Nueve años después del terrible terremoto que sufrió el país, Haití sigue inmerso en una pobreza absoluta y pocos son los países que envían ayuda humanitaria. Son algunas organizaciones no gubernamentales las que están intentado paliar el estado de emergencia permanente en el que se halla sumido el país caribeño.

 

Óscar de Alfonso, el Gran Maestro de la Gran Logia de España, viaja a Haití a aliviar las penurias de sus habitantes. Tal y como hizo Cristóbal Colón un 5 de diciembre de 1492, un gran español vuelve a la Isla a reconquistarla para la Gran Logia Masónica de España.

 

Pero en esta ocasión, la solidaridad con los más necesitados y su labor benefactora, pilares de la masonería, brilla por su ausencia. La fraternidad y filantropía que supuestamente caracteriza a esta sociedad, otrora discreta y secreta, se limita a Óscar de Alfonso y a su círculo de amiguetes.

 

En lugar de ayuda humanitaria para los paupérrimos y desnutridos niños y adultos haitianos, les llega un humano que ayuda, sí, a sus amigos, a los que invita a disfrutar por todo lo alto de las paradisíacas playas de Haití, a las que sólo tienen acceso unos pocos privilegiados y a practicar el submarinismo en sus aguas cristalinas, el deporte favorito de don Óscar.



La Gran Logia de España no se gasta ni un euro en ayudas a los más necesitados. Si es verdad que los masones de alguna logia, de vez en cuando se rascan sus bolsillos para reunir algún dinero para los más desfavorecidos, pero no es el caso de Óscar de Alfonso y de la Gran Logia de España. Por el contrario, altos cargos muy próximos a este personaje se inventan una plataforma a la que bautizan con el original nombre de "Connecting Masons", en la que anuncian, presentándose como altos ejecutivos en un gran espacio empresarial, que "asumen la beneficencia como un pilar fundamental de la Masonería", al mismo tiempo que promueven contactos económicos con el “filantrópico” interés de enriquecerse. Para esto ha quedado la masonería.