Las descripciones de estos padecimientos están relatadas con sobriedad y sin exageraciones,  pero a la vez con la crudeza que tuvieron. Pensamos que pueden ayudar a revivir la Pasión personalmente y comprender más a fondo cómo fueron esos sufrimientos.

La conclusión es que la naturaleza humana de Cristo era de una fortaleza tremenda para aguantar lo que aguantó.

Los capítulos de esta serie son los siguientes:

1. LA ORACIÓN EN EL HUERTO

En la mañana del Jueves Santo, Jesús realizó un largo desplazamiento a pie hasta Jerusalén. Era el mes de Nisán, que coincide con los meses de Marzo o Abril de nuestro calendario. En la noche de ese día celebró su Última Cena -la cena pascual- con los doce discípulos.

La Última Cena

La cena pascual de los judíos es una comida muy completa: consistía enverduras amargas, cordero asado y pan ácimo, seguramente acompañado de un poco de vino y, desde luego, agua. Excelente aporte de azúcares, aminoácidos, grasas, fibra, minerales y vitaminas, muy adecuada para cubrir las demandas de nutrientes que su organismo iba a necesitar en las siguientes doce horas de agonía y dolor.

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Es muy posible que la absorción de glucosa, grasas, aminoácidos y otros nutrientes estuviera seriamente comprometida por la fuerte descarga nerviosa de stress que soportaría poco después, provocando vasoconstricción sobre los vasos del tracto gastrointestinal, de manera que la digestión y la absorción de nutrientes no pudiera realizarse con normalidad.

El alimento en el estómago pudo haber causado una cierta sensación grata de llenado gástrico. Pero no es menos cierto que también, como consecuencia de los múltiples acciones extremadamente dolorosas y violentas que experimentaría después, se produjeran mareos y náuseas -causados por la pérdida abundante de sangre, sensación de desorientación por empujones, golpes en la cabeza, permanecer de pie durante mucho tiempo- y vómitos, que pudieran haber impregnado la ropa, con el olor consiguiente, aumentando más la penuria y postración del Hijo de Dios.

 

En la cena pascual, Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía, momento de gran tensión emocional para Jesús. Judas consuma su traición. Y Jesús conoce, y anuncia, la cercana triple negación de Pedro y la huida, por miedo, de los demás discípulos. Las palabras de Jesús son fuertes y vehementes:“Ardientemente he deseado celebrar esta pascua” (Lc 22, 14). El estado psíquico de Jesús es de gran emoción, angustia, tristeza y, al mismo tiempo, gozo de quien sabe que está a punto de consumar la Redención.

En el Huerto de los Olivos 

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Acabada la cena, partió con sus discípulos al Getsemaní, el Huerto de los Olivos. Dice el Evangelio, que estando allí, “Jesús entró en agonía” (Lc 22, 44): Es la única ocasión en los evangelios en que aparece la palabra agonía, palabra griega que significa “estar dispuesto para el combate, para la lucha”

Acabada la cena, partió con sus discípulos al Getsemaní, el Huerto de los Olivos. Dice el Evangelio, que estando allí, “Jesús entró en agonía” (Lc 22, 44): Es la única ocasión en los evangelios en que aparece la palabra agonía, palabra griega que significa “estar dispuesto para el combate, para la lucha”. Jesús agoniza en el sentido de estar dispuesto o preparado para sufrir todo el cúmulo de tormentos –físicos, psicológicos y morales- que Él sabe perfectamente que están a punto de venir, y que culminarán con la muerte en la Cruz.

Podemos imaginar la profunda angustia y abatimiento de Jesús: soledad, tristeza, desconsuelo, gran aflicción. Su naturaleza humana rechaza la pasión: “Si es posible aparta de mí este cáliz” (Lc 22,39), pero acepta la voluntad del Padre. Un ángel le conforta.

En este momento se produjo una intensa descarga nerviosa vegetativa, llamada reacción de alarma o stress, que cursa con una fuerte constricción de los vasos sanguíneos cutáneos, provocando debilidad y ablandamiento de la piel,  y vasos abdominales, reconduciendo el flujo sanguíneo a los órganos vitales: corazón y cerebro. Esta descarga nerviosa también produce una gran dilatación de los vasos sanguíneos que rodean las glándulas sudoríparas. Comienza entonces una intensa sudoración que empaparía la ropa de Jesús y al evaporarse causaría una terrible y constante sensación de frío, intensificada por la noche.

