En el año 2017, el suicidio se mantuvo como la primera causa de muerte externa, con 3.679 fallecimientos, un 3,1% más que en 2016, correspondiendo  2.718 defunciones a hombres y 961 a mujeres. Esto quiere decir que casi el 74% de los suicidios corresponde a hombres y el 26% restante a mujeres o, lo que es lo mismo, por cada mujer se suicidan tres hombres. Ese mismo año, 2017, por accidentes de tráfico fallecieron 1.943 personas.

 

Si para reducir las muertes en carretera no dejan de instalar radares e incrementar el número de puntos que retiran del carnet por cada infracción, poniendo Tráfico en marcha, una tras otras,  campañas de prevención, al suicidio, que casi duplica las muertes por accidentes de tráfico (189%), nadie parece prestar atención y en esto se muestra necesario intuir o atisbar qué causas concretas frenan la responsabilidad que sobre esta lacra social tienen los Poderes Públicos, en especial cada Presidente del Gobierno, Vicepresidenta y Ministerios de Sanidad e Interior.

 

La Ministra de Sanidad, muy en su papel, sobre las 15:45h del jueves día 12/07/2019, en el telediario de Antena 3, aclaraba que «el suicidio, en el año 2018, fue la principal causa de muerte “prevenible”». Lo curioso de tal comentario de la Ministra es el adjetivo «prevenible».

 

Visto lo visto, la presión que una injusticia extrema está provocando en muchos hombres que no ven escape posible: se les impide convivir con sus hijos, quedan en la indigencia material, llevan en su frente la M de maltratador a raíz de una denuncia falsa y nadie les ayuda, excepto sus familiares más allegados o con suerte las atenciones de una nueva pareja.

 

Sin lugar a duda estamos ante crímenes de lesa humanidad, pues cabe entender que la despiadada persecución y el cruel hostigamiento hacia los varones heterosexuales en España, en especial aquellos que ya se han suicidado, los que se suicidan cada día y los que se suicidarán, debido a la presión insoportable que sobre sus vidas mantiene la jurisprudencia de género, hombres con nombres y apellidos, muchos de ellos padres de familia que incluso dejan una nota describiendo su dolorosa existencia, la injusticia que padecen, la misma que los guía hacia el suicidio como único escape existencial. Estos suicidios, por mor de un Estado de No Derecho que orienta a los varones a quitarse la vida, están tipificados como un delito sancionado en el art.7 del Estatuto de Roma, instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional sita en La Haya, ratificado por España en el BOE de 27/5/2002. Dicho art. 7 del citado Estatuto de Roma es una norma que parece específicamente redactada para la España de Género de nuestros aciagos días y reza así: «El genocidio de lesa humanidad es todo acto tipificado como persecución de un grupo o colectivo con identidad propia (varones heterosexuales) fundado en motivos de género (sexo masculino) cuando se comete como un ataque generalizado o sistemático contra una población civil (Juzgados de Género, Jurisprudencia de Género, Jueces de Género y Sentencias de Género)».

¿Si el suicidio es prevenible, por qué no se previene con un Plan Nacional Antisuicidio? La respuesta a esta pregunta, aunque macabra e indecente, es bastante simple: porque quienes se suicidan en gran número son hombres, también sucede en la sombra que la pensión compensatoria que recibe una mujer de su ex marido maltratador, esto es, simplemente denunciado, se transforma en pensión de viudedad una vez fallece éste.

Y es que todo lo tienen pensado y bien pensado ¡Ah, también legislado!

 

José R. Barrios