El barcelonés Javier Algarra es uno de los clásicos del periodismo español. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido director ejecutivo de los Informativos de TVE, corresponsal en Londres de RNE, director de Informativos de Antena 3 TV, de Onda Cero Radio, donde ha presentado “La Brújula”, y de Intereconomía TV, donde ha dirigido “Dando Caña” y “El Gato al Agua”. Ha escrito en Diario de Barcelona, Interviú, Época, La Vanguardia, La Gaceta, La Razón y ABC. Ha sido galardonado con varias Antenas de Oro. 

 

En esta entrevista, que ha tenido el honor de concedernos, realiza un completo repaso a su dilatada trayectoria en los medios más importantes de este país. Igualmente recuerda con agrado su corta, pero brillante, trayectoria como corresponsal en el extranjero. No todo el mundo ha podido cubrir un viaje de Bill Clinton, tomar el té con la Reina de Inglaterra en Buckingham Palace, conocer al Príncipe Carlos y Lady Di y entrevistar a Stephen Hawking.

 

¿Por qué decidió ser periodista?

  • Tuve el privilegio de crecer en una casa llena de libros, en una familia con inquietudes intelectuales y gran vocación de lectura. De los tebeos pasé rápidamente a los libros, y de ahí a los periódicos. El hecho de leer y escribir se convirtió pronto en una afición, en un pasatiempos que acabaría formando parte de mi personalidad. La vocación periodística fue temprana.

 

Empezó en Diario de Barcelona en 1980. ¿Recuerda con nostalgia esa época?

 

  • Eran otros tiempos. Ya no existen esas redacciones llenas de humo y con el ruido de los teletipos martilleando. No existían los ordenadores, ni Internet, ni los teléfonos móviles. Hacíamos periodismo a base de suela, de salir a patear las calles, con el bloc de notas y el bolígrafo. Y buscando una cabina telefónica para llamar  a la redacción cuando conseguías una primicia.

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Tuvo la suerte y el mérito de llegar pronto a medios importantes como Radio Nacional y Televisión Española.

 

  • Por aquél entonces era más fácil encontrar trabajo. Empecé a trabajar cuando estaba estudiando todavía la carrera. Tras un contrato en Radio Nacional, me presenté a unas oposiciones y gané plaza de plantilla en RTVE. Una vez acabada la carrera, me presenté a otras oposiciones para ganar la categoría de redactor. En aquella época, trabajar en Radio Nacional de España y en Televisión Española era estar en los medios más importantes de nuestro país. Todavía recuerdo cuando iba en la unidad móvil de RNE, que llevaba matrícula del Parque Móvil de Ministerios. Los policías se nos cuadraban y luego se quedaban de una pieza al ver bajar a un periodista tan joven como yo, micrófono en mano, acompañado por dos señores que eran el técnico y el conductor.

 

Fue corresponsal en Londres y pudo cubrir acontecimientos importantes, ¿Cuáles destacaría?

  • La verdad es que ser corresponsal en el extranjero es el gran lujo con el que sueña cualquier periodista. En mis años en Londres, he tenido la oportunidad de estar frente al número 10 de Downing Street, poniendo mi micrófono al primer ministro, que en aquella época era John Major. O de tomar el té con la Reina de Inglaterra en Buckingham Palace y conocer al Príncipe Carlos y Lady Di. O de asistir a conferencias de prensa en el Foreign Office durante la guerra de Bosnia. O de entrevistar a Stephen Hawking. O de hacer reportajes en Belfast, cruzando de barrios católicos a otros protestantes en pleno conflicto. Una experiencia inolvidable.

 

¿Qué personajes a nivel mundial le ha impactado más conocer?

  • Haber estado en la comitiva periodística que cubrió la visita de Bill Clinton, cuando era presidente de los Estados Unidos, al Reino Unido y la República de Irlanda, fue sin duda, una de las experiencias más especiales. No todos los días tienes la oportunidad de preguntarle algo al político más poderoso del mundo o de ver de cerca el despliegue de medios que supone uno de sus viajes oficiales.

 

Posteriormente pudo ocupar puestos de máxima responsabilidad en TVE, informativos etc.

  • Dirigir informativos en Televisión Española es uno de mis mayores orgullos. Siempre he sido un gran defensor de la radio y televisión públicas, bien gestionadas, frente a sus detractores. Hay grandes profesionales en estos medios y existen muchas posibilidades de hacer cosas gracias a sus grandes recursos. La pena es que, en los veinte años que estuve en RTVE, tras ver pasar a muchos directores generales y oír hablar mucho del modelo idóneo, nunca se ha conseguido establecer el marco adecuado. Hay que apostar por un modelo similar al de la BBC.