El efecto vasodilatador debió de ser incrementado por la liberación glandular a sangre del enzima formador de bradiquinina. Es una enzima que, al actuar sobre una globulina plasmática, da lugar a la formación de bradiquinina, provocando una fuerte acción vasodilatadora adicional. La liberación debradiquinina equivale a una mayor sudoración y por tanto a un mayor enfriamiento al evaporarse el sudor. Es posible que la ropa permaneciera mojada de sudor durante toda la Pasión, lo que podría haber causado una sensación de frío constante.

El sudor de sangre

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El grandísimo volumen de sangre que tendrían que soportar los capilares que rodeaban las glándulas sudoríparas debido a la gran vasodilatación, sumado al flujo proveniente de grandes áreas abdominales y superficiales, con el efecto adicional de la bradiquinina, supuso un aumento de presión sanguínea que los pequeños vasos no pudieron soportar, provocando su ruptura. La sangre de las pequeñas pero numerosas hemorragias locales podría haber salido por capilaridad a través de los propios conductos sudoríparos, especialmente en la cara, frente, palma de las manos y pies,quizá también en la cabeza y cuello, lugares en los que existe una abundante población de glándulas sudoríparas. Se habría vertido hacia el exterior unamezcla de sudor y sangre.

San Lucas, médico, escribe en su evangelio que Jesús sudó sangre (Lc 22, 44) y que la sangre empapó la tierra del suelo del Huerto. Describe una hematidrosis, situación extremadamente rara que se ha descrito en personas sometidas a una fortísima situación de stress en las horas previas a una ejecución cierta, irrevocable y extremadamente cruel.

 

Posiblemente la pérdida de sangre a causa de la hematidrosis no fuera muy relevante cara al comienzo de un shock hipovolémico (coma provocado por pérdidas importantes de líquido), pero desde luego, no puede de dejar de tenerse en cuenta, especialmente como indicadora de debilidad cutánea y del tremendo shock emocional y psíquico al que estaba sometida la naturaleza humana de Jesús.

 

Puesto que San Lucas escribe sobre sangre que empapa el suelo, parece que se confirma el diagnóstico de hematidrosis, más que el de cromohidrosis (“agua o sudor coloreado”), que consiste en una sudoración amarillo-verdosa o marrón, compuesta por sudor y restos de glóbulos rojos y hemoglobina oxidada que colorea el sudor. En el Huerto de los Olivos se produjo, pues, la primera hemorragia de la Pasión de Jesús, sin que ningún agente externo mecánico o traumático actuara sobre su cuerpo.

Los mecanismos fisiológicos que acompañan la situación de angustia provocan una dramática elevación de las concentraciones en sangre deadrenalinanoradrenalina, sustancias químicas que dan lugar a una agotadora y extrema taquicardiaTambién aumentan en sangre el cortisol yglucagón, con aumento de azúcar en sangre, y una bajada de insulina. 

 

Otros efectos de la fuerte situación de stress son: midriasis (contracción pupilar), aceleración del ritmo respiratorio, e hipercortisolemia, que contribuye a la hiperglucemia. La pérdida de agua por sudoración abundante y por la hematidrosis, así como la alta concentración de azúcar en sangre, debieron provocar una sed ardiente, y la aparición de heridas en la mucosa bucal y lingual. Jesús padecería escalofríos y temblores por el frío de la noche y de la ropa empapada por un intenso volumen de sudor enfriado, sumado a ladebilidad por el insomnio. No se puede descartar, por otra parte, el comienzo de alteraciones en la coagulación y sistema inmune de Jesús, como un aumento de la agregación plaquetaria y activación de mastocitos tisulares y basófilos circulantes.

La intensa descarga del sistema nervioso pudo producir encefalinas, que junto con las endorfinas y dinorfinas de diversas procedencias, pudieron contribuir aaliviar ligeramente el dolor físico posterior, pues estas sustancias bloquean parte de la vía sensorial termoalgésica y otras áreas supramedulares implicadas en el control endógeno del dolor.

 

Por la misma descarga nerviosa se pudo haber producido un erizado de los cabellos de la cabeza, a causa de la fuerte contracción de los músculospiloerectores, cuya función se relaciona con procesos termorreguladores conservadores de calor corporal, en la medida que favorecen que se atrapen capas de aire caliente próximas a la piel. Pudo ser también muy posible que la fuerte constricción de los vasos de los folículos pilosos originara isquemia(falta de oxígeno) y pérdida de cabello. Se han descrito casos de pérdida muy grande de pelo como consecuencia de un trance angustioso de gran terror y espanto.

