hora de revertir esta situación, porque nuestra región cuenta con grandes potencialidades económicas, como subrayan todos los analistas.

 

Los analistas también advierten del invierno demográfico que se cierne sobre España y del peligro que eso supone para la estabilidad económica y social del país. ¿Qué propone VOX para revertir el envejecimiento de la sociedad española?

 

La cuestión de la demografía es sin duda el problema más grave que tiene planteado España, más, incluso, que el asunto catalán, porque de seguir así las cosas, la economía y la misma sociedad española se pueden hundir de manera definitiva en pocos decenios. Realmente sorprende la irresponsabilidad del resto de los partidos que parecen ciegos ante este suicidio colectivo, como si fuera un problema menor. En España tenemos a un especialista casi en solitario, Alejandro Macarrón, que trata inútilmente de advertir de lo que está pasando, como una nueva Casandra, ante la indiferencia de la mayoría, políticos y medios que conforman la opinión pública. En VOX reconocemos que este es un problema difícil, porque afecta a otras sociedades europeas y es una cuestión relacionada con los hábitos de vida privados de las personas. Sin embargo, lo primero que tenemos que hacer es reconocer la realidad tal cual es y alertar a la sociedad lo que se nos viene encima. Y, por supuesto, los gobiernos deberían adoptar medidas valientes de apoyo a la maternidad y a la familia, estableciendo incentivos que sigan la vía establecida por Orbán en Hungría. Tengo entendido que allí se ha producido un moderado repunte de la natalidad. Desgraciadamente, las izquierdas consideran que cualquier medida al respecto es un ataque a la mujer y que somos unos nostálgicos de las políticas franquistas de apoyo a la natalidad. Ese es el nivel de ceguera y de incompetencia.

 

Hungría es uno de los países europeos con mayor crecimiento económico y la tasa de paro ronda el 3%. En cambio, en España el desempleo sigue siendo un problema grave y un óbice para que los jóvenes puedan formar familia, lo que a su vez contribuye al envejecimiento de la sociedad y pone en peligro las pensiones. ¿Cuál es le receta de VOX para salir de este círculo vicioso?

 

España tiene un mercado de trabajo muy rígido, lo que condena al paro al 15% de la población laboral, incluso ahora que se supone que (todavía) hay crecimiento. Las cotizaciones sociales son muy altas y las indemnizaciones en caso de despido son desmedidas. Para colmo, Pedro Sánchez ha subido el salario mínimo, lo que encarece aún más la contratación. La experiencia de otros países demuestra una y mil veces que todas estas trabas impuestas legalmente no benefician en nada a los trabajadores, sobre todo a los que están buscando empleo, y además lastran la competitividad de las empresas. Pero en España la izquierda parece haber convencido a todos los demás partidos (incluidos el PP y Ciudadanos) de que el que pretenda cambiar en algo esta realidad es que es un neoliberal sin entrañas que solo quiere acabar con lo que ellos llaman pomposamente „las conquistas sociales”. Contra esa falsedad no nos queda más vía que la pedagogía, para hacer ver a nuestros compatriotas que nuestro planteamiento económico realmente funciona y es, por tanto, mucho mejor para todos. Llegado el caso de que pudiéramos aplicar nuestro programa, a esa labor de pedagogía tendríamos que añadir la firmeza en sostener nuestras opciones contra la demagogia izquierdista.