Los tiempos progresan que es una barbaridad y las huelgas de antaño, huelgas sindico laborales con aquellos sindicalistas bigotudos con su banderita roja, huelgas en las que se luchaba por unas condiciones laborales mejores, pero que han pasado a la historia.

Hoy en día, lo último en modernidad es una huelga política. Se trata de una  huelga organizada por un gobierno autonómico sin que en ella nadie reclame una mejora en las condiciones laborales, subida del salario o recorte de la jornada laboral, no, sino exclusivamente motivos políticos que en este caso coinciden con un capricho inviable, el de alcanzar por las malas y de forma unilateral la independencia de una Comunidad Autónoma de España sin el concurso y el visto bueno de toda la nación.

En la actualidad española más actual, la huelga política alcanza sus días de gloria en Cataluña con la quema indiscriminada de contenedores de basura, el destrozo de mobiliario urbano y la violencia extrema hacia los integrantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad a los que se les lanza cohetes, ácidos corrosivos, adoquines, bolas de acero con tirachinas de gran potencia, botellas incendiarias y demás artefactos de guerrilla urbana en lo que son acciones coordinadas en el tiempo, en medios, en secuenciación y en número de gamberros participantes, un rebaño de bóvidos que viven mantenidos en su espíritu bélico y antisocial por la clase política que los azuza y espolea cuando toca huelga política a la que estos títeres de guiñol se entregan con todas sus energías no gastadas durante meses y de camino hacen polvo la vida de sus vecinos: el camionero que lleva mercancías por la A-7, la señora que va a una cita hospitalaria, el padre que lleva a sus hijos a la escuela…

Son tres las extracciones sociales de estos profesionales del desorden y la estampida animalesca, rebaños de rumiantes que se transforman en gallinas asustadas cuando carga la policía: los holgazanes de toda la vida que ni tienen oficio ni beneficio, ocupas, porreros y demás chusma; los fanáticos a raíz de un sistema educativo fuera de control estatal durante 40 años y en manos de una clase política corrupta que siempre ha vivido de comisiones, 3%, 4%, 5%... cuyo ejemplo más destacado sería Puyol «el Intocable», una clase política que ideó la independencia no con motivaciones ideológicas o nacionalistas, en absoluto lo fue ni aún lo es, sino para no tener control alguno en sus desmanes con el mangoneo del dinero público, un atraco diario a catalanes y españoles sin supervisión de la Hacienda de Madrid que les ajusta las cuentas, y los hijos descarrilados de la alta burguesía catalana, malogrados niños de papá transformados en niñatos que pasan sus días entregados al aburrimiento de los pijos ya metidos en la media treintena y que se apuntan a cuantas algaradas dé a entender con antelación el gobierno autonómico sito en Barcelona.

           

La inacción del Gobierno de Madrid ante la toma por la fuerza de las principales arterias urbanas de las ciudades catalanas, aeropuerto del Prat y autovías se concreta en esa frase tan política ella como es «emplear una fuerza proporcional», es decir, dos policías heridos por cada detenido. Una desventaja de 2 a 1 parece ser más una argucia de la baja política de la capital, que se mueve en el filo de la navaja en vísperas de elecciones generales y que deja hacer a su antojo a unos 4500 cabestros de plaza de toro sin ajustarse al dicho ese tan bien traído como es «leña al mono». Claro que la política es el arte de decir algo y hacer lo contrario, cuando desórdenes de esta naturaleza salvaje e incivilizada  requieren justo lo contrario, primero hacer, después decir.

En estos últimos días no sólo ardieron contenedores en las ciudades de Cataluña, sino que también ardió el «procés». No cabe la menor duda de que el PSOE, con tantos años de experiencia en política fina, le está jugando una partida estratégica ganadora a Mases, Puigdemones y Torras, unos pardillos que no ven más allá de sus narices, gentecilla inadecuada a la pacífica, dialogada y razonada senda por la que sólo puede transitar la independencia de Cataluña como es el voto favorable de la mayoría de españoles.

                                                                                             

José R. Barrios