 

La traición de Judas

Podemos imaginar el terror de los discípulos al ver el aspecto externo de Jesús que se desprende indudablemente de la hematidrosis: el rostro pálido, lívido, quizás con el cabello erizado, sudoroso, con manchas de sangre visibles en la frente y en la cara, en la negrura de una noche llena de presagios terroríficos y que comienza a iluminarse con luces irregulares procedentes de antorchas de gente que llega: no extraña el espanto de aquellos pobres hombres, medio dormidos, que salen corriendo.

Judas, su amigo, le entrega con un beso. Más dolor y aflicción por la traición de uno de sus elegidos, a quien en el momento de la entrega llama amigo.

2. LA FLAGELACIÓN

 

Por la mañana del viernes, Jesús es presentado ante Pilatos, quien no ve en él culpa alguna. Ante la insistencia del pueblo judío, instigado por los sumos sacerdotes, manda azotarlo antes de ser crucificado. La condena de Pilatos se corresponde con un crimen judicial, pues sabiendo que Jesús es inocente, lo condena a muerte.

La flagelación

Los soldados del gobernador atan a Jesús a una columna para ejecutar la condena: la flagelación romana se aplicaba a la espalda y caras posteriores de muslos y piernas.

Los flagelum –instrumentos con los que se flagelaba- solían tener tres correas en el extremo del mango. En cada una de ellas se anudaban tres bolas metálicas o trozos de hueso, de manera que cada golpe se multiplicaba por tres y desgarraba la zona golpeada. Solían ser dos los verdugos, uno a cada lado.

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Se nos hace difícil imaginar el dolor extremadamente agudo generado en una piel debilitada por insuficiente perfusión después de la vasoconstricción cutánea por la tensión emocional en la agonía del huerto.

El tronco, tanto en el pecho como en la espalda, presenta numerosas lesiones:contusiones en forma de equimosis (manchas rojas cutáneas producidas por extravasación de sangre) y hematomas, algunas de ellas de carácter longitudinal, representando la impronta de los flagelos.

Por la violencia y reiteración de los golpes, se pudieran haber producido en algunas zonas cutáneas, soluciones de continuidad, apareciendo heridas contusas longitudinales, erosiones (arañazos superficiales) y escoriaciones (arañazos profundos).

En algunas partes del cuerpo, las heridas contusas son especialmente profundas, produciéndose un gran desgarramiento cutáneo, subcutáneo y de músculos torácicos que pudieron dejar las costillas al descubierto.También son desagarrados músculos abdominales, de extremidades superiores e inferiores e incluso de la región posterior del cuello. 

 

Teniendo en cuenta la postura del reo atado a la columna, es casi seguro que todas estas heridas predominen en la parte posterior del tronco. La gran cantidad de golpes que impactan en los mismos lugares produce la serie de lesiones mencionadas que son similares a las que se conocen como síndrome de aplastamiento.

 

El dolor es incalificable. El organismo intenta atenuar este dolor con estos procesos fisiológicos:

a) Liberación de opiáceos endógenos encefalinas que contribuyen a aliviar algo el sufrimiento, en los primeros latigazos. Después,el control endógeno del dolor se hace mucho más ineficaz.

 

b) Se pone en marcha otro mecanismo automático e inconsciente de defensa frente al dolor, que consiste en el llamado reflejo masivo corporal flexor,que incluye reducir la movilidad al mínimo. La reducción de movilidad en el tórax implica disminución de la actividad respiratoria: se producen muchas respiraciones superficiales, ventilación pulmonar insuficiente; falta aporte de oxígeno en el organismo (hipoxia hipoxémica), se acumula dióxido de carbono en los tejidos (hipercapnia) con la consecuente acidosis respiratoria. A este reflejo se suma una dificultad y restricción respiratoria por la lesión traumática de músculos respiratorios en cuello y tórax.

Al borde de la muerte

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Las grandes lesiones traumáticas producidas en tórax y abdomen podrían perfectamente haber causado irritación de las dos membranas que recubren los pulmones -pleuras- y contusiones renales. Aparte de un posible comienzo de insuficiencia renal, podría haber comienzo de pleuritis con edema pleural:es decir, acumulación patológica de líquido en el espacio interpleural, que dificultaría físicamente el movimiento del corazón en el ciclo cardiaco, y la expansión y retracción de los pulmones en el ciclo respiratorio.

