Sería por mi parte pretencioso hacer pasar por gran descubrimiento el hecho de que la prensa española anda encamada con los partidos. Eso sí cada cual con el suyo, no vayamos a pensar mal. Si habláramos de puertas giratorias, solo en el sentido del hecho y no del aprovechamiento, no habría más que mirar el caso de Francisco Marhuenda recorriendo la distancia que separa Génova 13 del despacho de director de La Razón -yo de Ciudadanos me iría atando los machos ahora que el soldado Sánchez deja de ser un problema-. Y a algún director ya le ha quedado claro que primero es el partido y después el medio por lo que operaciones políticas las mínimas.

 

Con el ojo puesto en lo que pueda acontecer el próximo 26-J todos andan revueltos ante el posible acuerdo para concurrir juntos de PODEMOS e Izquierda Unida. Dejo a un lado la consideración de abrazo del oso que tal pacto pudiera tener, para reflexionar sobre la desaforada campaña de los medios para facilitarlo o dificultarlo, más para lo segundo que para lo primero. La prensa, los medios, que también participan en las campañas y precampañas, la misma que lleva semanas vendiendo el mito de que ir a las elecciones sería un fracaso y que los españoles votarán a uno o a otro en función de su responsabilidad en la falta de acuerdo para formar gobierno, parece tener como objetivo llevar a Garzón al huerto.

 

Cada cual ha abierto un frente estratégico, pero lo que más me llama la atención son las encuestas de cada día. En ellas Izquierda Unida es como un chicle que se estira o encoge según sea el interés del medio para que la federación roja llegue o no a un pacto con la formación de Pablo Iglesias

Cada cual ha abierto un frente estratégico, pero lo que más me llama la atención son las encuestas de cada día. En ellas Izquierda Unida es como un chicle que se estira o encoge según sea el interés del medio para que la federación roja llegue o no a un pacto con la formación de Pablo Iglesias. Hacia un lado u otro todos quieren convencer a un Alberto Garzón que debe estar hecho un lío mientras recita, pensando en Iglesias, aquello de que "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio". Le susurran: lo has hecho muy bien, los electores te van a recompensar, y la encuesta le da 6 escaños -grupito o subvención parlamentaria fija-. Gaspar Llamazares no quiere ni oír hablar del tema, pero el clan cultureta de directores, actores, presentadores y cantantes, sí quiere, al igual que la secta -perdón, quise decir la Sexta-. No pocos tratan de conjurar el peligro recordando que en política 1+1 no siempre suman dos y que el chicle lo mismo que se estira se encoge y las pompas te pueden pringar la cara.

 

En el juego IU, Alberto Garzón, pone sobre la mesa sus votos que no sus escaños. Esos que pueden permitir a la coalición de PODEMOS auparse en algunas provincias a la primera o segunda posición, llevándose así el último escaño que siempre acaba en el PP o en el PSOE. PODEMOS echa al tapete la amenaza de devorar en la campaña, otra vez, a Garzón y abrir la crisis de la muerte en IU, a la vez que presenta su opción: su plan para una coalición más amplia -¡esa declaración de amor a Otegui!- con el objetivo final, el que todos temen, de fagocitar a todos en los próximos cuatro años, tras los que solo quedarán PODEMOS e Iglesias.

 

Ni el PP ni el PSOE, ni los medios de comunicación que les secundan, desean que la coalición fructifique, por eso las encuestas advierten de que tendrán los mismos diputados. Ni Mariano, ni Sánchez, ni Ferraz, ni Génova, ni PRYSA quieren un sorpasso que pondría la legislatura y hasta la formación del gobierno, según los resultados sean los resultados del 26-J, contra las cuerdas. Para evitarlo están trabajando. El problema es que decir no al chicle de sabores, morado y rojo, va a resultar una ruleta rusa para IU, y para evitar el fatídico juego con una sola bala en la recámara y seis tiros esperan que el envoltorio sea lo suficientemente atrayente para el comprador y el contenido lo necesariamente dúctil como para estirarse.