 

¿Le costó adaptarse de los medios públicos a los privados como Antena 3 u Onda Cero?

  • Lo primero que se aprecia, al pasar a la empresa privada, es la diferencia de medios con la que trabajas. Supongo que en la pública no éramos conscientes de la gran cantidad de recursos con los que contábamos. Era algo natural. En la privada, aprendes a gestionar, a rentabilidad esos recursos. Hoy en día, esas privadas cuentan ya con muchos medios. Pero por aquél entonces eran algo más modestas. En los tiempos en los que estuve en Antena 3 TV se produjo el gran salto tecnológico y de recursos. Y en los informativos, superamos, por primera vez en la historia, a los Telediarios de TVE.

 

Coincidió con Matías Prats, todo un clásico.

  • Matías Prats es un excelente profesional y un gran amigo. Coincidimos en Televisión Española y luego se vino con nosotros a Antena 3 TV. Fue, sin duda, el fichaje estrella y el más sonado de la televisión en España. Hoy en día, Matías sigue siendo un referente y el comunicador de mayor prestigio en nuestro país.

 

¿Fue fácil ir a medios más pequeños como Intereconomía?

  • Para mi ha sido muy interesante haber aprendido en los medios más grandes, y haber completado mi experiencia adaptándome a empresas con menos recursos. Eso obliga a desarrollar la imaginación. Y los tiempos nos han acompañado. Las nuevas tecnologías han facilitado mucho las cosas. Para hacer televisión, hoy en día, ya no hace falta tanta inversión como antes.

 

Sin embargo siguió en programas de mucha audiencia y muy populares como Dando Caña o el Gato al Agua…

 

Intereconomía Televisión fue todo un fenómeno sociológico. En un momento en que se había perdido la tertulia política, que ya no estaba en las parrillas de las televisiones desde que Jesús Hermida nos dejara ese recuerdo en los años 90 en Antena 3 TV, recuperar el género nos convirtió en un referente y en unos pioneros. Ahora, todas las cadenas han seguido ese modelo. La verdad es que guardo un grato recuerdo de esos dos programas.

 

Incluso mucha gente joven le conoce más por esa época.

  • Sí, eso es cierto. La verdad es que “Dando Caña” fue un programa muy personal, en el que yo, como camarero, animaba a mis contertulios, sirviéndoles una cerveza, una caña, a que analizaran la actualidad al más puro estilo español, apoyados en la barra de un bar. Ese programa animó a mucha gente joven a seguir una tertulia de actualidad, y luego pasé a llevar “El gato al agua” que, sin duda, pasará a la historia como un programa de referencia.

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Cuando dejó esa casa, ha emprendido otros proyectos ilusionantes como Distrito TV, pero objetivamente aún más pequeños.

 

El tamaño de las empresas ya no es determinante. La televisión, gracias a las nuevas tecnologías, se puede hacer con mayor facilidad. Lo importante ahora es la personalidad, la línea editorial, el modo de defenderla y la originalidad. Ese constante reto es el que nos mantiene vivos a los profesionales del periodismo y la televisión. Y nosotros, en Distrito TV, nos asomamos cada noche a la actualidad a través de nuestro programa “Los intocables”. Se trata de un espacio en el que no pretendemos ser Elliot Ness, pero en el que ponemos sobre la mesa lo que ocurre y lo analizamos, con libertad, y respetando todos los puntos de vista. Son los espectadores los que sacan sus propias conclusiones.

 

Para finalizar, ¿le preocupa la situación de España?

  • La verdad es que es preocupante. En España sufrimos una crisis de valores que ha trascendido a todos los estratos de nuestra sociedad. También a la política. Debemos hacer una profunda reflexión acerca de cuáles son los valores y principios que debemos respetar, las tradiciones y la historia que debemos conservar y el futuro por que que queremos apostar. El populismo y el relativismo parecen habernos inundado. Hemos de recuperar el orgullo, el sentido común y la sensatez.

 

Y el tema de Cataluña le sangra especialmente...

  • Parece mentira que, en el tema de Cataluña, hayamos llegado hasta este punto. Es intolerable que exista una fractura social, en la que hay catalanes enfrentados con catalanes. Eso lo han provocado unos políticos muy irresponsables. Unos, que se aprovechan de la situación y empujan a otros a defender en la calle lo indefendible. Y otros, también por interés, que lo han tolerado. De momento, lo necesario es hacer cumplir la ley en Cataluña. Y luego, sin duda, tardaremos décadas en curar las heridas que ha provocado esa fractura. Yo, como catalán que soy, defiendo nuestra españolidad y apuesto por la convivencia y la libertad. No me gusta el rodillo nacionalista que quiere imponer su modelo y margina a quienes no opinan igual.