 

Las hemorragias de la flagelación no tienen porqué ser muy profusas, pues las lesiones no son todas muy profundas, y por lo tanto, no afectan a grandes arterias o venas. Sin embargo, al ser una extensión muy amplia de la piel comprometida en la flagelación, la pérdida sanguínea se va acumulando y puede llegar a ser de uno o dos litros. Esta pérdida de sangre aumenta el riesgo de un shock. Para compensar las pérdidas se ponen en marcha sistemas reguladores renales, cardíacos, y hormonales.

 

Sin embargo, la pérdida de dos litros (40% del volumen sanguíneo normal) es ya muy severa, pues supone una pérdida significativa de sangre: la presión arterial puede caer a niveles tan bajos que conduzcan irremisiblemente a la muerte. Los mecanismos de compensación pueden ser incapaces de mantener durante mucho tiempo su función, y el sujeto fallece por la hemorragia masiva, cosa que efectivamente no sucedió en Jesús al final de la flagelación.

 

La intensa hemorragia origina fiebre. Además, seguramente comenzó un proceso de infección, por lo que puede instaurarse un shock séptico.Lo que es seguro, es que Jesús estaba en estado de shock al cargar con la cruz, que se acentuó después con la crucifixión

La intensa hemorragia origina fiebre. Además, seguramente comenzó un proceso de infección, por lo que puede instaurarse un shock séptico.Lo que es seguro, es que Jesús estaba en estado de shock al cargar con la cruz, que se acentuó después con la crucifixión.

Conviene tener en cuenta múltiples y graves consecuencias de este shockinsuficiencia cardiaca, reflejos nerviosos compensadores de la función cardiovascular y respiratoria resentidos, alta concentración de dióxido de carbono en sangre, microcoágulos por la propia acidez y la sangre “estancada”, aumento de la presión capilar acompañada de edemas -tanto periféricos como pulmonares-, liberación de toxinas por parte de tejidos isquémicos o mal oxigenados, absorción de bacterias por el bajo aflujo sanguíneo intestinal y deterioro celular generalizado, especialmente relevante en músculo, corazón, riñones, sistema nervioso central e hígado.

Una gran entereza

Como se ha dicho, la flagelación se realizó sobre una piel muy isquémica, y por tanto, muy debilitada; los azotes produjeron, casi con certeza, la ruptura masiva de células: citólisis. El potasio celular se vierte en grandes cantidades a la sangre, alterando el equilibrio de los iones en elorganismo. El aumento de potasio en sangre, aparte de producir acidosis metabólica -que se suma a la acidosis respiratoria-, compromete gravemente la función cardíaca, dado que el aumento excesivo de potasio en sangre afecta seriamente a los procesos de estimulación eléctrica del corazón.

 

Es posible que se instaurara una hiperbilirrubinemia, que consiste en un aumento de bilirrubina en sangre. La bilirrubina es un pigmento orgánico de color amarillo-anaranjado que resulta de la degradación de hemoglobina. Como ya se ha mencionado, la flagelación debió de provocar la ruptura de gran multitud de células, entre ellas, los glóbulos rojos, portadores de hemoglobina. El resultado de la flagelación es un vertido masivo de hemoglobina que, posteriormente, es degradada a bilirrubina.

 

Por otra parte,la elevación de los niveles de cortisol en plasma como consecuencia del fortísimo stress psíquico y físico que venía sufriendo desde la última cena, impiden la eliminación biliar de bilirrubina y de múltiples sustancias. Estas dos causas incrementan la bilirrubina en sangre, que en gran cantidad es extremadamente tóxica para las neuronas, y puede producir episodios de descoordinación motora, confusión mental y cierta descoordinación intelectual.

 

El Evangelio no describe en ningún momento ningún dato de alteraciones neurológicas ni psíquicas en Jesús. Todo lo contrario: la capacidad de sufrir, perdonar y aceptar la Pasión revelan una integridad espiritual, psíquica y neurológica.  El cuerpo humano de Cristo resistió con especial fortaleza esa condición fisiopatológica.

Por las graves lesiones traumáticas de la flagelación se empiezan a formar coágulos con posibilidad de taponar arterias coronarias, vasos pulmonares y cerebrales, pudiéndose provocar pequeños infartos en algunas regiones. Posible angina de pecho, que provoca un fuerte dolor estrangulante y opresivo.

 

Los latigazos podían ser varios cientos, dependía de la voluntad del lictor y de la saña de los sayones. La mayor parte de los reos fallecían en el suplicio, por shock hipovolémicoséptico y fallo cardiorespiratorio. Es difícil describir eldolor inefable, paroxístico, en la perfecta naturaleza humana de Jesús.

3. LA CORONACIÓN DE ESPINAS

 

Los soldados romanos se burlan de Él. Como se burlaron los judíos en los juicios de la noche anterior. Aún por la mañana, le echan encima un manto de color púrpura, posiblemente viejo, sucio y maloliente que podría haber estado toda la noche encima de alguna caballería.

Probablemente la corona le cubría toda la cabeza, a modo de casquete

Le ciñeron una corona de espinas entretejidas, y comenzaron a saludarle: «Salve, Rey de los Judíos». Y golpeaban su cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, le adoraban.” (Mc 15, 17-20).

La corona de espinas

corona de espinas

 

Posiblemente las espinas provinieran de la planta Euphorbia esplendens, también llamada “corona de Cristo. Las espinas son hojas modificadas que dan lugar a formaciones agudas, aleznadas, a veces ramificadas, provistas de tejido vascular, rígidas por ser ricas en tejidos de sostén.Las espinas pueden tener una longitud 2 o 3 cm.

 

Se producen múltiples heridas pequeñas punzantes (pinchazos), incisiones (cortes) e inciso-contusiones (cortes unidos a golpes o cortes producidos por instrumentos no cortantes), que abarcan la parte superior de la frente y se continúan hacia atrás por ambos lados de la cabeza, afectando a los huesos parietales, temporales y occipital.

 

Las heridas son profundas, afectando a toda la galea capitis (cuero cabelludo), una de las regiones cutáneas con más capilares del cuerpo. Lospabellones auriculares se hallan igualmente perforados por la acción de los pinchos punzantes de la corona. No podemos olvidar que, como narran los Evangelios, la corona de espinas fue hendida, presionada, apretada sobre la cabeza con golpes de palos que los soldados romanos propinaron a Jesús (Mt 27, 30).

Como consecuencia de las profusas hemorragias provocadas por las múltiples heridas, todo el cabello, en toda su longitud, se encuentra empapado de sangre húmeda o con costras originadas al secarse y coagularse la sangre.

El dolor generado en las muy abundantes terminaciones nerviosas cutáneas craneales que captan estímulos dolorosos (nocirreceptores) es muy agudo. Además, la pérdida adicional de sangre, que debió resbalar por la frente, cayendo hasta los ojos (impidiendo una correcta visión), sienes y cabello pudo ser considerable.

 

También es posible que parte de la abundante sangre que caía desde la cabeza y desde la frente pasara a la boca, fuera sorbida y contribuyera a aliviar en alguna medida la intensa sed que Jesús ya sin duda padecía, por la fuerte deshidratación (por sudoración y hemorragias) y por la pérdida de electrolitos (sal), además de la sensación de calor por la fiebre que sin duda padecía.

 

Ya es la tercera hemorragia: sudor de sangre, flagelación, la coronación de espinas. Es probable que comenzara a instaurarse un proceso de coagulación intravascular diseminada como consecuencia de la existencia de muchas lesiones y traumas del cuerpo de Jesús.

Las bacterias que aprovecharon la debilidad de Jesús durante la flagelación para infectar las heridas, empiezan a segregar toxinas que contribuyen a agravar el proceso de coagulación. Puede que la capacidad hepática de sintetizar y liberar factores de la coagulación pudiera estar tan agotada por aporte de oxígeno insuficiente al hígado, que la capacidad de mantener el equilibrio de coagulación en la sangre de Jesús podría haber estado muy comprometida.

Ecce Homo!

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Pilato lo presenta al pueblo con un aspecto espantosamente deplorable: “Ahí tenéis a vuestro rey” (Jn, 19, 14). Jesucristo flagelado, con la corona de espinas en la cabeza, cubierto con un mugriento y maloliente manto de burla, somnoliento, con gran debilidad, el pelo revuelto y desgreñado y con costras de sangre coagulada, encogido, doblado por la fuerte descarga nerviosa y el intenso dolor, con contusiones y hematomas en la cara por el trato brutal, y quizás temblando y tiritando por el dolor intenso, el frío y la fiebre que se produce cuando se pierde mucha sangre

Pilato lo presenta al pueblo con un aspecto espantosamente deplorable: “Ahí tenéis a vuestro rey” (Jn, 19, 14). Jesucristo flagelado, con la corona de espinas en la cabeza, cubierto con un mugriento y maloliente manto de burla, somnoliento, con gran debilidad, el pelo revuelto y desgreñado y con costras de sangre coagulada, encogido, doblado por la fuerte descarga nerviosa y el intenso dolor, con contusiones y hematomas en la cara por el trato brutal, y quizás temblando y tiritando por el dolor intenso, el frío y la fiebre que se produce cuando se pierde mucha sangre. Con una sed aún más intensa, saliva pastosa y espesa, la lengua seca y los labios agrietados de la propia sequedad.

 

Dolor de cabeza tensional. Le hacen llevar un trozo de palo en la mano a modo de cetro… y se le presenta como un Rey “Varón de dolores, no hay en El parecer ni hermosura, con el rostro que espanta”

La debilidad es ya muy grande: progresa el shock por falta de sangre, posiblemente complicado con inicio de shock infeccioso. Posible comienzo de insuficiencia cardíaca, por menor retorno venoso y arritmias provocadas por el alto potasio en sangre complicadas por fuertes taquicardias a causa de la reacción de stress, por descarga nerviosa. Progresa el posible derrame pulmonar y pericárdico que comenzó en la flagelación, lo que dificulta la respiración, aún más complicada por la referida postura de flexión del tronco y la pleuritis.

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Jesús sufre una sed fortísima por la gran deshidratación, que activa fuertemente el sistema renal y los centros cerebrales reguladores de la ingesta de agua y de la sensación de sed. Se produce una retención renal –en la medida que los riñones funcionaran competentemente- de sal y agua y aumenta de la secreción de potasio gracias a una hormona: la aldosterona, en un intento para paliar algo la altísima concentración de potasio (porcitolisis muscular y de glóbulos rojos masiva).

 

Cualquiera que sea el estado final de alteración de la concentración de potasio, es razonable que contribuyera a complicar la excitabilidad nerviosa, neuromuscular y cardíaca.

Ya se ha mencionado un posible comienzo de insuficiencia renal, en el que pudieran estar actuando, al menos, tres mecanismos:

a) Las células musculares, al ser rotas por las contusiones fortísimas de la flagelación, vierten una proteína a sangre, la mioglobina, que obstruye el sistema de filtración del riñón.

b) Las fuertes lesiones de la flagelación en la región lumbar que pudieron contusionar  directamente los riñones

c) La intensa vasoconstricción arteriolar aferente y eferente causada por la angiotensina-II, otra hormona hepática segregada junto a la aldosterona, deja casi sin sangre al riñón.

Y en todo momento, Jesús permanece callado, perdonando, aceptando el sufrimiento, quizá preparándose ya para el duro camino que le espera hasta el Calvario.

 

 

 

4. CON LA CRUZ A CUESTAS

 

El gobernador le condena a muerte en la cruz: patíbulo de delincuentes y malhechores que -como la flagelación- jamás se aplicaba a ciudadanos romanos salvo en casos de deserción de soldados.
Le arrancan la túnica púrpura de forma violenta y brusca: es posible que la tela, basta y sucia, se hubiera adherido a la piel por simple contacto de las costras de la sangre coagulada de gran parte de las heridas de la flagelación. Se abren de nuevo las heridas, avivándose el dolor, y provocando una nueva hemorragia, frío, temblores musculares, vergüenza y pública humillación.

Le ciñeron una corona de espinas entretejidas"

Le cargan la cruz

con la cruz

Le cargan la cruz. Los historiadores del imperio romano de la época y posteriores, explican los diversos tipos de cruces. Es posible que el madero transversal, muy pesado (hasta 30 o 40 Kg), basto y rugoso, fuera transportado por Jesús entre la nuca y sus dos brazos, seguramente atados con cuerdas al madero.

 

Se hienden los omoplatos y se agudiza el dolor de la corona de espinas en la región occipital –posterior- de la cabeza. La cara, tronco y piernas quedan muy peligrosamente expuestas a caídas de bruces, por tropiezo y debilidad. Pudieron haberse producido erosiones y excoriaciones en cara, rodillas y manos, si no estuvieron atadas al madero.

 

No quedan muy lejos el Palacio de Poncio Pilato y  el Gólgota, apenas unos mil o dos mil pasos. Sin embargo, el camino de Jesús fue largo, difícil y muy doloroso: descalzo, cubierto de heridas, con un madero bajo los hombros y una corona de espinas, sediento y aturdido, en estado de shock, bajo un fuerte sol de mediodía, rodeado de burlas, injurias y humillaciones que tendría que soportar en su camino.

 

Y a uno que pasaba por allí, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que volvía de su granja, le forzaron a llevar la cruz de Jesús” (Mc 15, 21). Aunque Simón de Cirene es forzado a ayudar al reo, parece que Jesús secayó tres veces, posiblemente de cara, con todo el peso del madero en su cabeza: se producen contusiones faciales, especialmente en la nariz, que es una región particularmente dolorosa y muy capilarizada, por lo que se produciría una hemorragia nasal abundante (epistaxis). Traumas en la frente, cara, labios, quizás dolores agudos por contusiones en dientes, y posiblemente en las rodillas, al intentar parar, adelantando una de las piernas, el golpe tremendo de la cara, aplastada por el madero en la caída al suelo.

Camino al Calvario

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El rostro hermoso de Jesús está ahora pálido, amoratado, sangrante, con hinchazones y la nariz deformada, sucio, lleno de polvo, maloliente, con los ojos hinchados, casi cerrados por el dolor y las contusiones, por la luz intensa del mediodía que hiere las pupilas dilatadas de Jesús. Lágrimas de Jesús. El rictus labial denota sufrimiento, angustia y desamparo. Ruido ensordecedor de voces y gritos e insultos por todas partes. Quizás en los labios se produjeron lesiones que causaron hematomas y posibles lesiones en la dentadura anterior. Fuerte jaqueca tensional por las contusiones.

 

La sed se hace cada vez más insoportable. La boca está seca, la lengua como un trapo áspero, quizás con heridas agrietadas. Inmenso dolor de alguna pieza dental contusionada por caídas o golpes. Jesús intenta tragar saliva,pero es poco abundante, demasiado espesa y pastosa. Aturdido, Jesús baja la cabeza, como recogiéndose en sí mismo, defendiéndose de tantas agresiones

La sed se hace cada vez más insoportable. La boca está seca, la lengua como un trapo áspero, quizás con heridas agrietadas. Inmenso dolor de alguna pieza dental contusionada por caídas o golpes. Jesús intenta tragar saliva,pero es poco abundante, demasiado espesa y pastosa.

Aturdido, Jesús baja la cabeza, como recogiéndose en sí mismo, defendiéndose de tantas agresiones

. Para aliviar el dolor, aprieta los dientes, cierra los ojos fuertemente, y luego los abre y mira alrededor lúcidamente, buscando algún consuelo, alguna cara conocida, un esbozo de sonrisa suplicante, que revista de dignidad y compasión su propio expolio. Y sus ojos se encuentran con los de su madre. En medio del sufrimiento inmenso, halla el dulce consuelo de su madre, María. Cada corazón vierte en el otro su propio dolor y, reconfortado, prosigue su Via Crucis.

 

Aprieta con fuerza las manos y la nuca al madero para estimular la secreción deopioides endógenos, como reflejo inconsciente de quien persigue algún alivio del dolor. Y mientras, lágrimas saladas, salivación espesa, toses y carraspeo, vómitos, respiración acelerada, aparte de una molesta taquicardia.

 

Es poco más de mediodía. Comienza a hacer mucho calor y Jesús suda y se fatiga aún más. Posiblemente le hayan atado una cuerda al cuello o a la cintura para tirar de él, gritándole soezmente, insultándole.

Tal vez, y desde que se terminó la flagelación, multitud de moscas y otros insectos se lanzarían sobre las heridas sangrantes del reo. Mal olor por la ropa sucia, la sangre coagulada, el vómito y el sudor. Y el ambiente fétido de unas calles sórdidas, apestadas por la multitud de animales y de personas sudorosas y sucias. Es difícil imaginar tanto sufrimiento físico y moral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. ES CLAVADO EN LA CRUZ

 

Llegan al Calvario. El camino ha sido cuesta arriba y Jesús está exhausto. Le quitan con brusquedad su túnica inconsútil. Jesús sufre al sentir sobre sí mismo la vergüenza de su desnudez a la vista de cientos de miradas.
El cuerpo Santísimo del Creador del mundo expuesto a la mofa y escarnio de unos personajes zafios, crueles y groseros. No es difícil imaginar a la Virgen acercándose para cubrir con un manto parte el cuerpo de su Hijo. Ningún soldado romano o sayón judío osó impedir este acto de protección maternal del pudor de su Hijo.

Crucifican a Jesús 

Las cientos de heridas medio cerradas se reabren por segunda vez. Nueva hemorragia. “Le crucificaron allí, a él y a los ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen»”(Lc 23, 34)clavando_cristo_cruz

San Mateo dice que “desde la hora sexta (doce del mediodía) toda la tierra se oscureció hasta la hora nona (tres de la tarde)” (Mt 27, 45), y que incluso se produjo un pequeñoterremoto que quizás zarandeara la cruz. La creación, estremecida y avergonzada, parece que quiere envolver en la sombra del pudor el cuerpo descubierto de su Creador clavado en la cruz. Y posiblemente comenzó a hacer más frío.

 

Por documentos históricos, tanto de escritores cristianos como paganos, y por los hallazgos arqueológicos de crucificados en la Palestina de la época del Señor, es razonable pensar que primero clavaran los dos brazos al tablero horizontal que cargó durante el camino al Calvario.

 

Además, conocemos bien el tamaño y la forma de los clavos de hierro que solían emplear los romanos para la crucifixión: largas pirámides cuadrangulares, con amplia base de retención, también cuadrada. Los clavos eran, seguramente, guiados entre el radio y los huesos del carpo (muñeca), o entre las dos filas de huesos del carpo, ya sea próximos o a través del flexor retinaculum y los ligamentos del carpo. El clavo podía pasar perfectamente entre los elementos óseos y no producir ninguna fractura. Pero posiblemente, la herida perióstica era extremadamente dolorosa(el periostio es la membrana fibrosa adherida a los huesos, que sirve para su nutrición y renovación).

 

Con los brazos estirados pero no en forma tirante, las muñecas -no las palmas de las manos- eran clavadas al patíbulo. Se ha demostrado que los ligamentos y los huesos de la muñeca pueden soportar el peso del cuerpo suspendido. De otra forma, si se hubieran clavado las palmas, el peso del cuerpo en posición vertical las hubiera desgarrado.

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Los clavos pudieron rozar o atravesar el nerviomediano, que produciría descargas de dolor proyectado y referido en ambos brazos. La lesión del nervio mediano provocaría parálisis de una porción de la mano. Además, la parálisis y las contracciones musculares podrían haber causado isquemia (falta de circulación sanguínea adecuada) en muñecas y manos, debilidad de varios ligamentos y posibles desgarros.

 

Se produce, además, un intensísimo dolor agudo proyectado a toda la mano -que se suma al del clavo desgarrando piel, músculos y tendones- y que se refiere a todo el brazo y hombro en los lados del cuerpo.

Se produce, además, un intensísimo dolor agudo proyectado a toda la mano -que se suma al del clavo desgarrando piel, músculos y tendones- y que se refiere a todo el brazo y hombro en los lados del cuerpo. Se produce flexión inmediata y permanente del dedo pulgar.

Los pies podían ser clavados con dos clavos o con uno. En este último caso, el dolor es posible que aún fuera mayor, por la menor facilidad de movimiento derivado de la necesidad de superponer una pierna sobre otra.Podemos imaginar además que los verdugos, necesariamente brutales y despiadados, no tuvieran demasiadas contemplaciones para hincar los clavos en el cuerpo y en la madera, y que alguno de los martillazos fallaran en su puntería y cayeran directamente en las manos, muñecas o empeine del pie de Jesús.

clavos_pies_cristo

 

Los pies se sujetaban al madero vertical a través de unos clavos de hierro colocados entre el primero y segundo espacio intermetatarsiano, justamente cerca de la articulacióntarsometatarsiana. Es lógico afirmar entonces que el nervio peroneo y los nervios de la planta del pie podrían lesionarse con los clavos, produciendo un agudo dolor .

Se provocaron, pues, en las regiones carpiana y tarsales de ambas extremidades, heridas punzantes, transfisiantes (que atraviesan), de bordes contusos y signos de pequeños desgarramientos al tener que soportar el peso del cuerpo de Jesús.

 

MAÑANA LA MUERTE DE CRISTO...